Volumen 18 - Nº 105
Junio - Julio 2008

Cartas de lectores

 

> Sobre astrología

He leído con interés el artículo ´Dante, la astrología y la astronomía´ publicado en el número 104 de Ciencia Hoy. En mi opinión el escrito encierra un malentendido que puede confundir a quienes, como yo, creen que la astrología aún tiene alguna validez. Me refiero a la identificación de constelación con signo zodiacal. En la astrología tradicional y en la práctica de la mayoría de los astrólogos occidentales, las constelaciones no constituyen los factores significativos para la interpretación de un horóscopo (excepto para quienes se basan en el llamado zodíaco sidéreo, como lo menciona el mismo artículo).

Los signos son los doce sectores de treinta grados en que se divide el zodíaco. Forman una secuencia que empieza en Aries, o el Carnero, y termina en Piscis, o Peces. El punto inicial de la serie zodiacal, el grado cero de Aries, coincide con el equinoccio de primavera del Hemisferio Norte, que cae alrededor del 21 de marzo. El centro de referencia de la astrología tropical, a diferencia de la sidérea, no son las estrellas sino el ciclo estacional de nuestro planeta, con los solsticios y los equinoccios como momentos significativos esenciales.

Los libros de astrología mencionan esta diferencia entre constelación y signo, y los astrólogos saben que la constelación de Aries ya no sirve de telón de fondo al Sol entre el 21 de marzo y el 20 de abril. No ignoran que, a lo largo de los últimos dos mil años su posición en el zodíaco tropical fue siendo ocupada por la constelación de Piscis, debido al fenómeno de la precesión de los equinoccios.

Esta identificación de constelaciones con signos conduce a considerar, por ejemplo, que los nacidos entre el 30 de noviembre y el 17 de diciembre, cuando el Sol pasa por la constelación de Ofiuco, serían del signo de Ofiuco, que no existe ni necesita existir según la lógica de la astrología tradicional o tropical. Esta nada dice acerca de las constelaciones, pues no le incumben, por lo que carece de sentido para ella mencionar, como está dicho en la nota al pie de la tabla de la página 32, que el Sol emplea igual número de días (aproximadamente treinta) para recorrer cada una de las doce constelaciones del zodíaco. En esa tabla, las columnas Fecha tradicional y Fecha actual no se refieren, por lo tanto, a lo mismo. Por esta razón, también, los nacidos el 27 de marzo son del signo de Aries y no de Cetus.

Alejandro P Guaschino
Mar del Plata

 

Hago llegar algunas reflexiones sobre la seudociencia astrológica. La pregunta esencial, no contestada por los astrólogos, es por qué los planetas influyen en la personalidad y el futuro de las personas. Dado que la medicina puede retrasar o adelantar un parto, ¿habría que concluir que tal operación, si desplazara el momento del nacimiento de un signo a otro, podría hacer variar la personalidad y el futuro del nonato? Parece una conclusión carente de sentido.

Los astrólogos distinguen entre lo que llaman astrología sidérea y tropical, pero las cuestiones fundamentales permanecen inexplicadas y han sido refutadas por experimentos como los de Shawn Carlson, publicados en http://www.online.to/astrology/. También recomiendo la consulta del Skeptic Dictionary en http://www.skepdic.com/astrolgy.htm, que define la astrología como arte adivinatorio.

En esta última fuente se señala que el año tropical o solar es el lapso transcurrido entre dos sucesivos equinoccios de primavera u otoño (365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos aproximadamente). El año sidéreo es el tiempo que tarda la Tierra para completar una circunvalación del Sol midiendo su posición con respecto a las estrellas (365 días, 6 horas, 9 minutos y 9,5 segundos aproximadamente). Es más largo que el anterior por la precesión de los equinoccios, que alcanza a unos 50,27 segundos de arco por año. La astrología sidérea toma en cuenta la constelación real en que se encontraba el Sol en el momento del nacimiento; la astrología tropical se basa en doce signos del zodíaco de 30 grados de arco cada uno. Solo una minoría de astrólogos cultiva la primera: la mayoría no toma en cuenta, en sus elucubraciones, las posiciones relativas reales del Sol y las constelaciones, sino solo el momento del año.

Alejandro J Borgo
Buenos Aires

 

 

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