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Volumen 9 - Nº
54
Diciembre 1999 Enero 2000 |
Degradación y erosión de los suelos
Riesgos
para la agricultura en los trópicos
Cícero Bley Jr.
Asociación Nacional de Defensa Vegetal y Ecoltec S.A.
Artículo adaptado del originalmente publicado en Ciencia Hoje, vol. 25
N° 148.
A los efectos de una mayor producción de alimentos,
necesarios para la humanidad, es preciso ocupar nuevas fronteras agrícolas
y mantenerlas productivas.
Dentro de ese contexto, uno de los mayores desafíos consiste en ampliar
la producción hacia las regiones tropicales, donde aún hay tierras agriculturalmente
inexploradas, ya que a medida que nuevos frentes se abren, en general
con grandes impactos ambientales, la productividad se ve comprometida
por procesos de pérdida de fertilidad natural, seguidos de desertificación.
Uno de los factores que contribuyen a este fin por su potencial de destrucción,
y que no ha recibido una adecuada atención, es la acción del sol.
La ciencia del suelo clásica reduce la importancia de la radiación solar
y subestima sus efectos directos en el suelo, en especial en la reducción
de las reservas de materia orgánica esenciales para la actividad microbiana.
Para ampliar y mantener su producción
agrícola, países como el Brasil deben tener en cuenta el fenómeno de "la
erosión solar".
Las estadísticas sobre pérdidas físicas del suelo en todo el mundo revelan
que, cada año, billones de toneladas de tierra fértil son erosionadas
y transportadas a los ríos. Según el Programa de Calidad Ambiental de
la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), en el Brasil,
las pérdidas ya han alcanzado los 840 millones de toneladas anuales (t/año),
cifra que está aumentando con la abertura de nuevos frentes agropecuarios
en el Centro-Oeste del Amazonas.
En Río Grande do Sul, tales pérdidas pueden alcanzar las 20,1 toneladas
por hectárea (t/ha) en los cultivos de soja, según el mismo Programa.
El total residual es de 250 millones de t/año. El ex ministro y ex secretario
de Agricultura, Antonio Cabrera, estima que el estado de San Pablo pierde
10kg de suelo fértil por kilogramo de grano producido, es decir, 200 millones
de t/año.
A los efectos de reponer la fertilidad, se utilizan en todo el país hasta
1,27kg de fertilizantes químicos por hectárea a un costo superior a los
2 billones de dólares por año. Los estudios revelan que en el Paraná,
entre 1970 y 1986, el consumo de NPK –abonos industriales a base de nitrógeno
(N), fósforo (P) y potasio (K)- pasó de 100 mil a 600 mil t/año. Embrapa
estima, por lo tanto, que cerca de la mitad del fertilizante utilizado
en la totalidad de los cultivos no cumple con el objetivo de ser asimilado
por las plantas.
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