![]() |
Volumen 19 - Nº 112 Agosto-Septiembre 2009 |
Alejandro Gangui
Un astrónomo aficionado
de Australia advirtió hace poco una mancha oscura en la cercanía de uno de los
polos de Júpiter. El planeta es célebre por sus tormentas atmosféricas, pero
el observador no había avistado ningún indicio de los remolinos de una de ellas.
Pensó que la mancha podría ser la sombra de una de las tantas lunas jovianas,
pero su ubicación, lejos del ecuador del planeta, hacía esa hipótesis poco probable.
Concluyó que debía tratarse de la colisión de un objeto cósmico, y avisó a la
comunidad de astrónomos apenas pudo. El hecho fue confirmado por otros observadores,
incluso mediante el uso de uno de los grandes telescopios de Hawaii.
Esta es la segunda vez que se advierte una colisión de ese tipo. Quince años atrás el cometa Shoemaker-Levy 9 se acercó demasiado a Júpiter y cayó presa de la potente atracción gravitatoria del gigante. Como sucede con las mareas en la Tierra, producidas por las grandes masas de agua que se deforman debido principalmente a la atracción de la Luna, de idéntica manera el núcleo del cometa sintió fuerzas que tendían a deformarlo. Por no estar compuesto de agua, sino de roca y hielo, y no haber sufrido la gravitación de una modesta luna, sino de nada menos que Júpiter, el cometa terminó fracturándose. Sus fragmentos fueron cayendo uno tras otro sobre la alta atmósfera joviana, para deleite de astrónomos de todo el mundo que seguían el espectáculo con sus telescopios.
¿Podrá pasar algo así en la Tierra? El universo se halla en constante movimiento. La Tierra y su luna viajan alrededor del Sol, como lo hacen el resto de los planetas, los asteroides y los cometas. El Sol se desplaza muy velozmente alrededor del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Lo hace a más de trescientos kilómetros por segundo, pero le lleva más de doscientos millones de años completar un ciclo: la última vez que el Sol pasó por el lugar de la galaxia donde está ahora, no había humanos contemplando el cielo sino dinosaurios, que ya no existen más
Una de las hipótesis consideradas como más probables para explicar su extinción es el choque de un gran asteroide con la Tierra hace unos 65 millones de años. Ese evento catastrófico habría producido la desaparición de más de tres cuartas partes de la vida en nuestro planeta. Pero permitió que algunos pequeños mamíferos sobreviviesen y tomaran el nicho dejado vacante por los grandes lagartos. Millones de años adicionales de evolución resultaron en el surgimiento de la especie humana.
![]() |
| Pág.
7 |