Volumen 19 - Nº 113
Octubre-Noviembre 2009

 

Las observaciones hechas por Darwin en la región pampeana y en la Patagonia tuvieron un importante cometido en el itinerario intelectual que lo condujo a la teoría de la evolución. Realizó parte de esas observaciones en el estuario de Bahía Blanca, donde estuvo dos veces: desde el 7 de septiembre al 20 de octubre de 1832, y desde el 17 de agosto al 8 de septiembre de 1833. La primera vez llegó y partió a bordo del Beagle; la segunda, se detuvo allí cuando cumplía una travesía a caballo desde Patagones, en la desembocadura del río Negro, a Buenos Aires y Santa Fe.

 

Pocos cultores de la paleontología de vertebrados son conscientes del aporte que hizo Charles Darwin a esa disciplina con sus hallazgos de mamíferos fósiles en Sudamérica. Recíprocamente, poco se ha reconocido la influencia que tuvieron esos hallazgos sobre el concepto darwiniano de la evolución. Cuando Darwin los realizó era un joven de veintitrés años, cuya formación académica como naturalista se había centrado sobre todo en geología, botánica y entomología, aunque, con toda probabilidad, también tenía conocimientos de anatomía, adquiridos como estudiante de medicina en Edimburgo, antes de pasar al Christ College de la Universidad de Cambridge.

En 1796, en la primera de sus muchas publicaciones sobre animales fósiles, Georges Cuvier (1769-1632), del Museo Nacional de Historia Natural de París, considerado el fundador de la paleontología de vertebrados, describió unos restos provenientes de Luján y reconoció correctamente su relación con los perezosos actuales. Pertenecían a un animal luego denominado megaterio (Megatherium americanum). En su obra sobre esqueletos fósiles de cuadrúpedos (Recherches sur les ossemens fossiles de quadrupèdes, París, 1812) reprodujo una carta del presbítero y naturalista oriental Dámaso Antonio Larrañaga (1771-1848), en la que este describía desde Montevideo restos de la coraza de un animal fósil, seguramente un gliptodonte, antecesor de los actuales armadillos del género Dasypus (conocidos en la Argentina como tatús, peludos o mulitas). El autor de la carta atribuyó erróneamente los restos a un megaterio, por lo que Cuvier aceptó que este podía tener una coraza.

Cuvier también estudió restos de proboscídeos extintos, vinculados con los actuales elefantes de África y Asia, hallados por Alexander von Humboldt (1769-1859) y otros exploradores en varias localidades de Chile, Perú, Ecuador y Colombia. Reconoció tres especies, que llamó Mastodon angustidens, Mastodon andium y Mastodon humboldti.

Así, los únicos fósiles de mamíferos americanos reconocidos antes del viaje de Darwin eran megaterios y mastodontes, aunque, como se vio, también se habían encontrado restos de gliptodonte. Antes de Cuvier los huesos de todos esos grandes mamíferos eran por lo común considerados relictos de una raza de gigantes humanos, destruida por decisión divina.

 

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Pág. 68-73