Volumen 8 - Nº44 - ENERO/FEBRERO 1998 |
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Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
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NOTA |
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El primer consejo que suelo dar a quienes desean tomar el hobby de la Astronomía y me preguntan qué tipo de telescopio comprar es este: en principio, ninguno. En realidad, usted ya tiene un instrumento que le permitirá explorar algunos lugares realmente fantásticos de nuestro rincón del Cosmos. Al alcance de sus propios ojos está la Luna, todo un mundo extraterrestre increiblemente antiguo y apenas explorado; o la Vía Láctea, un conglomerado de miles de millones de estrellas cruzando el cielo de horizonte a horizonte. También hay constelaciones, figuras imaginarias recreadas por nuestros ancestros y que nos cuentan deliciosas historias; planetas que serpentean por el Zodíaco; estrellas fugaces que caen en una eterna llovizna sobre nuestro planeta, y mucho más. En las buenas librerías encontrará mapas del cielo y libros que le enseñarán a ubicar las constelaciones y los objetos celestes que en ellas se encuentran. Una excelente y relativamente económica alternativa es un buen par de largavistas. Casi cualquier modelo le permitirá resolver la Vía Láctea en un sinfín de estrellas, o la superficie de la Luna en un universo de cráteres. Y si la geología lunar no es su fuerte, más allá están los cúmulos estelares en apiñados racimos, entre otras maravillas. Los binoculares vienen en modelos de distintos aumentos y diámetros de sus lentes. Por ejemplo, con un par de 7x50 obtendrá siete aumentos a través de lentes de 50mm de diámetro. A menudo, los astrónomos prefieren diámetros generosos y no muchos aumentos, con el fin de obtener imágenes brillantes y un campo visual amplio. Sin embargo, los largavistas de 70mm o más tienden a ser caros y requieren el uso de un trípode o punto de apoyo para ganar estabilidad. Diámetros entre 40 y 70mm pueden ser apropiados en la mayoría de los casos. La calidad de la óptica puede influir notablemente en el precio, de modo que camine un poco o busque en catálogos antes de decidir por un determinado modelo. Si puede probarlos, fuese que las imágenes aparezcan claras y definidas, sin halos de colores a su alrededor. Pero si ha decidido que realmente ha llegado el momento de comprar un telescopio, el próximo paso es explorar las diferentes alternativas y analizar cómo se pueden adecuar a sus necesidades particulares. ANATOMÍA DE UN TELESCOPIO REFLECTOR Mucha gente imagina un telescopio como un tubo con una lente en cada punta y un barbado señor adosado a una de ellas. A este tipo (de telescopios) se lo conoce como refractar, del que trataremos luego. Los aficionados conocedores prefieren, por su menor costo relativo, los telescopios reflectores, los cuales tienen un par de espejos acomodados dentro del tubo que cumplen la misma función que las lentes: recoger tanta luz estelar como se pueda y conducirla hasta el ojo del observador (la barba, naturalmente, no es imprescindible). Los reflectores vienen en distintos modelos, de acuerdo con la configuración de sus elementos ópticos. Los más comunes son conocidos como newtoniano y cassegrain. En ambos casos, la luz estelar entra por el tubo del telescopio, se refleja en un espejo cóncavo -el objetivo-, y se concentra en un foco frente a él. Por razones prácticas, antes de llegar al foco, el haz de luz es desviado mediante un espejo secundario. En el modelo newtoniano, este es un espejo plano que desvía la luz hacia un costado del tubo donde se coloca el ocular (Figura 1). En el caso de los modelos cassegrain, el espejo secundario dirige la luz hacia un orificio en el centro del espejo primario, donde se halla el ocular (Figura 2). La función del ocular es aumentar la minúscula imagen que se forma en el foco del espejo primario. |
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Fig. 1.
Fig. 2. |
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En el objetivo se acumula la luz estelar, por lo tanto, a mayor diámetro del objetivo, mayor capacidad de recolección de luz, por lo que los astrónomos siempre buscan aperturas mayores. Pero este es también el principal factor que influye en el costo de un telescopio. Los aficionados típicamente compran telescopios reflectores de 10 a 30cm de diámetro, aunque no son pocos los que acceden a instrumentos de 40 y 50cm. Tenga en cuenta que uno de 30cm puede costar tres a cuatro veces más que uno de 15cm del mismo modelo. Luego veremos qué tamaño es el más adecuado para sus necesidades. El ocular, usualmente intercambiable, confiere los "aumentos" al telescopio. No crea al vendedor que asevera que un telescopio es excelente porque tiene una magnificación de 500 aumentos. De hecho, tantos aumentos producen una imagen pobre, de poco contraste y que "baila" debido a la turbulencia atmosférica, la cual también resulta magnificada. Los oculares se miden en milímetros, y los aumentos dependen de la distancia focal de su telescopio. Por ejemplo, si tiene un telescopio de 1500mm de distancia focal y un ocular de 10mm, el número de aumentos será 1500/10 = 150. La Tabla 1 muestra los aumentos mínimos y máximos recomendables para distintas aperturas. Es recomendable tener al menos dos o tres oculares de distintas distancias focales. La experiencia y el cielo del lugar le indicarán qué es lo que más conviene, pero no deje de tener siempre a mano uno "largo", con el que obtendrá un campo visual amplio, nítido y brillante. Son accesorios relativamente baratos. Si el telescopio tiene más de 10cm de diámetro necesitará, además, un pequeño catalejo adosado y paralelo al tubo principal. El buscador permite ubicar con más facilidad el objeto en un campo de visión mucho más amplio. Mirando a través de él verá un hilo en cruz que permite centrar las estrellas en el campo visual. |
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TABLA 1 Aumentos recomendables según el diámetro
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| MONTURAS Al igual que un gaucho con su caballo, el astrónomo no puede cabalgar los cielos confortablemente si su telescopio no tiene la montura adecuada. Naturalmente, también es posible "andar en pelo", es decir, sin montura alguna. En telescopios sencillos, la montura es a menudo un simple trípode, pero en general las hay de dos clases: horizontal o azimutal- y ecuatoriaL La primera permite que el telescopio se mueva horizontal y verticalmente, mientras que la segunda admite movimientos alineados con el ecuador y los meridianos celestes. La montura horizontal es usualmente más económica, pero con ella no se pueden realizar observaciones prolongadas, ya que el movimiento de rotación de la Tierra sacará al objeto del campo de visión. Por supuesto, hay telescopios sofisticados -más caros-, que tienen adosada una computadora para mover la montura horizontal en forma apropiada. Un tipo de montura horizontal que ha ganado popularidad reciente en los Estados Unidos y en otros países es la denominada dobsoniana. |
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| Muchos aficionados encuentran conveniente su
gran estabilidad y simple diseño, lo cual permite acceder a mayores diámetros sin pagar
fortunas. Se trata de una especie de horqueta en una base baja, de modo que sólo se usan
en telescopios newtonianos. La montura ecuatorial permite compensar el movimiento diurno
de las estrellas en un solo movimiento, el cual a menudo es realizado por un pequeño
motor. Es recomendable para telescopios mayores o para ser utilizada por aficionados muy
activos, ya que se pueden fotografiar los astros. En ambos modelos de monturas encontrará
variantes tales como trípode, horqueta, con pilar, etc. Las del estilo trípode suelen
ser las más económicas y fáciles de manipular para quienes deban transportar su
telescopio. Algunos pocos modelos, en aperturas pequeñas, tienen bases compactas que
permiten apoyarlos en una mesa, lo cual elimina cualquier problema de espacio. |
Reflector newtoniano con montura dobsoniana. |
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