Volumen 19 - Nº 111
Junio-Julio 2009


CIENCIA HOY: revista de divulgación

En la constelación de publicaciones periódicas de contenido científico o tecnológico, las revistas de categoría semejante a Ciencia Hoy ocupan una posición particular, diferente del grueso de los títulos de interés académico que aparecen en el mundo. Esa diferencia, sin embargo, no viene dada por factores cualitativos, porque persiste aunque la calidad de su material sea de las más altas, como sucede en los conocidos casos de la estadounidense Scientific American, la británica New Scientist o la francesa La recherche. Tampoco se refiere, por supuesto, a su diseño gráfico, que suele estar entre los mejores. Se trata del hecho de que, por decisión editorial, no son revistas académicas o científicas sino de divulgación. Pertenecen, pues, a una clase especial de publicaciones periódicas de interés científico o tecnológico, y ello las distingue del resto de sus congéneres en más de un sentido, lo que condiciona la tarea de autores y editores, como se procurará explicar en lo que sigue.

Las revistas académicas, científicas o tecnológicas son órganos de aparición regular que tienen por propósito dar a conocer la producción intelectual de los especialistas en diferentes disciplinas primordialmente a sus colegas de la respectiva disciplina. Constituyen el ámbito específico de presentación y difusión de nuevo conocimiento, de discusión y eventual validación de este y, complementariamente, de evaluación del rendimiento de los investigadores. Estos propósitos centrales permanecen invariables a lo ancho del espectro de las publicaciones, de modo independiente de la latitud temática de cada revista, que puede ser muy estrecha (como, para dar un ejemplo al azar, el Journal of Atmospheric Chemistry and Physics) o ilimitadamente amplia (como las célebres Science, norteamericana, y Nature, británica).

La gran mayoría de las revistas académicas de importancia se publican en inglés (incluso no pocas aparecidas en países de otro idioma), y en esa lengua mandan los autores sus contribuciones. La principal excepción suelen ser órganos orientados a estudios humanísticos o sociales en los que la lengua es parte de la materia estudiada o está muy estrechamente vinculada con ella, como los relacionados con la filología o la literatura.

Tres características esenciales distinguen muy nítidamente a las revistas científicas del resto. La primera es que apuntan esencialmente a publicar novedades: buscan dar a conocer dentro del mundo académico el progreso de las ciencias y los resultados de las investigaciones en curso. Por eso su estilo es altamente técnico. Para la exposición sistemática del conocimiento establecido se usan otros canales, como los textos o manuales.

La segunda característica de las revistas científicas es que los editores no determinan los temas que contendrá la publicación, más allá de que pueden establecer una política que exprese interés por determinadas cuestiones, así como disponer prioridades de fecha de aparición entre las contribuciones recibidas. Es decir, los autores envían a publicar lo que creen oportuno, corolario inevitable de la premisa central de que las revistas existen para difundir resultados de investigación.

La tercera característica, posiblemente la más importante, es que las revistas científicas solo publican material que, en determinados aspectos, pasó por un riguroso control de calidad. Ese control consiste en la revisión anónima de los manuscritos por algunos (por lo común dos o tres) destacados especialistas en el respectivo tema o en temas cercanos, que recomiendan la publicación, el rechazo o la modificación del escrito, basados en argumentos que los autores pueden aceptar o refutar. El trabajo de los árbitros es siempre honorario y se considera una obligación de todo integrante de la comunidad científica. De la misma manera, los autores no perciben retribución por los artículos publicados (y en ciertos casos hasta deben contrubuir a solventar el costo de publicación).

Ese proceso de control de calidad se conoce por nombres como ‘revisión por pares’ (peer review) o ‘revisión por árbitros o referís’ (de donde sale el neologismo someter a referato), y es el mecanismo fundamental que regula el sistema profesional de creación y circulación de conocimiento. En el mundo académico de hoy, conocimiento que no se publicó en una revista que emplee el procedimiento indicado no recibe mayor consideración, y quienes no publiquen su producción en esa clase de órganos difícilmente sean considerados miembros regulares de la comunidad académica.

El sistema del arbitraje sistemático no es muy antiguo. Si bien tiene antecedentes que se remontan al siglo XVIII, en especial en las ciencias médicas, su aplicación universal comenzó a mediados del siglo XX. Existe una abundante bibliografía que analiza su funcionamiento y que, incluso, pone de manifiesto sus limitaciones o deficiencias, pero cuya principal conclusión es que, en la mayoría de los casos, cumple con los propósitos para los que se lo estableció, filtra razonablemente escritos carentes de interés y excluye bastante bien aquella producción que no se ajusta a los estándares profesionales mayoritariamente aceptados en cada disciplina. Asimismo, el trabajo de los revisores suele contribuir a que mejore la calidad del texto que se publica.

Esta larga explicación sobre qué es una revista científica permite ahora mostrar en qué se asemeja y en qué difiere de una de divulgación (o, más concretamente, qué relación tiene Ciencia Hoy con ese modelo). Aunque en lo que sigue hablemos en general, nos estaremos refiriendo ante todo a nuestro caso concreto. Las diferencias y semejanzas podrían sintetizarse como sigue:

Para poder realizar una tarea que se ajuste a las premisas explicadas, Ciencia Hoy sigue algunos procedimientos que se asemejan a los que realizan los editores de revistas científicas, y otros que difieren de ellos. Entre los primeros, el más importante es que somete todo el material que considera publicable a revisión por árbitros reconocidos de la respectiva disciplina. La operación tiene por finalidad determinar si los escritos presentan conocimiento genuino, riguroso, ajustado a los hechos y enmarcado en los parámetros aceptados de la disciplina. Si bien editores y revisores de revistas de divulgación y de revistas científicas enfrentan responsabilidades similares, el arbitraje puede considerarse, en algún aspecto, más importante en las primeras, porque los lectores de las segundas por lo común tienen recursos para discernir por sí mismos la calidad de los argumentos que despliegan los autores, cosa poco probable entre lectores de revistas de divulgación.

Un corolario de lo último es que en una revista de divulgación no puede haber lugar para teorías científicas heterodoxas o que contradigan los patrones aceptados en ese momento por la respectiva disciplina, porque se trata de cuestiones que deben dirimir los especialistas. Cómo tratar el conocimiento heterodoxo en las revistas científicas es un tema complejo, que suele resultar conflictivo para autores que presentan enfoques revolucionarios, porque muchas veces esos enfoques no resultan respaldados por las evidencias y terminan en el olvido. Las verdaderas revoluciones, que con el tiempo son reconocidas, solo se imponen si pasan a integrar la ortodoxia de la disciplina, cosa que no puede tener lugar en otro ámbito que el de las revistas científicas. A partir de ese momento es razonable explicar la novedad al público general.

El párrafo anterior explica más de un caso en que nuestra revista tomó la posición de no presentar a los lectores aparentes innovaciones revolucionarias que suscitaban importantes rechazos. Con el tiempo, algunas de esas innovaciones se fueron esfumando y quedaron (por lo menos temporariamente) en el olvido. Pero otras fueron aceptadas y en más de una oportunidad merecieron premios Nobel, como el origen proteico de la enfermedad de la vaca loca, el origen bacteriano de la úlcera duodenal o el origen viral del cáncer del cuello de útero. Al ser aceptadas, pasaron a la categoría de conocimiento publicable en Ciencia Hoy. Esto explica por qué el origen metabólico de la lepra (sobre el que versa una carta de lector en este número), que continúa ausente de las revistas científicas, sigue sin ingresar en esta última categoría, es decir, sin lugar en nuestra revista.

Entre las tareas editoriales que realizamos que difieren de las habituales en las revistas científicas, la de mayor relevancia es traducir a un lenguaje culto corriente la jerga técnica de las diferentes disciplinas. Como la mayoría de los autores que publican en Ciencia Hoy, igual que los editores, son académicos activos y no periodistas, por lo común exponen sus razonamientos y redactan sus notas en un estilo poco adecuado a la función de divulgación. De ahí que lo normal sea que el equipo editorial reformule los textos porque, a diferencia de las revistas científicas, cuyo propósito central es estar al servicio de autores y servirles como canal de expresión, las de divulgación deben estar al servicio del lector y ayudarlo a entender complejos temas científicos y tecnológicos.

Los editores esperan que estas explicaciones permitan a autores y lectores comprender mejor las políticas y los procedimientos editoriales de Ciencia Hoy.

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Pág. 4-5