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Volumen 9 - Nº
54
Diciembre 1999 Enero 2000 |
Empezando por la tapa, voy a criticar el número 52 de Ciencia
Hoy. Al margen de la calidad estética de la foto que se eligió –lo cual es
materia opinable– la tapa no ilustra nada que tenga sentido o relación con
los artículos y, para colmo, muestra aves exóticas (Anser rosii y la fase
blanca de A. coerulescens). ¿No es la fauna local suficientemente atractiva
para los editores? ¿No son los investigadores locales capaces de producir
una fotografía que pueda salir en la tapa de Ciencia Hoy? La publicada fue
sacada por un fotógrafo foráneo que tuvo la lucrativa idea de venderla a varias
publicaciones en la misma época.
En el editorial del primer número de la revista, publicado en 1988, se anunció
que los artículos que publicaría Ciencia Hoy serían escritos por científicos
argentinos o latinoamericanos. El artículo de Paul Handford sobre la evolución
de los seres vivos por selección natural ("Descifrando el pasado", 44-60)
no es consecuente con esa premisa. El autor ni siquiera es un investigador
formado en el país que esté trabajando en el extranjero. No critico al artículo
ni al autor, sino a la decisión editorial con la que no estoy de acuerdo.
La foto cuestionada por el lector fue, efectivamente, obtenida de un servicio comercial. Guarda relación con el también objetado artículo escrito por Handford, un científico canadiense que tiene fuertes lazos con la comunidad académica local. El interés de la nota y la calidad del tratamiento del tema llevaron a los editores a publicarla, en el marco de una política que sigue vigente y que expresa la intención de difundir la ciencia que se produce en el país y la región. No debe interpretársela, sin embargo, como una prohibición chauvinista de acoger en las páginas de Ciencia Hoy a trabajos de otros orígenes. Estos son aceptados en la medida en que el comité editorial los juzgue de interés para la tarea de divulgación de la cultura científica que la revista se ha fijado como misión. No es lo mismo divulgar el conocimiento científico difundiendo ante todo la ciencia que se hace en la Argentina o en Latinoamérica, que divulgar exclusivamente ciencia argentina o latinoamericana (suponiendo que tal cosa exista, lo cual parece, por lo menos, dudoso). Ciencia Hoy se propone hacer lo primero, no lo segundo. No se otorgue un contenido dogmático o fundamentalista a una política editorial que tiene otro sentido.
El editorial del número 53 de
Ciencia Hoy a mi juicio plantea una inadecuada agenda sobre ciencia y tecnología
para el próximo gobierno.
Primero, cuestiona la existencia de la SECyT, sin esgrimir una fundamentación
seria de la propuesta de eliminación. Se opone al más elemental ejercicio de
programación que debe derivar de una política pública en ciencia y tecnología.
Por lo tanto, implícitamente se opta por atender solamente las áreas científicas
que han alcanzado un buen nivel de desarrollo. ¿Si no hay un espacio de programación
de campos de relevancia que hoy tienen un bajo desarrollo relativo, cómo se
modificará un presente de ausencias temáticas notorias, p.e. microelectrónica,
complejo forestal – maderera, etcétera? Cabe advertir que a lo largo de la historia
de la ciencia argentina el Estado no planificador nunca fue neutral sino ¿cómo
se puede interpretar que apoyó más el desarrollo tecnológico nuclear que el
desarrollo tecnológico industrial, pesquero, forestal y minero, en conjunto?
No se puede dudar de la utilidad de la programación cuando es práctica usual
en los países desarrollados (por ejemplo, la Unión Europea cuenta con un Programa
Marco en función de prioridades y problemas a resolver). Lo que sí debería ser
tema de agenda son las formas que debe adoptar la programación del siglo XXI;
su carácter descentralizado, participativo, flexible, modular como opuesto a
la planificación rígida de la época del Estado de Bienestar. Esta cuestión comenzó
a ser tratada por Ciencia Hoy en el Editorial del número 44, iniciativa que
evidentemente ahora se abandona.
El documento reciente La investigación
científica y tecnológica en Argentina. Diagnóstico e identificación de áreas
de vacancia, elaborado por más de 600 científicos y tecnólogos, forma parte
de un proceso de programación al que no se puede renunciar.
De todos modos seguramente esta es una materia opinable, pero lo que resulta
inaceptable es que el Editorial califique de trivial el Plan Nacional Plurianual
de Ciencia y Tecnología, adjudique a la SECyT el propósito de desmembrar el
sistema de financiación de la ciencia y la tecnología e interprete que el plan
responde a una necesidad ideológica de mostrar capacidad de planificación. En
realidad en esta sección el Editorial es tan poco serio y tan superficial que
le hace un flaco favor al prestigio acumulado por Ciencia Hoy. No obstante,
siempre hay espacio para la autocrítica y el reconocimiento de errores.
En segundo lugar, el interrogante sobre la coexistencia de la Agencia Nacional
de Promoción Científica y Tecnológica y el CONICET no es útil. La cuestión es
otra: ¿Cómo se perfeccionan los sistemas de financiamiento de proyectos en la
Agencia? ¿cómo el CONICET reelabora sus funciones al formar parte de un contexto
institucional más amplio en el que existe una Agencia exclusivamente dedicada
al financiamiento de proyectos de I&D? La respuesta a este interrogante
es que tal reelaboración resultará de un proceso institucional gradual y sistemático.
Los cambios que están ocurriendo día a día en el CONICET reflejan una institución
que no está desorientada ni maltrecha como afirma el Editorial sin fundamentos.
En lugar de proponer el camino que Ciencia Hoy comenzó a delinear en el Editorial
Nº40, erróneamente se provoca confrontar la Agencia con el CONICET.
Tercero, cuando se sugiere tomar medidas de fondo acerca del destino de los
institutos... del CONICET, me pregunto si el editorialista desconoce que el
número de unidades ejecutoras (UE) se ha reducido de 140 a menos de noventa
y que las Ues están siendo sometidas a evaluación internacional? ¿cuál es el
otro mecanismo apropiado que no sea un proceso serio de evaluación internacional?
¿Qué otro método se sugiere para apartar a los investigadores improductivos
que no sea la evaluación por pares, que es lo que está haciendo el CONICET?
Y en relación al futuro de la carrera del investigador científico y tecnológico,
el editorial no asume con valentía el interrogante clave. ¿Es conveniente y
posible transformar la carrera en un sistema de acreditación nacional sin relación
salarial, como en Brasil, México, Colombia y Venezuela? ¿Es más conveniente
el sistema abierto actual de ingreso a la carrera del investigador, que un sistema
semiabierto, también de concurso, mayormente orientado a cubrir puestos de investigación
previamente identificados por el organismo, como es el caso de la CSIC de España?
En síntesis, los issues no son de opciones dicotómicas entre instituciones que
están legitimadas por la propia comunidad científica, sino dentro de cada una
de ellas.
En cuarto lugar, es lamentable que el comité editorial de Ciencia Hoy sea prejuicioso
con el Programa de Incentivos a los Docentes Investigadores Universitarios.
Si bien suscribo la preocupación sobre los desequilibrios existentes en el sistema
de remuneraciones de los investigadores, de ninguna manera puedo compartir la
temeraria e infundada afirmación de que dicho programa es un mero mecanismo
encubierto de aumentar los salarios.
Creo en la mejora continua y seguramente dicho programa puede mejorarse (por
ejemplo las recategorizaciones hechas por las universidades presentan problemas),
pero ha sido un muy buen programa como se desprende de la evidencia empírica.
La auditoría que efectuó la Agencia, sobre 525 proyectos (muestra aleatoria)
que fueron examinados por más de un centenar de científicos ha dado un resultado
muy satisfactorio: más del 85% de los proyectos auditados han merecido una calificación
satisfactoria por parte de los auditores.
Por último, acompaño el deseo de que el próximo gobierno establezca políticas razonables y efectivas, aunque lamento que la agenda propuesta no incluya un párrafo que recupere las primeras líneas del Editorial cuando convoca a las nuevas autoridades a consolidar lo ya logrado. Interprétese este comentario como reflexión acerca de la necesidad de continuar con los cambios institucionales que han producido positivos avances, como la CONEAU, la Agencia, el FOMEC y el Programa de Incentivos.
Canadá nos brinda un buen ejemplo a seguir:
no destruyeron las buenas iniciativas sino que las mejoraron continuamente.
Espero que el próximo editorial u opinión de CIENCIA HOY también dedique un
párrafo sobre el mantenimiento de los directorios de la Agencia y el CONICET
hasta el vencimiento de los mandatos de cada uno de sus miembros, que no incluyen
por cierto los cargos de Presidente. ¿O esto no es parte de la Agenda?"
Los editores de Ciencia Hoy no desean
iniciar en este lugar una polémica con los firmantes de las dos comunicaciones
anteriores. Podrá advertir el lector (sobre todo si relee el editorial y
lo compara con estas misivas) que la visión de ambos funcionarios es bastante
distinta de la que refleja el texto que cuestionan. No es sorprendente,
pues, que los juicios que expresan el editorial y las cartas difieran con
relación a muchos asuntos, en particular a los que en el primero se consideraron
no resueltos. Pero los firmantes parecen haber encontrado en el editorial
afirmaciones que este no contiene; por ejemplo, no propuso eliminar la SECyT.
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