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Volumen 17 - Nº 100 Agosto - Setiembre 2007 |
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Gran parte de los seres vivos que habitan el planeta necesita intercambiar gases con el ambiente. Así, los animales toman oxígeno (O2) del aire o del agua y lo utilizan para su metabolismo, por el cual extraen energía de los alimentos y liberan dióxido de carbono (CO2) al medio. Las plantas verdes, por su lado, expuestas a la luz, realizan el proceso de fotosíntesis, por el que toman CO2 atmosférico y, con agua, producen azúcares que les sirven de alimento, al tiempo que liberan O2 al ambiente. En ambos casos, pues, existe un intercambio de gases (O2 y CO2) entre el organismo viviente y su medio.
En los animales terrestres, la evolución produjo dos caminos diferentes para que tenga lugar dicho intercambio gaseoso. El primero es la respiración pulmonar, que se observa en los seres humanos, igual que en el resto de los mamíferos, las aves, los reptiles y otras clases zoológicas. El segundo camino es la respiración traqueal, propia de los artrópodos con tráqueas, un gran grupo de animales que incluye a insectos, escorpiones, arañas, ciempiés, crustáceos y otros.
Como esta nota versa sobre algunos aspectos de la respiración traqueal, deja de lado formas respiratorias que se observan en otros organismos, como la respiración cutánea de protozoos, esponjas, ciertas lombrices, algunos crustáceos y anfibios, etc., o la respiración branquial propia de los peces (que deben obtener su O2 del agua, un medio con baja concentración de esa sustancia, comparado con el aire).
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40-45 |