Volumen 8 - Nº45 - MARZO/ABRIL 1998

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Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

ARTICULO


El Pantanal : Los primeros pasos de la prehistoria

Pedro Ignacio Schmitz
Instituto Anchietano de Investigaciones
Universidad del Valle del Río dos Sinos
San Leopoldo Río Grande del Sur


El Pantanal de Mato Grosso, con su naturaleza deslumbrante y prácticamente virgen, tiene un noteble atractivo para la gente. En años recientes las imágenes trasmitidas por una telenovela sirvieron, entre otras cosas, para difundir por el mundo los paisajes de esta region del Brasil. Además de su belleza natural, el Pantanal posee restos arqueológicos que nos puede revelar la historia de las sociedades que habitan allí en un pasado remoto. En este artículo se dan a conocer por primera vez los resultados de las investigaciones arqueológicas realizadas en esta región por los investigadores del Instituto Anchietano de Investigación (Unisinos) y de la Universidad Federal de Mato Grosso.


Pantanal siempre ejerció un secreto atractivo sobre los habitantes de las grandes ciudades. Esta atracción se origina en una constelación de ideas vinculadas a la imagen de una naturaleza salvaje e intocada, poblada por centenares de yacarés y carpinchos, bandadas de papagayos, biguás, espátulas rosadas y garzas, la pose soberbia del tuyuyú, la voracidad de las pirañas, los cardúmenes de kilómetros de extensión, la pesca del pintado, pacu y dorado, la llegada de arreos de terneros flacos en la época de la seca y que al cabo de la temporada son sacados de engorde con mucho apuro, antes de que se inunden los campos. Esto es Pantanal, pero no "el" Pantanal, porque son muchos los pantanales: el de Nabileque, Miranda, Abobral, Aquidauana, Nhecolándia, Paiaguá, Barón de Melgaco, Poconé o Cáceres. En su totalidad ocupan 140.000 km2, la mayor parte en los estados de Mato Grosso y Mato Grosso del Sur. Son el resultado del casi inexistente declive del terreno y de la angosta rivera del alto río Paraguay, donde las aguas de las precipitaciones estivales escurren con suma lentitud: colman el cauce y se derraman por los llanos, y originan un paisaje diluviano de canales y lagunas temporarias. Según los lugares, la bajante se produce cuatro, seis u ocho meses después de la finalización de la estación de las lluvias. Este es el paisaje predominante, pero se equivoca quien crea que toda el área es plana e inundada. En algunos lugares junto al río, cerca de Corumbá y Ladário, por ejemplo, afloran restos de una altiplanicie con un ambiente por completo diferente y que da lugar a otro tipo de instalación humana.

 

LA INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA

El interés por la ecología y la necesídad de estudiar y controlar las áreas naturales protegidas, atrajeron la atención hacia el Pantanal. Paralelamente a las investigaciones ecológicas y a los programas de aprovechamiento ambiental, nació el Proyecto Corumbá, primer estudio arqueológico regional amplio ejecutado por un grupo de jóvenes investigadores del Instituto Anchietano de Pesquisas (Unisinos) y de la Universidad Federal de Mato Grosso del Sur (UFMS): José Luis Peixoto, Jairo H. Rogge, Marcus Vinicius Beber, André O. Rosa, Jorge E. de Oliveira, Rodrigo Lavina, Maribel Girelli -entre otros-, coordinados por Pedro Ignácio Schmitz y María Angélica de Oliveira Bezerra.

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Fig.1
El área de estudio del Proyecto Corumbá, vinculado al Programa Arqueológic del Matto Grosso del Sur, que abarca el municipio del mismo nombre en ese estado.


El proyecto se inició en 1990 y su objetivo era el estudio de los yacimientos arqueológicos situados en un área de alrededor de 100km por 50km, en las proximidades de Corumbá y Ladário, junto a la frontera del Brasil con Bolivia (figura 1). La elección del área de trabajo estuvo determinada por razones de orden práctico: el equipo podía instalarse en Corumbá, utilizando como base de operaciones a la UFMS, y desplazarse por tierra sin tener que afrontar los riesgos de los vuelos en avionetas o estar a merced de la imprevisible subida de las aguas. Casi todas las otras áreas del Pantanal exigían una infraestructura costosa, que estaba más allá de las posibilidades del proyecto.

El estudio propuesto es una investigación de carácter regional que trata de entender la distribución de los sitios arqueológicos en los distintos ambientes naturales, la adaptación de las poblaciones a la diversidad local y cómo las sociedades evolucionaron o se sucedieron en el espacio. Además de las poblaciones prehistóricas, se estudiaron los grupos indígenas coloniales, lo que puso de relieve la continuidad histórica de las sociedades indígenas, desde las más antiguas hasta las etnias contemporáneas. Las formas de vida de las tribus del período colonial también proporcionan información para entender a las más antiguas, que, por otra parte, bien pueden ser sus antepasados.

Cuando los recursos económicos disponibles son escasos, no es fácil llevar a cabo una investigación de alcance regional en un terreno por completo desconocido y sin ninguna información previa sobre las áreas vecinas -el Brasil mismo, Bolivia o Paraguay- que hagan posible la formulación de hipótesis de trabajo. Por eso, durante el primer año de trabajo (1990) los investigadores se dedicaron a recorrer el territorio, interrogar a la gente del lugar y a desplegar su ingenio. Sin embargo, al cabo de tres semanas ya se habían descubierto algunos sitios que eran representativos de las culturas prehistóricas locales.

A la expedición de 1990 le sucedieron otras siete, con una duración de entre tres y cuatro semanas, cuyo resultado fue la localización de más de 200 sitios arqueológicos. En las etapas iniciales del poblamiento, las ocupaciones se distribuyen más densamente en las áreas inundables (175 sitios), lo cual representa una adaptación característica orientada al aprovechamiento de los recursos lacustres. Por el contrario, los asentamientos en el borde de la selva de la altiplanicie no son muy numerosos, pues constituyen el resultado de una adaptación, posterior y diferente, al monte con suelos aptos para los cultivos tropicales.

En cada uno de los sitios descubiertos se realizó algún tipo de registro arqueológico: como mínimo se describió y documentó el yacimiento, se lo situó en la carta geográfica y se recogió el material encontrado en la superficie. Esto permite tener una idea del tipo de asentamiento, su tamaño, estado de conservación y de quiénes fueron sus últimos ocupantes. En muchos sitios se hicieron excavaciones controladas de 2m por 2m para registrar la sucesión de las capas naturales y culturales, recoger muestras de artefactos, restos de alimentos, material para fechar y evidencia sobre el medio ambiente del pasado. Asimismo, había interés por hallar entierros que pudiesen proporcionar información sobre los aspectos biológicos y culturales de las antiguas poblaciones (figura 2).

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Fig 2
Corte estratigráfico en terraplén cubierto de palmeras arcuri junto a río Abobral (A) y pequeña excavación en una isla de la laguna de Jacadigo (B).


En una segunda campaña, que comenzó en julio de 1996, se tenía planeado llevar a cabo excavaciones más extensas. Por ser costosas y lentas, se hicieron en sólo dos sitios: en el más antiguo del área inundada -donde antes se había descubierto un cementerio-que permitió tener un conocimiento de cómo eran los campamentos básicos de las poblaciones indígenas que vivían en las márgenes de los ríos, pescando, recogiendo moluscos en las lagunas y cazando. El otro sitio elegido era un asentamiento con restos de cerámica sobre una pequeña isla en la gran laguna de Jacadigo: allí estaba la secuencia intacta de las distintas ocupaciones de sociedades que usaban objetos de alfarería en su vida cotidiana.