Quiero felicitar a CIENCIA HOY por la encuesta que realizó y publicó en el número 48 en
materia de las opiniones de la gente acerca de la ciencia y la tecnología. Es un primer y
muy importante paso para intentar que dichas actividades se consideren parte de nuestra
cultura: que un científico sea reconocido, por lo menos, como lo son escritores,
músicos, bailarines y otros artistas, y que no se los trate como personas raras y
difíciles sino igual que al resto de la población. Nuestros gobiernos y empresas no
consultan a los investigadores, salvo para algo extraordinario o de urgencia nacional. De
la actividad política y administrativa cotidiana del país, los científicos están
esencialmente ausentes. El famoso exabrupto que se vayan a lavar los platos, proferido por
un intelectual que ocupaba el ministerio de Economía, no sólo fue una falta de
consideración para con las personas sino, también, un indicador de ignorancia acerca del
cometido de la ciencia y la tecnología en la vida del país y de la función social de
los investigadores. También expresó la división existente en las mentes entre ciencias
naturales y sociales, ya que muchos representantes de las segundas (economistas,
sociólogos, juristas) son consultados por el gobierno.
En
cuanto a los resultados de la encuesta, me llamó la atención cómo la gente define a un
científico, pues manifiesta cierta valoración o respeto por la actividad, aunque es
notable la diferencia entre las opiniones de los jóvenes y las de quienes tienen más de
cuarenta, algo que también se palpa cotidianamente en las aulas.
De
todas formas, para los encuestados la ciencia y la tecnología tienen poca relación con
el desarrollo social y sus necesidades y sólo constituyen un juego elitista, el lujo de
unos pocos. Afortunadamente la educación es importante para la mayoría. Los
científicos, definidos por sus cualidades, se caracterizan por su esfuerzo, su
dedicación, etc.: son imaginados como estereotipos, a la manera de los héroes de las
películas argentinas de los años 40 y 50.
Acerca
de los efectos de la ciencia en la sociedad, los jóvenes son escépticos y desconfiados:
creen que deshumaniza y que tiene múltiples efectos nocivos, opinión a la que conviene
prestar especial atención, para no aumentar la brecha actual entre científicos y
sociedad. Sin embargo, el 96% de la gente está de acuerdo con la afirmación de que los
efectos de la ciencia sobre la sociedad dependen de la aplicación que se dé a aquella.
Ello revelaría comprensión de la necesidad de que el público participe de ciertas
decisiones. Me pregunto si la manera de formular la pregunta no llevó a esa respuesta.
Salud y comunicaciones son las dos áreas más mencionadas como aquellas en las que la
investigación ejerce mayor influencia. ¿Tiene esa respuesta relación con la actividad
científica efectivamente realizada en la Argentina? ¿Habrá pesado la importante
tradición local en el área biomédica? Pienso que la asociación con la salud responde a
lo que cotidianamente se ve en los diarios y la televisión, que refleja avances
internacionales, así como a las preocupaciones e intereses de cada uno en cuanto a su
salud. Sobre comunicaciones puede valer en parte lo anterior, pero creo que la respuesta
refleja también los cambios que tuvieron lugar en el panorama argentino en los últimos
años. Las opiniones sobre la ciencia en la sociedad argentina conforman la parte más
rica y original de la encuesta. Convendría estudiar con profundidad las respuestas. La
gente piensa que la ciencia y la tecnología son muy importantes, pero que la calidad de
lo que se hace en el país en la materia es regular o mala; que no son actividades
prioritarias y que se produce poco conocimiento científico. El 62% sostiene que la
ciencia es poco importante para la sociedad. Creo que en estas respuestas se está
reflejando una realidad (aunque nos duela): lo que se produce en nuestros laboratorios no
es conocido por el público -pues casi nadie lo hace conocer adecuadamente- y las
instituciones sólo rara vez aprovechan los resultados que allí se obtienen. El
conocimiento de buena calidad se difunde principalmente en el extranjero, la mayor parte
de las veces bajo la forma de un artículo en una revista de circulación internacional,
pero aquí no agrega valor a la producción de bienes y servicios. No sorprende, pues, el
desconocimiento de las instituciones que promueven y financian la ciencia, ni que la
Fundación Favaloro sea casi tan conocida como el CONICET; o que la Fundación Campomar,
sinónimo de investigación para la ciencia argentina, sea mencionada sólo por el 8% de
los interrogados. Ello es coherente con la ignorancia de los nombres de científicos
activos, pues quien recibe el mayor número de menciones es el cardiocirujano Favaloro
(19% de los interrogados) y sólo el 10% es capaz de nombrar al premio Nobel Cesar
Milstein, quien, de todos modos, fue el segundo en el orden de las menciones. En una
pequeña encuesta realizada por el suscripto a estudiantes de ciencias sociales de la UN
Quilmes, el 12% mencionó a Milstein. De paso agregaré que el 83% desconocía la
biotecnología, y que se puso de manifiesto un alto respeto por los científicos y las
universidades. Las revistas eran la principal fuente de información de esos estudiantes
sobre temas de ciencia y la tecnología. ¿De quién es la responsabilidad de la
ignorancia del público en esta materia? Sin duda hay varios responsables. Pero las
instituciones de ciencia y tecnología y los investigadores deben acercarse a la sociedad
y lograr que esta cambie su apreciación. Debemos lograr que ese 97% que piensa que en el
país hay científicos capaces tome la actitud de promover que se utilice el conocimiento
que ellos generan. En esta encuesta veo por primera vez mencionado el hecho de que la
falta de importancia dada por los políticos a la ciencia constituye uno de los
obstáculos para su desarrollo. En nuestra adolescente democracia, los políticos (y en
algunos casos, sus familiares y amigos) ocupan los puestos de gobierno, dictan las leyes,
nombran funcionarios, establecen reglamentaciones, obtienen créditos y financiamiento
externo, etc Constituyen para toda la comunidad científica, pues, el objetivo (por no
decir el target) de un trabajo esforzado de educación. Además, son quienes más aparecen
en los medios masivos de comunicación y podrían, por añadidura, educar sobre estos
temas. Dadas las diferencias de las respuestas según la edad del interrogado, las
instituciones de ciencia y tecnología deben preocuparse especialmente por los jóvenes,
como lo hacen los fabricantes y vendedores de productos de consumo.
Alberto
Díaz
Universidad
Nacional de
Quilmes