Volumen 8 - Nº47 - Julio/Agosto 1998 |
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Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
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ARTÍCULO |
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El Oficio de los Huesos |
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Walter
Alves Neves |
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El hallazgo de huesos humanos en una excavación arqueológica es, para cualquier equipo de investigación, un acontecimiento notable. Pues este tipo de descubrimiento no es muy frecuente y porque, cuando ocurre, puede aportar una renovada y rica fuente de información. Hasta hace unos veinte años, los restos esqueléticos prehistóricos servían, casi exclusivamente, para abordar temas de demografía antigua, o bien para despejar interrogantes sobre la afinidad biológica entre poblaciones humanas en escala regional, continental y hasta extracontinental. En este tipo de investigaciones, la craneometría tenía un destacado papel y, para la mayoría de las personas, incluyendo desgraciadamente a muchos arqueólogos, se trataba casi exclusivamente de la medición de cráneos y del cálculo de distancias biológicas, es decir, del grado de parentesco biológico entre grupos humanos. |
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Vasija de cerámica pintada, con motivos tiwanacotas halladas en una tumba de San Pedro. |
Keros (vasos) de oro, típicos objetos usados por la sociedad Tiwanaku, hallados en tumbas de San Pedro. |
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| Tomados de Tesoros de San Pedro de Atacama - Museo Chileno de Arte Precolombino. | |||||||||||||||||||||||||||||||
Este cuadro se modificó, notablemente, en la década de los ochenta. El esqueleto, que hasta entonces era explorado como un "sistema cerrado", poseedor de informaciones eminentemente genéticas y biológicas, empezó a ser pensado por los bioantropólogos como algo que, también, era afectado por el estrés y por las necesidades cotidianas, y que respondía, plásticamente, a esas exigencias. Muchas veces, las respuestas eran apenas fisiológicas y no rebasaban la frontera de la normalidad. Otras, sin embargo, excedían esos límites y se constituían en una patología. |
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Localización geográfica de la región de San Pedro de Atacama, Norte de Chile (A y B), y vista general del desierto de Atacama con alguno de sus países (C). |
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Los especialistas comenzaron, entonces, a explorar esa nueva vertiente de posibilidades. Así, obtuvieron información sobre el estilo y tipo de vida, y la organización social de los pueblos antiguos ya desaparecidos. En ese panorama fue de fundamental importancia el concepto de osteobiografía, acuñado en 1976 por el bioantropólogo estadounidense Frank Saul, al estudiar los esqueletos procedentes del sitio arqueológico maya Altar de Sacrificios, en México. Saul demostró que, así como lo cotidiano imprime marcas indelebles en el esqueleto de un individuo vivo, también es posible reconstruir la historia de un hombre prehistórico por el camino inverso: yendo de los huesos al comportamiento. Este recorrido constituye lo que se denominó osteobiografía. Es obvio que luego de la reconstrucción osteobiográfica de cada
individuo, se puede llegar tanto al estilo y la calidad de vida del grupo en su conjunto,
como a los elementos de su organización social. Es cierto que se trata de una
reconstrucción limitada, porque aún conocemos poco sobre la relación entre las
actividades específicas y las marcas que aquellas dejan en el cuerpo. Dudamos, además,
de que algún día pueda determinarse con certeza la especialidad laboral de cada
individuo en una sociedad prehistórica. De este modo, los marcadores osteobiográficos no
resultan tan específicos y actividades distintas pueden conducir a un mismo patrón de
marcas. Con todo, estamos absolutamente convencidos de que los marcadores que hoy tenemos
son suficientes para generar una valiosa información sobre la vida prehistórica. Con esa
finalidad, desde 1987 un proyecto binacional entre el Brasil y Chile ha concentrado el
esfuerzo de científicos que estudian, de manera sistemática, los restos óseos
exhumados. Es posible afirmar que los primeros resultados son bastante alentadores. |
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Tabla 1:
Marcadores óseos más comúnmente utilizados por el bioantropólogo
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