Volumen 19 - Nº 113
Octubre-Noviembre 2009

Más allá del DARWINISMO




John Dupré
Departamento de Filosofía y Sociología, Universidad de Exeter 

Mientras reconocen admirados el genio de Darwin, los biólogos actuales se preguntan qué aspectos de su manera de concebir la evolución de la vida en la Tierra modifican los descubrimientos realizados en el siglo y medio transcurrido desde que formuló su teoría.

 

Es innegable la grandeza de Darwin como científico. Resulta imposible leer sus extensos escritos científicos sin quedar cautivado por su poder de comprensión, su amplitud de conocimientos y su admirable habilidad para pasar de la observación detallada a la teoría. Más aún, el hecho de que haya sido Darwin quien convenció al mundo de la realidad de la evolución, y de la existencia de ancestros comunes a humanos y otras formas de vida, le otorga un lugar indiscutible en el mundo de las ideas. Sin embargo, creo que es momento de que desvinculemos nuestras discusiones sobre evolución de una relación insalubremente estrecha con el nombre de Darwin. A fin de cuentas, escribió su famosa obra hace ciento cincuenta años, y las ciencias que avanzan a paso rápido no descansan por lo común sobre trabajos de un siglo y medio de antigüedad. Darwin no sabía nada de genética o de genómica, y acontecieron importantes avances en microbiología que afectan de manera fundamental nuestro entendimiento de la evolución.

Por momentos se pierde de vista que, si bien Darwin convenció con rapidez al mundo intelectual sobre la verdad de la evolución, no se aceptó la noción que llamó selección natural hasta mediados del siglo XX, cuando se realizó la síntesis de la selección natural darwiniana y la genética de Gregor Mendel (1822-1864). La visión que surgió en ese momento con el nombre de nueva síntesis evolucionó hasta dar lugar a lo que hoy se conoce como neodarwinismo.

Está muy difundida la noción de que Darwin comprendió casi todo bien, hasta el punto en que podía haberlo hecho alguien sin dominio adecuado de la genética, y que la nueva síntesis llenó el espacio faltante final. Es esta visión, respaldada por la imponente autoridad de Darwin, la que, en mi opinión, se está convirtiendo en un obstáculo para el avance del entendimiento de la evolución y su capacidad de incorporar los grandes progresos en la biología de las últimas décadas.

Quizá el corazón del neodarwinismo sea la idea de que la principal causa de la adaptación de los organismos es la selección natural. También es fundamental la idea mendeliana de la herencia particulada, fundada en el concepto de que los genes solo se transmiten íntegramente a la descendencia. Y la herencia, finalmente, por lo menos hasta donde es relevante para la evolución, se concibe como mediada exclusivamente por el ADN nuclear. Sin embargo, los últimos hallazgos de la biología están cambiando de raíz nuestra visión de la evolución y desafiando todas esas ortodoxias neodarwinianas. El neodarwinismo, si no está por completo obsoleto, se ve por lo menos severamente limitado en su capacidad de explicar el espectro completo de los procesos evolutivos. He aquí una breve referencia a algunas áreas en que las ideas del neodarwinismo estándar están siendo desafiadas:

 

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