Volumen 18 - Nº 108
Diciembre 2008
Enero 2009


Ciencia Hoy
cumple veinte años

El primer número de Ciencia Hoy apareció en diciembre de 1988, hace exactamente veinte años. Si se recuerda que la revista es bimestral, es fácil deducir que la presente entrega, que llega a manos del lector en diciembre de 2008, debería ser la número 120, y no la 108 como en realidad es.

Con esta advertencia abrimos la forzosa evocación autobiográfica en un tono que, a primera vista, parece escasamente festivo, como sería apropiado para celebrar nuestras dos primeras décadas de vida. Pero mirando hacia atrás tomamos conciencia de que la revista pasó por tiempos de notables turbulencias económicas –de las que dan testimonio dos brotes de hiperinflación y una súbita devaluación del 200%– y por oscilaciones políticas que nos llevaron de proveer 30.000 ejemplares de cada número al Ministerio de Educación, para su envío a 7000 colegios secundarios, a vernos de la noche a la mañana y sin preaviso privados del ingreso que esas suscripciones nos proporcionaban. Por ello, haber aparecido durante cuatro lustros con una irregularidad de solo el 10% constituye, en nuestra opinión, un logro que exhibimos con considerable satisfacción, y una fuente de optimismo con relación al futuro.

También es motivo de satisfacción el que en los años transcurridos no hayan cambiado los propósitos originales de Ciencia Hoy, y que, igual que el comité editorial en funciones al celebrarse nuestro décimo aniversario, los actuales editores están firmemente convencidos de que esos propósitos mantienen su vigencia y que constituyen el mejor motivo para perseverar en el empeño de producir la revista bimestre tras bimestre.

Es posible que, con el paso del tiempo, hayamos variado el énfasis puesto en diferentes aspectos de esos propósitos. Pero seguimos creyendo que es parte irrenunciable de la misión de la comunidad académica explicar a la sociedad, en términos que el ciudadano medio pueda entender, qué temas ocupan a las diferentes disciplinas científicas, qué preguntas se formulan, qué respuestas encuentran y cómo pueden esas respuestas o los descubrimientos e inventos que de ellas se derivan afectar la vida de la gente. Facilitar el cumplimiento de esa parte de la misión de los científicos es el empeño central de Ciencia Hoy, el que no ha cambiado en veinte años, ni se presume que cambie en el futuro previsible. Ello es también motivo para celebrar.

Lo que define la particular identidad de nuestra revista es ese empeño, que se puede expresar de otra manera diciendo que Ciencia Hoy no es una publicación científica sino de divulgación: no es un órgano hecho para que los investigadores den a conocer a sus pares el resultado de sus trabajos, sino para que se entere de ellos –por lo menos en sus grandes líneas y sin entrar en tecnicismos– el público medianamente curioso. En una palabra, el destinatario primordial del esfuerzo editorial no es el autor sino el lector. Nunca nos cansamos de pedir a nuestros esforzados autores que recuerden esa circunstancia cuando procesamos sus textos, porque una de las invariables y más delicadas tareas editoriales es pasarlos del estilo propio de las revistas científicas, en el que están acostumbrados a escribir, al estilo adecuado para un órgano de divulgación.

Desde sus tiempos fundacionales, Ciencia Hoy procuró enfatizar algunos conceptos básicos imperantes en el mundo académico, a modo de guía que oriente su función de divulgar la ciencia. Uno de los más importantes de ellos, que muchas veces no coincide con los sobreentendidos con los que el lector medio se aproxima a la revista, es que el conocimiento científico es siempre provisorio e incompleto. De ahí que tan interesante como divulgar las respuestas encontradas por la ciencia –por no decir más interesante– sea explicar las preguntas que ella se formuló para llegar a esas respuestas, así como las preguntas que siguen sin responder, o las nuevas que surgen de las respuestas encontradas. Ayudar al lector a buscar y entender las preguntas es uno de los desafíos permanentes de la labor de divulgación del conocimiento.

Hay otro concepto que es oportuno recordar, sobre todo en estos momentos en que los medios masivos de comunicación suelen presentar un solo aspecto de la ciencia y la tecnología modernas, a saber, su capacidad de servir como motores del desarrollo socioeconómico, de la innovación, la mayor productividad y la creación de riqueza. Ese otro concepto que procuramos difundir es que el conocimiento tiene un valor intrínseco que excede su utilidad. La ciencia actual es parte del patrimonio inmaterial de las sociedades avanzadas y, en ese carácter, es un bien cultural a ser preservado, multiplicado y puesto a disposición del público. En el siglo XXI, la ignorancia de la ciencia excluye a los pueblos que la padecen de la compañía de las naciones civilizadas.

También es parte del encuadre general en que la revista realiza su tarea de divulgación de la ciencia ayudar a entender que la investigación científica avanzada no está fuera del alcance del mundo académico local. La ciencia de punta no es algo que solo se hace en los Estados Unidos o Europa: en muchas disciplinas tiene lugar entre nosotros y está en manos de personas que aprendieron la profesión científica en estas tierras y son reconocidas como pares (y hasta a veces premiadas con un Nobel) por los líderes mundiales de la respectiva disciplina.

Analizando lo acontecido en los veinte años que comentamos, tal vez otro de los logros del que nos sentimos satisfechos es haber avanzado considerablemente en el aprendizaje del difícil oficio de divulgar el conocimiento científico o académico. Todavía tenemos mucho que aprender, pero en el tiempo transcurrido hemos generado una capacidad y adquirido una experiencia que nos colocan en posición mucho más apropiada para desenvolvernos que al comienzo. Muchos ayudaron a acumular la destreza que logramos adquirir, tanto en materia de estilo de redacción como de diseño gráfico (lo mismo que en la labor administrativa), más de los que podrían mencionarse en un escrito conmemorativo como este, pero todos merecen un reconocimiento que en nada disminuye la falta de mención de cada uno de sus nombres.

Así como creemos haber realizado considerables avances en las cuestiones mencionadas, hay un campo en el que todavía el edificio construido necesita apuntalamiento. Es la sustentabilidad económica de la revista, para la que aún no hemos encontrado una fórmula que nos proporcione razonable tranquilidad. Buscar esa fórmula es una de las tareas prioritarias en este momento.

Si realmente pensamos que el destinatario primordial del esfuerzo editorial no es el autor sino el lector, también debemos dar prioridad a descubrir y satisfacer, en la medida de nuestras posibilidades, todas aquellas inquietudes de nuestros lectores que nos lleven a cumplir mejor con los propósitos de la revista.

Quizá no hemos hecho suficientes esfuerzos sistemáticos por enterarnos de esas inquietudes, por lo que aprovechamos esta ocasión para invitar a todos los lectores que quieran hacernos llegar sus ideas a que nos escriban. En particular nos gustaría conocer qué opinan sobre los artículos que sacamos en cuanto a sus temas y forma de tratamiento, qué virtudes y defectos les ven, qué les parece interesante que incluyamos en adición a lo habitualmente publicado en la revista, qué les resulta menos atrayente de esto último y, en general, cómo hacer de CienciaHoy un órgano que cumpla mejor con su misión de acercar la ciencia al público profesionalmente ajeno a ella. Todo comentario, opinión y pedido serán considerados con el mayor cuidado y nos ayudarán a establecer el mejor rumbo en nuestra siguiente etapa de vida.

Los editores quieren terminar esta breve nota de aniversario expresando gratitud a varios grupos de personas, que se indican colectivamente porque sus nombres individuales son demasiado numerosos para enumerar. Merecen una palabra de reconocimiento los fundadores y todos los miembros de precedentes comisiones directivas y comités editoriales de la Asociación Ciencia Hoy, por el tiempo y esfuerzo que dedicaron sin remuneración material alguna a la tarea de una institución sin fines de lucro y de bien público. Merece un lugar único en esta expresión de gratitud nuestra colega brasileña Ciência Hoje, cuya ayuda fue definitoria en nuestros tiempos iniciales. Merecen un enorme agradecimiento los cientos de autores que contribuyeron con sus escritos, su paciencia y su dominio de las más variadas disciplinas académicas a que, número tras número, hubiese material de buena calidad académica para publicar, lo mismo que los revisores o árbitros a quienes recurrimos para garantizar esa calidad. Merecen ser recordados los avisadores, los organismos públicos y las fundaciones que apoyaron la revista. Y últimos en la enunciación pero por cierto no en la importancia, los lectores, cuya fidelidad y confianza proporcionaron un crucial sustento material y moral a lo largo de estos veinte años

 

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