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Volumen 19 - Nº 111 Junio-Julio 2009 |
Sheila Kaplan
![]() El subdesarrollo no es, como muchos piensan equivocadamente, insuficiencia o ausencia de desarrollo. El subdesarrollo es un producto o subproducto del desarrollo, una inevitable consecuencia de los sistemas coloniales o neocoloniales, y se sigue produciendo en varias regiones del planeta. Josué de Castro, Geopolítica del hambre |
Josué Apolonio de Castro (1908-1973), médico natural de Recife, fue pionero en un tema considerado tabú en su época: el hambre. En sus dos libros más conocidos, Geografía del hambre (1946) y Geopolítica del hambre (1951), mostró que, al contrario de lo que se pensaba, el hambre no era un fenómeno natural, provocado por la escasez de alimentos, sino producto de la acción humana, más concretamente, de la organización social y económica. Más de medio siglo después, el hambre continúa sin tener una solución, por lo que su pensamiento permanece vivo. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), más de 900 millones de personas pasan hambre en el mundo.
La entrevista que sigue fue realizada por nuestra colega brasileña Ciência Hoje a su hija, la socióloga Anna Maria de Castro, del Instituto de Filosofía y Ciencias Sociales de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Mi padre veía dos caminos: el camino del pan (es decir, de la justicia social) y el de la bomba. Al mencionar este dilema, dejó en claro su repudio por la economía armamentista. Percibía las agresiones al ambiente y se ubicó como un combatiente ecológico en tiempos en que esa expresión aún era una novedad.
Esa dicotomía tiene que ver, incluso, con el concepto de desarrollo y subdesarrollo. Para Josué de Castro, el hambre, la pobreza, la miseria y la violencia son fenómenos que crea el hombre mismo, y son expresión propia del subdesarrollo. El desarrollo, como proceso histórico de cambio social, se refiere a una serie de transformaciones realizadas intencionalmente en diferentes esferas de sociedades nacionales que se atrasaron con relación al ritmo de avance de la revolución industrial. Tienen por objeto transformar la propia estructura de la sociedad, con el fin de atender las aspiraciones legítimas de sus poblaciones. Sin embargo, debemos reafirmar lo que todos sabemos: crecimiento no significa necesariamente desarrollo.
Para muchos autores brasileños de tiempos de mi padre, desarrollo equivalía a industrialización. Ellos creían que bastaba industrializarse y que, automáticamente, se modificarían las condiciones de vida y salud de un pueblo. Olvidaban que crecimiento no es desarrollo. Conseguimos formar grandes profesionales para un país rico, que poco tiene que ver con nuestra realidad, siempre encubierta, siempre escondida, siempre negada. Algunos científicos sociales que intentaron construir conocimiento a partir de la realidad vivida fueron, de cierta manera, negados, como si fueran científicos de segunda categoría. Junto con intelectuales como Manuel Bomfim (1868-1932), Luíz da Câmara Cascudo (1898-1986), Florestan Fernandes (1920-1995), Caio Prado Júnior (1907-1990) y tantos otros, Josué de Castro se cuenta entre los científicos sociales que pregonaban un desarrollo que colocase al hombre y no al capital como su objeto principal.
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