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Volumen 18 - Nº 105 Junio - Julio 2008 |
Ciencia Hoy conversó extensamente con el ministro de Educación sobre la situación presente del sector educativo en el país y sobre el rumbo hacia el que la política oficial procura impulsarlo. Los conceptos que el lector encontrará en los párrafos que siguen revisten una importancia particular, puesto que, además de ministro en el actual gobierno y viceministro en el anterior, el licenciado Tedesco es una de las voces académicas de mayor peso en la educación argentina.
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Eso hizo que las prioridades de los años recientes estuvieran puestas en mejorar las condiciones materiales del aprendizaje, que abarcan desde los edificios de las escuelas hasta libros de texto, computadoras y material de laboratorio para enseñanza de las ciencias; y en becas para los chicos de familias necesitadas, entre otras cosas, para que volviesen a la escuela los que la habían abandonado. En realidad, no son propiamente becas sino subsidios, de los que al presente se otorga más de medio millón.
En otras palabras, se trataba de crear o mejorar las condiciones de educabilidad, para llamarlas de alguna manera. Al mismo tiempo, se estableció, por un lado, un ordenamiento legal para enfrentar la emergencia: la ley de los 180 días y la garantía nacional del salario docente; y por otro lado se sancionaron leyes que apuntan al mediano y al largo plazo como las de Educación Técnica, de Financiamiento Educativo y la misma Ley Nacional de Educación, la última que fue sancionada. Hoy llegamos al momento en que la emergencia dejó de ser la prioridad de la agenda educativa: ya nos encontramos en condiciones de enfrentar problemas de mediano y largo plazo, que son, fundamentalmente, los problemas de la calidad.
El gran desafío de la política educativa actualmente es lograr una educación de buena calidad para todos. Los indicadores de que disponemos, tanto de las pruebas nacionales de evaluación como de las internacionales, están señalando que los resultados del aprendizaje son malos y muy desiguales. No son malos uniformemente, como suele ser el caso en países muy atrasados: en la Argentina, detrás de un rendimiento promedio malo, se esconde una enorme desigualdad. Esta, por su lado, está claramente asociada a las condiciones materiales de vida de las familias.
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