Volumen 8 - Nº46 - MAYO/JUNIO 1998

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Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

ARTÍCULO

Una Tradición Cartográfica Física y Política de la Argentina, 1838-1882

Hernan Gonzalez Bollo
Facultad de Filosofía y Letras, UBA-CONICET

 

Los mapas de la Argentina contemporanea constituyen un producto cultural de primer nivel, más alla de las características de estricta rigurosidad positivas con que aparecen revestidos. Desde la Organización Nacional Hasta la presidencia de Julio Argentino Roca, el reconocimiento topográfico de la Argentina contó con la participación de diferentes tradiciones científicas europeas, en un singular itinerario que permite advertir una diversidad de usos de la cartografía.

La cartografía es, a la vez, un producto técnico y un artefacto cultural, por efecto de un contexto social (medios cartográficos, grabadores, impresores, libreros, usuarios) y del ensamble de operaciones y de elecciones gráficas (geometría, trazas Jineales, imágenes figurativas, ornamentos, escritura). Su más perdurable producto es un código de representación que organiza un verdadero lenguaje de efectos estéticos, intelectuales e imaginarios particulares. Tan azarosa como la creación del Estado argentino es la historia del trazado de mapas que permitió delimitar, desde mediados del siglo pasado, esta parte del globo ante los ojos de los lectores europeos, al fin y al cabo, potenciales inmigrantes e inversores. Los primeros mapas fueron soportes visuales indispensables de unas pequeñas obras de divulgación llamadas manuales estadísticos y geográficos. Estas cartas geográficas no fueron, únicamente, un instrumento de dominio sobre el territorio argentino, sino una imagen que otras naciones, primero, y el Estado nacional, después, habían elaborado y querían transmitir de la Argentina.

El más temprano manual estadístico y geográfico fue escrito en 1838 por Woodbine Parish (1796-1882), primer cónsul británico en las Provincias Unidas del Río de la Plata. En realidad, fueron dos ediciones impresas en Londres y la última ampliada con ilustraciones junto a un anexo de cuadros estadísticos. El título era un resumen de sus pretensiones enciclopédicas: Buenos Ayres and the Provinces of the Rio de la Plata from their discovery and conquest by the spaniards to the establishment of their political Independence. With sorne account of their present state, trade, debt, etc.; and appendix of historical and statistical documents; and a description of the geology and fossil monsters of the pampas (John Murray, Londres, 1852).

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Mapa de la expansión de la ciudad de Buenos Aires, entre 1767 y 1836, figura en la segunda edición de Parish.

En ocho años de estadía diplomática (1824-1832), Parish fue un atento espectador de la guerra contra el Brasil, la caída de Bernardino Rivadavia, la muerte del general Dorrego y el ascenso de Juan Manuel de Rosas. Con la expresa recomendación de su superior, el ministro Canning, de recoger o copiar cuanta información pudiera sobre la extensa geografía del ex virreinato, este aficionado a la historia natural, la botánica y la zoología, organizó una red de corresponsales en el interior. No pudo convencer al coronel español -y todavía realista- Cabrer para que le facilitara una colección de cartas geográficas levantadas a fines del siglo XVIII por los funcionarios españoles que discutieron los limites con los enviados del reino de Portugal. En cambio, si obtuvo una autorización de Rosas para que el Departamento de Topografía le hiciera algunos planos de la provincia de Buenos Aires. Aún más, tenía en su poder un mapa, propiedad del marqués de Barbacena, capturado con su valija en la batalla de Ituzaingó. Copió los diarios de viaje de varios comisionados de la corona española (Juan de la Piedra, Basilio Villariño y Félix de Azara) y "Las noticias históricas y descriptivas sobre el gran país del Chaco y río Vermejo", de José Arenales. También, el mapa levantado en 1833 por el general Pacheco que mostraba la marcha de la principal fuerza militar hacia el Rio Negro, desde la isla de Choele Choel hasta el río Neuquén.
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Portada de la segunda edición ampliada de la obra escrita por Woodbine Parish, publicada en Londres, 1852.

Ya en Londres, Parish le entregó toda la cartografía a John Arrowsmith, quien se encargó de grabar un mapa físico de las Provincias Unidas del Rio de la Plata desde el Río Negro hasta Bolivia. Este incluía a Chile, Paraguay, Uruguay y el sur del Brasil. A la derecha, aparecía un cuadro con sólo la delimitación de la Patagonia, Tierra del Fuego -fruto de las exploraciones realizadas por el capitán Fitz Roy en el Beagle- y las Islas Malvinas -como Falkland- en esta primera imagen del territorio argentino independiente, elaborada en Gran Bretaña. Parish, por su parte, había recomendado a la cancillería británica ocupar las Malvinas, como compensación imperial, ante el empréstito Baring impago firmado por Rivadavia.