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Volumen 17 - Nº 102 Diciembre 2007 Enero 2008 |
Humberto Ciancaglini nació en Salta en 1918. Estudió ingeniería y, en la década de 1940, comenzó a trabajar en un laboratorio de investigación y desarrollo de la empresa Philips. A partir de ese momento, participó de muchas de las nuevas instituciones y de los proyectos que hoy se recuerdan como hitos en la historia de la ciencia argentina: a fines de los años 50, fue miembro del primer consejo directivo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET); como decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), impulsó la construcción de la primera computadora electrónica de América Latina; durante los años 60, fue miembro del primer directorio de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales, participó de la construcción del rector de investigación RA-3 en la Comisión Nacional de Energía Atómica y fue enviado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) a colaborar con el programa nuclear iraní. Entre otras muchas actividades, también fue secretario de Comunicaciones durante la presidencia de Raúl Alfonsín y actualmente continúa sus actividades en la Facultad de Ingeniería. En esta entrevista Ciancaglini cuenta las experiencias de un ‘científico-tecnólogo’ en un país en desarrollo.
![]() Humberto Ciancaglini |
Me recibí de ingeniero civil en la UBA en marzo de 1942. Cuando terminé el colegio nacional, ya estaba interesado en la electrónica, que entonces se llamaba radiotecnia. Pero cuando tuve que elegir carrera, solo había ingeniería civil e ingeniería industrial. Nada más. Vi en los planes de estudio que estas carreras tenían una formación básica buena. Entonces pensé que era lo más parecido a lo que yo quería. Mi padre murió cuando yo iniciaba la facultad, así que tuve que comenzar a trabajar. Afortunadamente conseguí un cargo de director técnico de una escuela de enseñanza de radio por correspondencia llamada Radio Schools Corporation, donde trabajaba medio día. Yo ya contaba con mucha experiencia, a pesar de tener diecinueve años. Eso me permitió estar en contacto con el tema que me interesaba.
¿Dónde aprendió electrónica?Podría decirse que fui autodidacta. Cuando empecé la facultad en 1937, en simultáneo empecé a estudiar algunos libros de electrónica. Un día, en agosto del año siguiente, leí en el diario La Prensa un aviso que decía: ‘Se necesita ingeniero de planta para la fabricación de válvulas’. El aviso era de Philips Argentina. Yo tenía veinticuatro años y algunos artículos publicados en revistas sobre telegrafía. En ese momento se publicaban en el país la Revista Telegráfica, Radio Revista, Radiotécnica. El aviso de Philips pedía carta manuscrita, porque parece que estudiaban la grafología del postulante. Yo vivía en San Isidro. Tomé el tren hasta Retiro, de ahí el subte hasta Constitución y ahí el tranvía 22, porque era en Barracas. Cuando llegué, me llevaron a la fábrica y luego a un laboratorio. Entonces, un ingeniero holandés llamado Ziegler, que hablaba bastante bien el castellano, dijo: ‘Bueno, mire, vamos a conversar un rato’. Me tuvo casi una hora tomándome examen. Cuando terminó, apareció un ingeniero francés llamado Labin, que también dominaba bien el castellano, y me puso un problema de teoría de circuitos. Finalmente, me mandaron con un físico italiano llamado Levialdi, que también conversó conmigo. Bueno, después de casi dos horas, me llamó de nuevo el ingeniero holandés, y me dijo: ‘Este es el laboratorio de investigaciones radioeléctricas de Philips instalado en la Argentina. Las conversaciones que tuvimos con usted demuestran que está capacitado para trabajar en nuestro laboratorio. ¿Cuál es el salario que desea recibir?’. Yo le respondí: ‘Ustedes propongan el sueldo, que yo lo acepto. Y después de un tiempo ustedes deciden si está bien ese sueldo’. Efectivamente, me dieron un sueldo más bajo del que me habían ofrecido en la administración pública. Era agosto, pero cuando llegó diciembre, ya me habían probado y recibí un aumento. Fue así como me infecté de investigación.
¿Qué hacía un laboratorio de investigación y desarrollo de Philips en la Argentina?Con la ocupación nazi, ellos habían centralizado en Inglaterra los laboratorios de investigación. Con el avance de la guerra, habían decidido buscar un país muy alejado, pero con capacidad suficiente para poder hacer investigación radioeléctrica. Y este país fue la Argentina. Cuando terminó la guerra, el laboratorio desapareció, porque Philips volvió a llevar sus laboratorios a Europa. Entonces me pusieron en fábrica, en el desarrollo de receptores de radio. Todavía la televisión no había llegado. Era un trabajo rutinario.
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