Volumen 19 - Nº 111
Junio-Julio 2009


Cartas de lectores

 

La publicación de investigaciones heterodoxas

El investigador científico heterodoxo a menudo enfrenta el problema de dar a publicidad los resultados de su labor. Si desea publicarla en una revista, debe enviarla a la más adecuada, en la que el trabajo debe ser aprobado por el comité editorial luego de un proceso de revisión por pares.

Generalmente el destino de un artículo sobre investigación heterodoxa está decidido de antemano y es siempre el mismo: resulta rechazado. Los motivos o razones que se comunican al autor son múltiples y recurrentes, entre otros: el trabajo es muy experimental y tiene poco fundamento teórico (o lo contrario); ya se ha escrito mucho con el mismo enfoque; la bibliografía no está actualizada; es muy extenso; no tiene estudios estadísticos; ya se han publicado otros trabajos, y muchos otros argumentos por el estilo.

Pero los más enervantes y desgarrantes son: la dirección no comparte sus puntos de vista, o, si usted cambia sus puntos de vista –su heterodoxia– y si se aviene a redactarlo de nuevo observando la ortodoxia en la materia, con gusto lo publicaremos. Es decir, cambie de religión y será admitido en nuestra cofradía. ¡Se pide al autor una conversión religiosa!

El motivo de esta carta es referirme a lo acontecido con mi artículo ‘Etiología, patógena y terapéutica de la lepra’, enviado a Ciencia Hoy en 1989. Los editores me comunicaron que no podía publicarse en la forma que tenía, pero dejaron abierta una puerta: si usted tuviera en cuenta las objeciones del árbitro y lo reescribiera adecuándose a ellas, tendríamos mucho gusto en volver a considerarlo para su publicación. Así, se me proponía desvirtuar totalmente el sentido de la publicación y transformarla de fuertemente heterodoxa a mansamente ortodoxa.

Esa respuesta me hizo advertir que estaba frente a una institución de conducta y formación fuertemente ortodoxa. Por ello, todo pedido de reconsideración o diálogo sería totalmente inútil. Los ortodoxos piensan que la heterodoxia es dañina y debe ser destruida, pues la ciencia es ordenada, calma, tranquila y no necesita de revoluciones, cambios o herejías.

Pasaron los años, y en mayo de 2008, el reconocido biólogo y profesor emérito de la UBA Alberto Boveris pronunció una conferencia en la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, titulada ‘Confirmacion de la teoría metabolica de la lepra (1947-2008) de Meny Bergel’. Quedaba así formalmente confirmada la teoría en cuestión, la misma –sí, la misma– que Ciencia Hoy rehusó publicar. Cabe preguntar por qué la revista rechazó un valiosísimo trabajo, tan valioso que en estos momentos, en Bélgica, un instituto ad hoc lo está adecuando, junto con nuestros antecedentes, para la candidatura a premio Nobel.

Como conclusión, debo comentar dos órdenes de hechos: (1) ¿Por qué Ciencia Hoy se equivocó al rechazar la publicación de nuetra teoría? Porque toda la ciencia argentina, ahora y siempre, está inmersa en un entorno fuertemente ortodoxo, de cuño aristotélico y escolástico, que rechaza la heterodoxia, a la que considera una herejía. También un periodismo científico mercenario y fuertemente ortodoxo contribuyó a crear y alimentar este no muy democrático clima. (2) Cuando una revista debe considerar la publicación de un material sospechado de heterodoxo, ¿qué debe hacer? No debe juzgarlo su propio comité editorial ni enviarlo a revisores expertos. Nada de eso. Entonces, ¿cómo se sale de esa encrucijada? No se lo juzgue, pero en cambio, júzguese al autor. Si este posee incuestionables antecedentes científicos, si no es un geronte o está casi demente, si es serio y responsable, se debe aceptar el trabajo, aun sin leerlo. Someterlo al dictamen de un revisor ortodoxo es peligroso, y puede hacer caer en una grave equivocación, como cayó Ciencia Hoy en el lamentable episodio que acabamos de referir.

Si Einstein hubiera enviado su genial trabajo sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento a una revista argentina, esta se lo hubiera rechazado y hoy no tendríamos la teoría de la relatividad.

Meny Bergel
Buenos Aires

 

Los lectores que se interesen por conocer el episodio a que se refiere el firmante de la carta podrán consultar la sección ‘Cartas de lectores’ del número 4 de Ciencia Hoy, de octubre-noviembre de 1989, en la que se publicó otra carta del mismo remitente y se aclaró la posición de la revista. Por otro lado, el desacuerdo que suscitó estos reclamos y recriminaciones, acerca del que los editores actuales mantienen la misma posición que los de 1989, toca el corazón mismo de la política editorial de Ciencia Hoy, y es tan importante que motivó el editorial de este número.

 

Una joven lectora de Ciencia Hoy

Quiero agradecer la gentileza que tuvo conmigo el doctor Patricio Garrahan por haberme mencionado cuando habló en el acto de los veinte años de Ciencia Hoy, y por escrito en el número 109 de la revista. Casi me infarto de la emoción. Estas líneas son para expresar la admiración que siento por personas como el nombrado, que estimulan a la gente común, en especial a jóvenes como yo, a que tengamos educación y curiosidad por saber más.

A pesar de que mi formación quedó un poco trunca, estoy luchando por lo que más quiero, que es ingresar en la universidad. Estoy a una materia de lograr hacerlo, en la Facultad de Ciencias Veterinarias.

Rosa María Natale
Buenos Aires

 

Ciencia Hoy y la astronomía

Excelente idea la de dedicar un número entero de la revista a una disciplina, como sucedió con el número 110 de Ciencia Hoy dedicado a la astronomía. También resultó un acierto el esfuerzo de poner una buena cantidad de conceptos básicos de esa difícil ciencia al alcance de lectores ajenos a ella, cosa que sin duda lograron hacer todos los artículos. Pero, como podrán imaginar, después de las alabanzas vienen las críticas o, por lo menos, las dudas, que en mi caso son dos. En la amena nota ‘La mala suerte’ se dice que el propósito de registrar el tránsito de Venus a mediados del siglo XVIII era calcular la distancia entre el Sol y la Tierra, y se afirma que los detalles técnicos de la manera de hacer ese cálculo no interesan. Permítanme discrepar: precisamente para saber algo sobre esos detalles es que uno trata de leer Ciencia Hoy. Trata y a veces lo logra, como en el número comentado, pero otras fracasa (esto último es una digresión que merecería otra carta). La segunda duda se refiere a la definición del efecto de Doppler en el Glosario de la página 63. ¿Es efectivamente como allí se explica o hay un error?

Joaquín Miró Alsina
Bahía Blanca

 

Ambas críticas son absolutamente oportunas. Acerca de la primera, sucedió que a último momento hubo que omitir de la revista, por falta de espacio, una corta nota titulada ‘¿Por qué tanto interés en observar el tránsito de Venus?’, que tenía el propósito de responder a inquietudes como las que señala el lector. Por la misma razón hubo que dejar fuera de esa entrega la sección ‘El pasado en imágenes’, también dedicada a temas astronómicos. En compensación, ambas cosas se publican en este número.

En cuanto a la definición del efecto Doppler, efectivamente no es correcta. El texto que debió salir se da en el recuadro siguiente.

 

Efecto Doppler. Es el cambio que percibe un observador en la frecuencia de las ondas electromagnéticas emitidas por un objeto en movimiento que se le acerque o aleje. Tanto cuando se acerca como cuando se aleja la fuente de las ondas, la frecuencia de estas para el observador inmóvil con relación a esa fuente va disminuyendo. El fenómeno se produce también con el sonido: es conocido el hecho de que el sonido del silbato de una locomotora lanzada a toda velocidad, para una persona inmóvil al lado de la vía, va cambiando de agudo a grave. Es en extremo agudo cuando lo empieza a percibir emitido por una máquina que se acerca desde lejos; cuando la locomotora pasa frente al observador, el sonido tiene la frecuencia que este percibiría si la máquina no se desplazara; y se va haciendo cada vez más grave a medida que la locomotora se aleja, hasta perderse. Hay, sin embargo, una diferencia esencial: el sonido requiere un medio como el aire para propagarse; las ondas electromagnéticas, no.

 

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