Volumen 8 - Nº45 - MARZO/ABRIL 1998 |
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Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
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ARTICULO |
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Pedro Ignacio Schmitz |
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El Pantanal de Mato Grosso, con su naturaleza deslumbrante y prácticamente virgen, tiene un noteble atractivo para la gente. En años recientes las imágenes trasmitidas por una telenovela sirvieron, entre otras cosas, para difundir por el mundo los paisajes de esta region del Brasil. Además de su belleza natural, el Pantanal posee restos arqueológicos que nos puede revelar la historia de las sociedades que habitan allí en un pasado remoto. En este artículo se dan a conocer por primera vez los resultados de las investigaciones arqueológicas realizadas en esta región por los investigadores del Instituto Anchietano de Investigación (Unisinos) y de la Universidad Federal de Mato Grosso.
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| LA INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA El interés por la ecología y la necesídad de estudiar y controlar las áreas
naturales protegidas, atrajeron la atención hacia el Pantanal. Paralelamente a las
investigaciones ecológicas y a los programas de aprovechamiento ambiental, nació el
Proyecto Corumbá, primer estudio arqueológico regional amplio ejecutado por un grupo de
jóvenes investigadores del Instituto Anchietano de Pesquisas (Unisinos) y de la
Universidad Federal de Mato Grosso del Sur (UFMS): José Luis Peixoto, Jairo H. Rogge,
Marcus Vinicius Beber, André O. Rosa, Jorge E. de Oliveira, Rodrigo Lavina, Maribel
Girelli -entre otros-, coordinados por Pedro Ignácio Schmitz y María Angélica de
Oliveira Bezerra. |
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Fig.1 |
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El proyecto se inició en 1990 y su objetivo era el estudio de los yacimientos arqueológicos situados en un área de alrededor de 100km por 50km, en las proximidades de Corumbá y Ladário, junto a la frontera del Brasil con Bolivia (figura 1). La elección del área de trabajo estuvo determinada por razones de orden práctico: el equipo podía instalarse en Corumbá, utilizando como base de operaciones a la UFMS, y desplazarse por tierra sin tener que afrontar los riesgos de los vuelos en avionetas o estar a merced de la imprevisible subida de las aguas. Casi todas las otras áreas del Pantanal exigían una infraestructura costosa, que estaba más allá de las posibilidades del proyecto. El estudio propuesto es una investigación de carácter regional que trata de entender la distribución de los sitios arqueológicos en los distintos ambientes naturales, la adaptación de las poblaciones a la diversidad local y cómo las sociedades evolucionaron o se sucedieron en el espacio. Además de las poblaciones prehistóricas, se estudiaron los grupos indígenas coloniales, lo que puso de relieve la continuidad histórica de las sociedades indígenas, desde las más antiguas hasta las etnias contemporáneas. Las formas de vida de las tribus del período colonial también proporcionan información para entender a las más antiguas, que, por otra parte, bien pueden ser sus antepasados. Cuando los recursos económicos disponibles son escasos, no es fácil llevar a cabo una investigación de alcance regional en un terreno por completo desconocido y sin ninguna información previa sobre las áreas vecinas -el Brasil mismo, Bolivia o Paraguay- que hagan posible la formulación de hipótesis de trabajo. Por eso, durante el primer año de trabajo (1990) los investigadores se dedicaron a recorrer el territorio, interrogar a la gente del lugar y a desplegar su ingenio. Sin embargo, al cabo de tres semanas ya se habían descubierto algunos sitios que eran representativos de las culturas prehistóricas locales. A la expedición de 1990 le sucedieron otras siete, con una duración de entre tres y cuatro semanas, cuyo resultado fue la localización de más de 200 sitios arqueológicos. En las etapas iniciales del poblamiento, las ocupaciones se distribuyen más densamente en las áreas inundables (175 sitios), lo cual representa una adaptación característica orientada al aprovechamiento de los recursos lacustres. Por el contrario, los asentamientos en el borde de la selva de la altiplanicie no son muy numerosos, pues constituyen el resultado de una adaptación, posterior y diferente, al monte con suelos aptos para los cultivos tropicales. En cada uno de los sitios descubiertos se realizó algún tipo de registro
arqueológico: como mínimo se describió y documentó el yacimiento, se lo situó en la
carta geográfica y se recogió el material encontrado en la superficie. Esto permite
tener una idea del tipo de asentamiento, su tamaño, estado de conservación y de quiénes
fueron sus últimos ocupantes. En muchos sitios se hicieron excavaciones controladas de 2m
por 2m para registrar la sucesión de las capas naturales y culturales, recoger muestras
de artefactos, restos de alimentos, material para fechar y evidencia sobre el medio
ambiente del pasado. Asimismo, había interés por hallar entierros que pudiesen
proporcionar información sobre los aspectos biológicos y culturales de las antiguas
poblaciones (figura 2). |
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Fig 2 |
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En una segunda campaña, que comenzó en julio de 1996, se tenía planeado llevar a cabo excavaciones más extensas. Por ser costosas y lentas, se hicieron en sólo dos sitios: en el más antiguo del área inundada -donde antes se había descubierto un cementerio-que permitió tener un conocimiento de cómo eran los campamentos básicos de las poblaciones indígenas que vivían en las márgenes de los ríos, pescando, recogiendo moluscos en las lagunas y cazando. El otro sitio elegido era un asentamiento con restos de cerámica sobre una pequeña isla en la gran laguna de Jacadigo: allí estaba la secuencia intacta de las distintas ocupaciones de sociedades que usaban objetos de alfarería en su vida cotidiana. |
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