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Volumen
19 - Nº 111 Junio-Julio 2009 |
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Miguel van Esso, Federico Weyland e Isabel Miranda
¿Hay relación entre la creatividad en la ciencia y el arte? Este ensayo presenta unas reflexiones sobre el tema que quizá estimulen a otros a describir su experiencia, y a algún epistemólogo a dar a conocer su análisis.
Uno de los principales objetivos de la actividad científica es generar productos originales que den respuestas a problemas o situaciones específicas. Usamos aquí la expresión productos originales en su sentido más amplio. Esa originalidad requiere que la acción de los científicos se enmarque en un proceso creativo, algo que no siempre es sencillo de lograr, aun en los casos en que constituye su firme propósito alcanzarlo. Muchos obstáculos interfieren en el anhelo de ejercer una creatividad plena. A veces, los impedimentos son conscientes; otras veces, están ocultos. De todos modos, un paso para detectar y disolver esas barreras es entender las características de un proceso creativo. ¿De dónde surge? ¿Cómo funciona? ¿Qué lo restringe? ¿Qué lo promueve?
Para describir, analizar y ejemplificar la dinámica del proceso creativo en el ámbito científico y ayudar a responder estas preguntas, es útil comparar ese proceso con su análogo en el mundo del arte. Dos razones justifican esta comparación. La primera está relacionada con la percepción de que las actividades artísticas y científicas no tienen muchos puntos en común (y quizá menos todavía en la actualidad que en épocas anteriores). Es una visión divergente de ciencia y arte, que tiende a considerar a los científicos meros hacedores de experimentos o tomadores de datos, y deja de lado partes esenciales del proceso de indagación científica, como son la postulación de hipótesis o el diseño de novedosos métodos experimentales; y, contrariamente, tiende a considerar que el arte es un ámbito de creatividad sin restricciones. Esta concepción de extrema dualidad –que creemos errónea en ambos casos– influye tanto en la actividad de científicos como de artistas, e impide muchas veces aprovechar las enseñanzas que proporciona la similitud de los procesos creativos en ambos campos de acción. La segunda razón para comparar la creación en ciencia y en arte es que el análisis cruzado –es decir, considerar cada disciplina desde la perspectiva de la otra– facilita la comprensión y la posterior ejercitación de los mecanismos creativos.
Creatividad: ¿innata o adquirida?
Frecuentemente se debate si la aptitud creativa es una capacidad innata, con alto condicionamiento genético, o si es una habilidad que se adquiere durante el desarrollo del individuo. La literatura sobre este tema es amplia, y su análisis detallado cae más allá de los objetivos de la presente nota. No obstante, nos parece oportuno citar la opinión del psiquiatra pediátrico y psicoanalista inglés Donald Woods Winnicott (1896-1971), para quien la capacidad creativa depende principalmente de la interacción entre la persona y su medio. Postula así una fuerte acción recíproca entre la constitución genética o genotipo, que normalmente no es limitante de esa capacidad, y el ambiente, que puede ofrecer resistencias o incentivos al despliegue de la creatividad. Más aún: esa interacción no es simple ni estática, ya que cambia y se ajusta a medida que la persona se desarrolla, y finaliza únicamente con la muerte.
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28-35 |