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Volumen 19 - Nº 109 Febrero-Marzo 2009 |
Mario AJ Mariscotti
Esta nota reproduce, adaptada al medio escrito, la cuarta Conferencia de Navidad del Centro Cultural Borges, ‘Ciencia y tecnología en la Argentina: ¿hablemos de metas?’, pronunciada por el autor el 18 de diciembre de 2008.
La Argentina es un país con tradición científica y buenos investigadores. Su patrimonio científico-tecnológico incluye antecedentes valiosos que merecen ser tenidos en cuenta a la hora de reflexionar sobre el futuro. Entre otros, la formidable escuela científica de Bernardo Houssay y sus discípulos en el área biomédica, que continúa dando frutos, incluyendo logros en biotecnología aplicada al agro y a la salud; el desarrollo de la matemática a partir de Julio Rey Pastor y otros compatriotas suyos que se establecieron en el país en la década de 1930; el impulso de la física debido a Enrique Gaviola y Guido Beck una década después, seguido de la dedicación y el compromiso de José Antonio Balseiro en Bariloche y del notable grupo de profesores liderado por Juan J Giambiagi en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA; la experiencia en energía atómica, sin duda de singular valor en más de un aspecto, entre otros, por haber dado origen a la empresa INVAP y a desarrollos tecnológicos que sorprende que puedan tener lugar en la Argentina.
En el país existen algunos centenares de grupos de investigación científica competitivos internacionalmente y algunos excelentes grupos tecnológicos, tanto en entidades públicas como privadas. En lo institucional, la Argentina acompañó tempranamente la tendencia mundial de posguerra con la creación, hace unas cinco décadas, de media decena de organismos estatales de ciencia y tecnología, y desde hace algo más de una década el país cuenta con instrumentos de promoción, tanto en el sector público como en el privado, que han permitido mejorar el financiamiento de la investigación básica y tecnológica, pública y privada.
Lógicamente este recuento no alcanza para extinguir el deseo de hacer más y mejor. Se mantiene vivo el anhelo de ver a la Argentina iniciar un proceso de crecimiento continuado y sustentable motorizado por el uso inteligente de los frutos del conocimiento. La mayoría de los indicadores de ciencia y tecnología muestran que el país está aún muy atrasado con respecto al mundo desarrollado. ¿Será una utopía ambicionar más? No lo creo. A pesar de ciertos progresos en la última década, la Argentina debe aún mejorar mucho para disminuir la brecha que la separa de los países que usan la ciencia para ganar competitividad.
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49-51 |