Volumen 19 - Nº 113
Octubre-Noviembre 2009

Tal es el peso de la teoría de la evolución y de sus consecuencias sobre el origen de nuestra especie, que la labor de Charles Darwin en otros aspectos de las ciencias naturales ha tenido poca difusión. Bien conocidas son, sin embargo, sus observaciones sobre los pinzones de las islas Galápagos, así como (en orden de popularidad decreciente) sus hallazgos de fósiles en la Patagonia, su teoría sobre el origen y la formación de los arrecifes de coral y su ciclópeo trabajo de taxonomía de cirripedios. Pero, ¿y las plantas?

Las influencias de los botánicos en la vida de Darwin y su investigación de la biología de las plantas han sido tan importantes que no dejan de asombrar a quienes se interiorizan de su biografía. Por lo menos tres botánicos influyeron en él y sus ideas: el reverendo John Stevens Henslow (1796-1861), profesor de botánica en Cambridge y mentor de Darwin durante su época universitaria; Joseph Dalton Hooker (1817-1911), el mejor amigo de Darwin y director de los Jardines Botánicos Reales de Kew, y Asa Gray (1810-1888), profesor de botánica en Harvard.

Gracias a Henslow, Darwin tuvo relaciones académicas que le brindaron experiencia en prospección geológica y le permitieron comprender las nuevas ideas sobre la antigüedad de la Tierra. Henslow, además, lo propuso como naturalista de la expedición del Beagle. Hooker fue la primera persona en leer el manuscrito preliminar de El origen de las especies, y quien lo aconsejó al enterarse de que Alfred Wallace (1823-1913) trabajaba sobre los mismos conceptos que él en cuanto a la evolución biológica. Junto con Thomas Henry Huxley (1825-1895), a quien decían el bulldog de Darwin, y Charles Lyell (1797-1875), Hooker fue defensor acérrimo de las ideas darwinianas. Con Asa Gray, Darwin mantuvo un fluido intercambio sobre temas de investigación botánica, especialmente sobre plantas trepadoras.

Dos grandes aspectos de las plantas intrigaron a Darwin: sus movimientos, y los mecanismos y las ventajas de la polinización cruzada. Debido al primero, dedicó buena parte de su investigación botánica a las plantas trepadoras y a las insectívoras. Sobre las trepadoras, explicó por qué los zarcillos (las estructuras que sirven a las plantas para asirse y trepar) poseen igual cantidad de vueltas o espiras a la derecha que a la izquierda, separadas por una o más porciones rectas, y demostró que los tallos volubles (los que se enrollan naturalmente en los objetos que encuentren en su camino) no son sensibles, como lo son los zarcillos.

 

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Pág. 84-87