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Volumen 9 - Nº
53 - Julio/Agosto 1999
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Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy |
En 1938, a los 24 años, el brasileño
Luiz de Castro Faria se inició en la etnografía como integrante
de una de las investigaciones más famosas de la historia de la antropología
de este siglo: la expedición a la Sierra del Norte (Mato Grosso, Brasil),
dirigida por el antropólogo franco-belga Claude Lévi-Strauss.
Castro Faria registró en su diario personal y en placas fotográficas
los avatares del itinerario científico que duró seis largos
meses.

| "Todo el mundo sabe que
en la antropología hay un ritual de iniciación; el propio
Lévi-Strauss estaba pasando ese ritual. No es posible ser etnólogo
en Francia sin haber realizado un trabajo de campo. Ese es realmente el
bautismo y ese fue mi bautismo. Fue el verdadero ritual de iniciación." L. de Castro Faria. |
![]() Campamento provisorio nambiquara durante una escursión de caza. |
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Con una cámara fotográfica y unos cuadernos en el equipaje, Luiz de Castro Faria partió en 1938 hacia su primera experiencia de campo como antropólogo. Había sido designado representante del Museo Nacional de Río de Janeiro en lo que después sería uno de los viajes más famosos de la historia de la antropología del siglo XX: la expedición a la Sierra del Norte (Mato Grosso) dirigida por Claude Lévi-Strauss. Por más de 60 años Castro Faria guardó los registros etnográficos de esa expedición: cuatro diarios de campo y 800 fotografías. Hoy sus testimonios nos permiten mirar con otros ojos la expedición de Lévi-Strauss, quien logró que el viaje alcanzara difusión mundial mediante su libro Tristes Trópicos, un clásico de la antropología. |
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Las fotografías de Castro Faria transmiten las características de la etnografía de esa época y, a la vez, hacen posible recuperar las condiciones de realización de una expedición tan peculiar. Según él mismo cuenta, sus fotografías debían capturar la vida de los grupos indígenas en tanto profundos conocedores de la naturaleza. Al registrar como etnógrafo las actividades cotidianas de los indios, sus utensilios, hábitos de caza, ornamentación, viviendas y el medio con el cual se relacionaban, cumplía con los paradigmas científicos de la época.
Algunos años después, en 1946, llamó la atención sobre cómo los indios de la Sierra del Norte utilizaban algunos elementos de la flora. "En el cerrado (monte)", decía, "árboles como la mangabeira representaban una reserva alimenticia de apreciable volumen, tanto en la economía de los pareci como de los nambiquaras: los frutos eran alimento y el látex servía para la preparación de las pelotas utilizadas en su deporte favorito: el head-ball (una diversión donde sólo se juega con la cabeza)". De manera similar, los frutos del piquizeiro eran una fuente de alimentación aprovechada, no siempre con espíritu previsor, en los momentos de escasez.
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