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Volumen 18 - Nº 107 Octubre-Noviembre 2008 |
Alejandro Gangui
El acelerador de protones cuya puesta en funcionamiento atrajo en las últimas semanas la atención de la prensa mundial está diseñado para producir colisiones de haces de esas partículas subatómicas haciéndolas desplazarse en sentidos opuestos –con energías cinéticas mayores que las generadas hasta la fecha con máquinas del mismo tipo– por un túnel circular de 27km de largo situado 100m por debajo de la superficie de la Tierra en las afueras de Ginebra. ¿Para qué?
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La respuesta sencilla, casi simplista, a la pregunta con que termina el copete de esta nota –que sin duda se hace el público, sobre todo cuando se entera de que el costo de construir y operar la máquina con la que se realizan los experimentos se mide en miles de millones de dólares– se puede sintetizar en otra pregunta, que los experimentos de Ginebra procuran responder: ¿De qué está compuesto y cómo cambia el mundo material del que somos parte? Esta pregunta se formula tanto acerca del universo entero como de sus componentes más pequeños, es decir, de las partículas que forman los átomos (los cuales, a su vez, constituyen las moléculas y, estas, todas las cosas materiales, incluso los seres vivientes). He aquí lo que se busca saber haciendo los experimentos que ha comenzado a realizar la máquina.
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