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Volumen 19 - Nº 109 Febrero-Marzo 2009 |
En 1883 la ciudad de San Salvador de Jujuy se hallaba a una década de celebrar el tercer centenario de su fundación. En ella residían escasos cuatro mil habitantes y era la capital de una provincia que albergaba a unas cincuenta mil personas, entre las que predominaban los indígenas y los mestizos. La población blanca, sobre todo descendientes de los españoles llegados en tiempos coloniales, se concentraba en la capital, ocupaba los cargos de gobierno y poseía el poder económico. La economía, la vida social y la política habían cambiado escasamente en varias décadas. Jujuy exhibía la cara criolla del país.
Hacia el mismo año, esa cara criolla se estaba desdibujando aceleradamente en vastas extensiones del territorio argentino, sobre todo en la llanura pampeana y en ciudades como Mendoza o Tucumán, desplazada por la inmigración europea, la agricultura, el ferrocarril y el progresivo olvido de la tradición hispano-criolla en las costumbres. Se consolidaba el país gringo, que José Luis Romero llamó la Argentina aluvial.
Las fotos que aquí se publican fueron tomadas en 1883 por Christiano de Freitas Henriques Junior (1832-1902), fotógrafo portugués que firmaba Christiano Junior y que, luego de una exitosa carrera en Buenos Aires, adonde llegó en 1867, emprendió un largo viaje por las provincias de Santa Fe, Córdoba, Mendoza, San Juan, San Luis, Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy. Lo hizo para componer un álbum fotográfico que llamó La República Argentina monumental y artística, en el que procuraba mostrar –según lo manifestó– los aspectos progresistas del país moderno que ya despuntaba, pero cuya llegada a Jujuy aún no se había producido, si bien estaba próxima: en 1895 arribó el ferrocarril a la provincia y permitió el despegue de la industria que cambió su economía, la industria del azúcar.
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