Volumen 19 - Nº 109
Febrero-Marzo 2009

Agua bajo el puente

 

A la memoria de Silvana Fucito, que estimuló la escritura de esta nota

Con la fórmula de rigor: I am, Sir, your obedient servant [Soy, señor, su obediente servidor], Michael Faraday (1791-1867) concluyó y firmó un informe sobre la composición química de las aguas termales de Puente del Inca. Lo fechó en Londres el 2 de junio de 1828 y lo dirigió al teniente Charles Brand de la Marina Real británica (figura 1).


Figura 1. Informe de Faraday publicado por Brand.
Análisis del agua mineral de 91°F [33°C] tomada de los manantiales calientes de Puente del Inca en la cordillera de los Andes. Royal Institution, 2 de junio de 1828.
Señor: He encontrado por fin tiempo para completar el examen del agua del Puente del Inca que usted puso en mis manos; y si bien no dudo, por la naturaleza del agua, que sufrió cambios desde que usted la retiró de la fuente (como sin duda resultaba suficientemente evidente de los depósitos negros en ella de hidrosulfuro de hierro), todavía eran curiosas su características naturales.
El agua se distingue en primer lugar por la gran cantidad de ácido sulfhídrico que tiene en solución; esto la hace fétida y muy nauseabunda al gusto. En algún momento se distinguió por ser ferruginosa, es decir, por tener hierro en solución, pero ahora todo su hierro se separó en la forma indicada.
El agua tiene ácido carbónico disuelto en exceso y, por esa vía, una gran cantidad de carbonato de calcio también en solución.
Al disiparse el ácido carbónico, el carbonato de calcio se precipita en forma abundante. Concluyo que en la fuente el agua tenía más gas carbónico que la muestra que me entregó, y que el hierro estaba disuelto en este. Además de estas sustancias, el agua contiene una gran proporción de sal común, y también una proporción considerable de sulfato de cal; pero no hay vestigios de sales de magnesio.
El agua era clara al principio, con excepción de los corpúsculos negros; filtrada, su peso específico fue 1014,33 [Faraday no aclaró en qué unidades midió este valor: podrían ser gramos/dm3, magnitud que coincide bastante bien con los resultados de otros estudios del agua] a 60°F [16°C]; y en 10 pulgadas cúbicas [164cm3] de agua se encontraron 45 granos [2,9g] de materia seca salina, de la cual la mayor parte era sal común.

Casi un siglo después, en 1924, este episodio fue registrado por Hércules Corti, cuyo artículo en los Anales de la Asociación Química Argentina (‘Contribución al estudio de las aguas termominerales de Puente del Inca’, 12: 90-102 y 186-198) despertó en su nieto, el autor de esta nota, la curiosidad por el tema que lo llevó a escribirla, y le proporcionó muchas de las referencias históricas que se consignan en lo que sigue.

Faraday fue uno de los científicos experimentales más destacados de su tiempo, recordado, entre otras cosas, por sus descubrimientos relacionados con la electricidad y el magnetismo. Brand (1797-1872) fue un oficial naval que en 1827 realizó un viaje desde Buenos Aires a la cordillera de los Andes, Chile y Perú (figura 2). En 1828 publicó un relato de ese viaje en la editorial Henry Colburn de Londres. Lo tituló Journal of a Voyage to Peru: A Passage Across the Cordillera of the Andes in the Winter of 1827, Performed on Foot in the Snow, and a Journey Across the Pampas [Diario de un viaje al Perú: el cruce de la cordillera de los Andes a pie en la nieve en el invierno de 1827 y un travesía de la pampa] (figura 3).

Brand señaló en su libro que se limitó a narrar su travesía, sin distraer al lector con detalles acerca de la misión que le fue encomendada, la que tampoco reveló. Proporcionó abundantes referencias sobre las costumbres de los habitantes de los pueblos y las ciudades que visitó. No tuvo mejor idea que realizar el cruce de los Andes en mula, en pleno invierno de 1827. El 20 de agosto de ese año, luego de haber perdido varias mulas de un contingente de quince y uno de sus peones, llegó a Puente del Inca, paraje conocido por sus aguas termales. Encontró las surgentes cubiertas de nieve y se debió lamentar de no poder tomar muestras de las aguas. Aclaró: ‘creo que no han sido nunca analizadas en Inglaterra’, cosa que, sin duda, se proponía hacer.

 

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Pág. 36-43