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Volumen 9 - Nº
54
Diciembre 1999 Enero 2000 |

A principios del siglo XX, la Argentina confiaba en poder alcanzar en poco
tiempo el nivel educativo de Europa o de los Estados Unidos y se encaminaba,
en efecto, a hacerlo. A fines del mismo siglo, mientras algunos creen ingenuamente
haber llegado muy cerca de tales niveles, el país no solo se encuentra más lejos
de ellos que entonces: todo indica que se está encaminando en una dirección
Muy posiblemente, la crisis educativa en la que nos encontramos inmersos se
explique por el hecho de que la cuestión no constituye un motivo real de interés
para la sociedad argentina. Si bien en el discurso afirmamos a diario que la
educación es nuestra principal preocupación, en los hechos concretos existen
abrumadoras evidencias que indican que no monopoliza nuestros desvelos.
Se han realizado numerosas encuestas en las que se pregunta a los padres argentinos
cuál es el estado de la educación en el país: el 75% de ellos responde que está
mal o muy mal, es decir, demuestran advertir que existe una profunda crisis
en la educación argentina. Sin embargo, cuando se explora la satisfacción de
esos mismos padres y madres con la educación de sus hijos, el 85% se manifiesta
satisfecho. Vale decir: la gente percibe que el problema de la educación solo
afecta a los demás; son los otros quienes padecen la crisis, porque los que
responden, individualmente, se han salvado de ella. Mientras esta percepción
no varíe, es posible anticipar que el estado de la educación continuará empeorando
en el país, ante la carencia de la motivación personal y social requerida para
modificar una situación con la que, en esencia, todos están conformes.
Cuando se pregunta a los padres acerca de las razones de su satisfacción con
la educación de sus hijos, más de un 70% señala que considera que reciben una
buena formación académica, tanto en lengua como en matemática. Advierten como
valiosos los logros de sus hijos; sin embargo, todas las evaluaciones nacionales
que se han realizado desde 1993 hasta ahora en la Argentina han demostrado que,
tanto al concluir la escuela primaria como el ciclo medio, los niños y los jóvenes
tienen serias dificultades para comprender la lengua y para expresarse, así
como para manejar simples conceptos matemáticos. Esos resultados, confirmados
por diversas investigaciones menos ambiciosas, desmienten la satisfacción que
los padres muestran con los logros de sus hijos y lo hacen, precisamente, en
los mismos campos en los que ellos se muestran conformes.
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