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Volumen 17 - Nº 100 Agosto - Setiembre 2007 |
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Existen numerosos manuales universitarios de biología, bioquímica, biología celular y biología molecular, donde se abordan temas de biotecnología. Sin embargo, la disponibilidad de libros de texto específicos sobre biotecnología es limitada, no solo en castellano, sino también, y sorprendentemente, en inglés. En este sentido la aparición del libro de Muñoz de Malajovich es un acontecimiento editorial importante, sobre todo en nuestro país, donde gracias a tradiciones científicas profundas en las ciencias biomédicas, al desarrollo del agro y de la industria farmacéutica, la biotecnología ha tenido un nacimiento temprano y un crecimiento destacable.
Graduada en la mítica universidad argentina que precedió a la ‘Noche de los bastones largos’ de 1966, la bióloga Muñoz de Malajovich se presenta como heredera fiel del entusiasmo, esperanza y racionalidad que caracterizó a la universidad desarrollista que floreció entre los golpes de estado de la ‘Libertadora’ y de Onganía. Sucesivos exilios llevaron a la autora primero a Chile y finalmente a establecerse definitivamente en Brasil en 1977, país en el que desarrolló una vasta tarea docente universitaria que trascendió sus propias aulas, para generar estándares en la enseñanza teórica y práctica de las ciencias biológicas. Esta historia personal nos permite explicar por qué el libro editado por la UnQui y ArgenBio es una traducción del original publicado en portugués en 2004. Es decir, nos encontramos frente a un texto originalmente escrito en portugués por una autora de lengua materna española. La traducción estuvo a cargo de Gabriela Levitus, quien no solo aportó sus conocimientos del idioma sino también su propia experiencia como bióloga y docente excepcional.
En el primer capítulo, se responde a la pregunta ‘¿Qué es la biotecnología?’ a través de una reseña histórica que nos recuerda que las prácticas biotecnológicas comenzaron con la humanidad misma, o mejor dicho con el sedentarismo, cuando hace aproximadamente 10.000 años el hombre aprendió a cultivar plantas, domesticar animales, preparar y conservar alimentos y fermentar para producir bebidas alcohólicas, subproductos lácteos (queso) y masas levadas (pan). La cronología de hitos científicos, tecnológicos y económico-sociales desde la Antigüedad hasta 2004 es presentada en forma exhaustiva y entretenida y deja en claro que la biotecnología moderna nace con los primeros experimentos de ingeniería genética en 1973, pero se apoya en prácticas tradicionales fuertemente asentadas en la actividad humana. Los capítulos II al V completan la primera sección de la primera parte, denominada ‘Los agentes biológicos’. En ellos se repasan los conceptos básicos de célula y cromosomas, herencia mendeliana, diversidad de microorganismos, enzimas, anticuerpos, los ácidos nucleicos y el flujo de información genética del gen a la proteína. El enfoque predominantemente fenomenológico y descriptivo de estos capítulos, así como la lógica y necesaria limitación de espacio para tratar temas demasiado básicos en un libro con otros objetivos, lamentablemente los ubican en un nivel inferior al de los manuales preuniversitarios. Es difícil afirmar taxativamente que hubiera sido mejor invitar al lector universitario a repasar esos conceptos en otras fuentes bibliográficas. No obstante, la inclusión de los temas tratados en estos capítulos se justifica parcialmente si se tiene en cuenta que el libro no solo está dirigido a lectores con conocimientos de biología general y molecular, sino a otros actores sociales interesados en la biotecnología, con formaciones muy diversas. Una alternativa mejor quizás habría sido desplazar estos capítulos al final de libro a modo de apéndices o anexos, para ayudar a los no biólogos a entender mejor los conceptos centrales del manual. Pequeñas observaciones: sería importante remarcar que las arquibacterias, quizás mejor llamadas arqueas, son uno de los tres grandes linajes evolutivos de la vida sobre la tierra y no un grupo de bacterias más, y que la correctísima caracterización de los virus como ‘partículas inertes sin ninguna actividad metabólica’ cuestiona su ubicación dentro de los microorganismos, ya que no son células. Por otra parte, las representaciones gráficas de la molécula de ADN deberían respetar la existencia diferenciada de surco mayor y surco menor.
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64-66 |