Volumen 19 - Nº 114
Diciembre 2009
Enero 2010

 

Varios siglos han pasado desde que los primeros exploradores y naturalistas europeos realizaron las descripciones iniciales de las especies y hábitats de la costa este de Sudamérica. Sin embargo, la existencia misma de marismas en la Patagonia austral permaneció virtualmente ignorada hasta hace muy poco. Durante los últimos años, mediante la realización de relevamientos por aire y tierra, así como por el análisis de fotografías históricas y de imágenes satelitales, se logró hallar, describir y clasificar esos ambientes, y comenzar a integrarlos al conocimiento ecológico. Estos estudios colocan a Sudamérica entre las regiones más ricas del mundo en cuanto a la variedad de sus marismas.

 

¿Qué son las marismas y quiénes las habitan?

El término marisma proviene del latín maritima ora, que significa las orillas del mar; se refiere a terrenos bajos y pantanosos inundables por el mar. El ecólogo australiano Paul Adam, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, describió las marismas como áreas vegetadas por hierbas, pastos y pequeños arbustos que bordean cuerpos de agua salada y son afectadas por inundaciones periódicas como resultado de las fluctuaciones en el nivel del cuerpo de agua adyacente. Las marismas se encuentran en climas que varían desde los tropicales hasta los áridos, tanto en estuarios como en costas sin ríos, y su paisaje puede estar dominado por pastos altos lo mismo que por arbustos achaparrados. Sus suelos o sustratos pueden ser arcillosos, arenosos y hasta rocosos.

Las marismas aparecen en todas las costas marinas del mundo y son ecosistemas con características propias: no se reducen a actuar como simples zonas de transición entre ecosistemas marinos y terrestres, que van perdiendo las características de unos y adquiriendo las de los otros. Si fuera así, se las llamaría ecotonos entre la tierra y el mar, concepto que no se les aplica.

Paradójicamente, aunque el mar las cubre durante varias horas al día, las marismas se caracterizan por una abundante presencia de plantas de origen terrestre, y no por algas ni fauna marina. Esto es importante porque ni las playas arenosas, ni las costas rocosas, ni las restingas (planicies de roca arcillosa generadas por la erosión de las olas sobre acantilados costeros), ni las playas de gravas, ni las planicies barrosas en la orilla del mar, están vegetadas por pastos altos o arbustos. Vivir bajo el mar gran parte del día no es fácil para una planta terrestre, porque disminuye su eficiencia para respirar y realizar el proceso de fotosíntesis. Entre las pocas especies que pueden tolerar esas condiciones ambientales extremas se destacan los espartillos (género Spartina) y los arbustos llamados jumes o picles de mar (género Sarcocornia).

 

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Pág. 10-15