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9 - Nº 53 - Julio/Agosto 1999 |
Revista de Divulgación
Científica y Tecnológica de la |
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El cálculo de probabilidades se desarrolló mucho tiempo después de que se inventaran los juegos de chance, aunque en sus orígenes este no fue totalmente ajeno al afán de los jugadores por vencer al azar. En efecto, las investigaciones incipientes de los matemáticos Pascal y Fermat en el campo de las probabilidades se habrían inspirado en las inquietudes del Caballero de Meré -hábil jugador- en torno a ciertos problemas relacionados con el juego de dados (ver Santaló, Luis A., La matemática: una filosofía y una técnica, Cap. 6, "Origen y evolución de la teoría de las probabilidades").
Por otra parte, la curiosa creencia de que "el cálculo debe poder vencer al azar" es quizás tan antigua como los juegos y, sospechamos, tiene profundas raíces metafísicas. Lo cierto es que circulan, a nivel popular, extrañas historias de singulares personajes conocedores de "sistemas" para vencer al azar y a quienes se les atribuyen diversas hazañas, tales como haber logrado quebrar la banca de no menos famosos centros internacionales de juego.
En este artículo demostraremos que, efectivamente, el cálculo matemático vence al azar, no en la forma soñada por los románticos del juego sino en la más contundente que cabe imaginar: ayudando a descubrir su estructura lógica. Para ello, planteamos idealmente la realización de un juego de azar muy simple al cual, sin embargo, pueden reducirse la mayoría de los juegos conocidos.
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