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Volumen 19 - Nº 112 Agosto-Septiembre 2009 |
Celso Dal Ré Carneiro y
Aproximadamente un cuarto de los países del mundo enfrenta hoy problemas de abastecimiento de agua, lo que provoca innumerables conflictos. Aun en el Brasil, que posee una de las mayores reservas de agua dulce del planeta, la escasez de este recurso esencial se hace sentir en varios lugares, entre los que se destaca la zona de seca del Nordeste. San Pablo, la mayor ciudad brasileña, convive con el racionamiento o la simple falta de agua; y ya se está pensando en transportarla del acuífero Guaraní para abastecer la metrópoli.
Los períodos de sequía son fértiles en ‘soluciones milagrosas’, lo que parece hacer menos dura la escasez de agua que atraviesan varias regiones del Brasil. El país posee una de las mayores redes hidrográficas del planeta, y solo la Amazonia presenta un quinto del agua dulce disponible en el mundo, además de un tercio de los bosques tropicales, una biodiversidad valiosísima y riquezas incalculables en el subsuelo. Ampliar el conocimiento de esos recursos hídricos y temas relacionados –y, sobre todo, promover la educación ambiental– son medidas importantes para el uso racional y la protección del agua, que tal vez sea la riqueza natural más importante para el ser humano.
Además de la cuestión histórica de la sequía del Nordeste, la falta de agua ya llega a otras áreas del Brasil. Una solución a este problema se encuentra en el uso del agua subterránea, que se acumula en rocas permeables o semipermeables, formando acuíferos, donde se almacena y transporta esa sustancia. En el mundo, esos ‘reservorios’ naturales de agua dulce solo son superados por el gigantesco volumen presente en los casquetes polares, glaciares y nieve en lo alto de las montañas. Es común entre la población brasileña la noción de ‘abundancia de agua subterránea’, así como también la idea errónea de que esa agua circula libremente como si fueran ‘ríos’ bajo tierra. Aun tomando en cuenta el gran volumen almacenado en los acuíferos, es polémico afirmar que nunca se va a acabar el agua de buena calidad. La calidad de ese recurso, tanto subterráneo como superficial, es un factor relevante, porque el agua contaminada por sustancias químicas o microorganismos puede provocar enfermedades o transmitir otras (cólera, esquistosomiasis, etcétera) y producir perjuicios en los ambientes naturales por donde circula.
Un país que tenga un abastecimiento seguro de agua debe cuidar sus reservas con tanta atención como aquellos que sufren conflictos debido a la falta de ese recurso. Siempre se debe combatir el desperdicio de agua, además de proteger los acuíferos y preservar su calidad. Esta preocupación llevó al Consejo Nacional de Medio Ambiente del Brasil (CONAMA) a expedir en abril de 2008 la Resolución 396, que trata sobre la clasificación de las aguas subterráneas y de su utilización segura. La clasificación se basa en las características hidrogeoquímicas y los niveles de contaminación, con el fin de prevenir y controlar la contaminación, para proteger la calidad de los acuíferos. Se establecieron cinco categorías para esas reservas, además de una ‘clase especial’, reservada para los acuíferos esenciales para la preservación de ecosistemas en unidades de conservación de protección integral o que alimenten cuerpos de agua superficiales también clasificados como especiales. Para mantener la calidad del agua en cada categoría, la Resolución determina la creación, por parte de los órganos ambientales, de ‘áreas de protección de acuíferos’, ‘perímetros de protección de pozos de abastecimiento’ y ‘áreas de restricción y control del uso del agua subterránea’.
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