Volumen 17 - Nº 100
Agosto - Setiembre 2007

En 1998, un grupo de investigadores japoneses liderados por Takeshi Sakurai identificaron en el cerebro dos péptidos desconocidos, que no guardan relación alguna con otros que se forman en el sistema nervioso central.

El mismo grupo caracterizó la estructura química de esos péptidos, definió el mecanismo de su producción y demostró que se unían a receptores específicos situados en las membranas de ciertas neuronas. En los primeros ensayos realizados para establecer sus efectos, comprobó que provocaban hambre. Debido a esto les dio el nombre de orexinas, del griego orexis, apetito (la raíz griega se usa en otras palabras, como la popular anorexia o falta de apetito), y los identificó, respectivamente, por las letras A y B. Comprobó después que las orexinas tienen un cometido crucial en el control del sueño y la vigilia, y que la alteración de su funcionamiento conducía al trastorno del sueño llamado narcolepsia.

Las dos orexinas en cuestión están formadas por cadenas lineales de aminoácidos. La llamada orexina A está constituida por 33 aminoácidos, y la orexina B por 28. Ambas son fragmentos de un mismo péptido precursor conocido como pre-proto-orexina.

Las orexinas se sintetizan exclusivamente en un número reducido (unas 7000 en los seres humanos) de neuronas cuyo cuerpo está situado solamente en la parte lateral y posterior de la zona del cerebro llamada hipotálamo (véase la figura), la que participa en la regulación de numerosas funciones autónomas o no voluntarias, indispensables para el funcionamiento del organismo. La ubicación de las neuronas productoras de orexinas determinó que algunos investigadores las llamen hipocretinas (de hipotálamo + secretina).

 

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