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Volumen 19 - Nº 109 Febrero-Marzo 2009 |
Ciencia en el aula
Cada asignatura escolar tiene sus propios lugares, tradiciones y leyendas. Las clases de ciencia evocan (a veces nostálgicamente) al laboratorio, un lugar de frascos y esqueletos. Entre los docentes de ciencia se habla con frecuencia de los ‘experimentos’. Sin duda la experimentación es central en el pensamiento científico, y los docentes pensamos correctamente en los experimentos como oportunidades preciadas de introducir a nuestros alumnos en aspectos varios de la actividad científica. Lamentablemente también asociamos el experimento con la manipulación de material de laboratorio y por ende con ese espacio mítico de probetas y mecheros Bunsen. Digo lamentablemente porque, dado que la posibilidad de usar un laboratorio no está siempre disponible, concluimos con error que los experimentos no tienen lugar en nuestras clases.
En un grupo de investigación, donde los experimentos son cosa de todos los días, los científicos saben que además de la ejecución en sí de las manipulaciones de laboratorio, un experimento debe ser en primer lugar planeado cuidadosamente, y en segundo, sus resultados deben ser interpretados también con cuidado en el contexto de las ideas que generaron ese experimento. En otras palabras, la parte más jugosa, más importante, más instructiva de un experimento no está necesariamente en su ejecución, sino en todo lo que viene antes y todo lo que llega después y que le da significado a lo que hacemos. Esta es la parte esencial de la forma experimental del pensamiento científico y aquella que debemos llevar al aula (con o sin laboratorio). ¿Pero cómo se enseña esto otro? ¿Dónde se pueden encontrar las planificaciones y las interpretaciones de experimentos? En este artículo quisiera recorrer aunque sea rapidito y por arriba algunas cuestiones de importancia en la enseñanza de la ciencia alrededor de algunos experimentos interesantes de la embriología clásica y no tan clásica.
Los experimentos responden a preguntasLo primero que un alumno de ciencias debe saber acerca de un experimento es que se trata de una manipulación deliberada que un científico hace para responder a una pregunta. Una de las preguntas centrales de la embriología es ¿cómo una única célula, como es el huevo fecundado de un animal, puede dar lugar a muchas células diferentes como las que se encuentran en un animal completo? En estudios iniciales investigadores detectaron con astucia que los embriones tempranos (4-16 células) de ciertas especies tienen células de diferentes colores, las cuales tienen destinos precisos. En el embrión de papa de mar (la cual, a pesar de su nombre, es un animal), por ejemplo, las células amarillas siempre dan lugar a células musculares en la larva. ¿Qué hace que esas células se diferencien en músculo? He aquí una buena pregunta que puede llegar a contestarse mediante experimentos.
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