Volumen 19 - Nº 110
Abril-Mayo 2009


He visto, además, bajo el sol,
que la carrera no la ganan los más rápidos,
ni la lucha los que tienen más fuerza.
No hay más pan para los sabios,
ni más riquezas para los inteligentes,
ni más favores para los entendidos;
pues el tiempo y el contratiempo
les llega a todos.


Eclesiastés 9

Aprimera vista, la suerte sería anatema, una creencia contraria a las bases de la ciencia aunque sea un fenómeno que se introduce en ella y no se elimina con el aumento en los conocimientos. Cruzamos los dedos para que no nos roce la mala suerte aunque un dicho griego afirme que de lo que nos cuidamos no nos salvamos.

Tenemos el penoso ejemplo de Guillaume Joseph Hyacinthe Jean-Baptiste Le Gentil de la Galaisière, Le Gentil de ahora en más, un astrónomo francés nacido en 1725 y fallecido en 1792. No conocemos un científico con tanta mala suerte: como la mujer barbuda de los circos, esa es su característica distintiva.

Formó parte de un proyecto mundial para calcular la distancia entre el Sol y la Tierra por el sistema de triangulación o paralaje. Para esto era necesario medir con exactitud el tránsito o paso del planeta Venus por delante del Sol en varias regiones de la Tierra, fenómeno que ocurriría en los primeros días de junio de 1761. El tránsito de Venus se produce cuando el Sol, Venus y la Tierra se encuentran alineados; su regularidad es compleja, pues ocurre dos veces separadas entre ellas por ocho años, y luego no sucede por más de un siglo.

Los detalles técnicos del sistema de medición no interesan aquí: baste decir que es como medir la longitud del brazo mirando con un ojo el dedo pulgar con el brazo extendido y calculando su cambio de posición cuando se lo mira con el otro ojo. Conociendo la distancia entre los dos ojos es posible estimar la longitud del brazo. La lejanía del Sol había sido calculada hace dos mil años, pero los astrónomos del siglo XVIII aspiraban a determinarla con mayor precisión. Los avances técnicos, en particular nuevos relojes e instrumentos de navegación, les permitían cumplir su propósito, pues podían determinar el tiempo y, con este, medir las distancias.

 

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