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Volumen 19 - Nº 109 Febrero-Marzo 2009 |
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Iván Izquierdo, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur, en Porto Alegre, y miembro de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, es un neurobiólogo internacionalmente reconocido y uno de los científicos más productivos del mundo iberoamericano. Fue entrevistado para CIENCIA HOY por Aníbal Gattone (etapa oral) y José X Martini (escritura).
Permítanos tener con usted una conversación que ilustre al lector sobre la vida profesional, las circunstancias y la tarea científica de un investigador que comenzó a trabajar en la Argentina y terminó haciéndolo en el Brasil.
Mi vida profesional comenzó con los estudios de medicina, en la Universidad de Buenos Aires, en la segunda mitad de la década de 1950. En cuarto año me tocó cursar psiquiatría. Por entonces empezaban en el país los primeros tratamientos con drogas de pacientes psiquiátricos graves. Esto comenzó a cambiar la psiquiatría y condujo a que, con el tiempo, hasta los psicoanalistas llegaran a aceptar el uso de drogas. Es cierto, dicho sea de paso, que el psicoanálisis ha perdido vigencia en casi todo el mundo: dejando de lado las películas de Woody Allen, creo que solo se mantiene vigoroso en Buenos Aires y Porto Alegre. Pero, volviendo a las drogas psiquiátricas, el tipo que se comenzó a usar en mis años de estudiante se emplea aún hoy para disminuir alucinaciones y tratar cuadros psicóticos, así como bajar la ansiedad y el estrés. Los antidepresivos, tan importantes en estos momentos, irrumpieron más tarde.
Con la llegada de estas drogas se abrió un nuevo tema de investigación: su efecto químico en las células nerviosas, algo que vio con claridad Eduardo De Robertis (1913-1988), una de las grandes figuras de la biología experimental del país y el iniciador de la investigación moderna en neurociencias en la Argentina. La aparición de los psicofármacos fue de alguna forma el origen de la neuroquímica, una disciplina de enorme actualidad.
Pero usted no era entonces un investigador sino un estudiante de medicina.Es cierto. Comencé por lo anterior porque dudaba de mi interés en ser médico y me resultaba atractiva la idea de dedicarme a la investigación. Por eso me acerqué a De Robertis, con la esperanza de encontrar un lugar en su laboratorio, pero descubrí que estaba saturado. Pude, en cambio, ingresar (en 1957, antes de cumplir veinte años) en el legendario instituto de la calle Costa Rica y Julián Álvarez, liderado por Bernardo Houssay. Después de algunas idas y venidas, me puse a trabajar con Roberto Mancini, un gran histólogo vinculado con De Robertis. Si bien me gustaba la histología, y creo que tenía la cabeza bien organizada para esa disciplina, con el tiempo me fui acercando al enfoque neuroquímico que paulatinamente atrajo la atención de De Robertis, quien, de todos modos, hasta el fin de sus días, trabajó en ambas cosas: neurofisiología y neuroquímica.
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