Volumen 8 - Nº48 - Septiembre/Octubre 1998 |
|
Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
|
CIENCIA Y SOCIEDAD Abastecimiento de Electricidad a las Poblaciones RuralesJORGE H. BARRERA |
|
La provisión de electricidad a las poblaciones rurales dispersas podría realizarse en condiciones técnicas y económicas aceptables, aprovechando fuentes de energía renovable. No parece haber obstáculos por el lado de la tecnología ni de los equipos necesarios. Desde hace años, muchos pobladores del campo se abastecen así por propia iniciativa. Sin embargo, nunca hubo un esfuerzo sistemático para cubrir las necesidades de todos los que residen en alguna área. Para hacerlo, posiblemente se requiera que el estado adopte una decidida política de promoción del abastecimiento y que defina un sistema de normas mediante cuya aplicación, empresas o asociaciones decidan instalar tales servicios y operarlos.
En los últimos años tuvo lugar en la Argentina una profunda reforma en la manera de operar del sector eléctrico. Ella consistió en definir un marco regulatorio que adapta al medio local muchas de las características de los sistemas eléctricos de los países anglosajones. En esencia, responzabiliza a empresas privadas de abastecer a los consumidores, presentes y futuros. Deja la generación de electricidad abierta a la competencia y somete su transporte y distribución y con rasgos de los llamados monopolios naturales a la regulación estatal. Esta, independientemente de sus bondades y deficiencias, tiene por propósito lograr que las relaciones entre los actores que participan del llamado sistema interconectado -generadores, transportistas de larga distancia, distribuidores y grandes y pequeños consumidores- sean tales que la producción y el consumo sean eficientes. Sin embargo, hay en la Argentina una población rural dispersa de unas 2,2 millones de personas -y casi cuarenta millones en América latina- que no está conectada a las redes de distribución de energía eléctrica y que no es probable que llegue a estarlo en un futuro previsible. El marco regulatorio mencionado no atiende a esos pobladores rurales dispersos y no prevé la manera de movilizar los recursos ni de poner en obra las soluciones técnicas que resuelvan tal situación de inequidad. Por ello, parece conveniente buscar la forma de hacerlo, es decir, encontrar una organización que abastezca de energía eléctrica a la población dispersa con unas condiciones de calidad, seguridad y costos adaptadas a sus características. Técnicamente, el camino es aprovechar los flujos energéticos renovables disponibles en cada zona y buscar que el servicio pueda mantenerse en el largo plazo y afecte minimamente el ambiente. La escasa densidad de población de las áreas rurales, el difícil acceso a los lugares donde viven muchas familias, y el bajo consumo de electricidad de las viviendas campesinas impiden expandir las redes de distribución para servir a esos 2,2 millones de potenciales consumidores, pues la rentabilidad de la inversión sería insuficiente. Sólo queda pensar en soluciones descentralizadas, que aprovechen fuentes locales de energía y que sean lo suficientemente eficientes y económicas como para abastecer al habitante rural. La radiación solar y el viento constituyen fuentes de ese tipo; son flujos energéticos más o menos permanentes, de mayor o menor intensidad, disponibles en casi todo el territorio y perfectamente aprovechables, mediante técnicas y equipos individuales, muy sencillos, para satisfacer las reducidas necesidades eléctricas de consumidores domiciliados en sitios poco accesibles (véanse figuras 1 y 2). Si no existen restricciones técnicas y, además, se pueden explotar en condiciones económicas aceptables ¿por qué no se lo hace? |
|
Figura 1. Radiación solar horizontal (valor medio anual
en kWh/m2 día). |
Figura 2. Velocidad media anual del viento
(km/h.) |
La respuesta es doble: en primer lugar, las soluciones técnicas aún no son suficientemente conocidas de manera masiva por los pobladores de áreas rurales. Sin duda, muchos las conocen y, para el caso del viento, hace años que las usan. También se están empezando a usar los paneles solares (ver "Aspectos Tecnológicos de los Sistemas Fotovoltaicos"). Pero entre el abastecimiento individual y el sistemático aquí considerado, hay un largo trecho. En segundo lugar, tal vez más importante, para lograr ese abastecimiento sistemático se requiere que el poder público lo promueva. Para lo cual necesita, ante todo, un marco regulatorio que tome en cuenta las particularidades de los mercados dispersos. Todos los avances teóricos y prácticos de los últimos años en materia de regulación energética se han referido a mercados concentrados, abastecidos por redes de distribución. Para la población campesina, que vive diseminada por el territorio, tal esquema es inaplicable. Se necesita, en cambio, esparcir por dicho territorio un conjunto de pequeñas instalaciones de producción eléctrica individual, una para cada casa o pequeño grupo de casas. Por ello, y porque esa población difiere de la urbana por su idiosincrasia y sus hábitos de consumo, se requiere crear un marco específico que permita atenderla y que considere los aspectos tecnológicos, económicos y de organización de los servicios, tanto en la etapa de instalación como en la de funcionamiento. Dicho marco deberá ser flexible para que pueda atender realidades diferentes en materia de consumo por vivienda, usos productivos de la electricidad, dotación zonal de recursos energéticos, capacidad económica, etc. |
|