Volumen 8 - Nº44 - ENERO/FEBRERO 1998 |
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Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
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ARTíCULO |
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Jean
Einsenstaedt Antonio Augusto Passos Videira Universidad del Estado de Río de Janeiro |
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Cuando, en 1907, Albert Einstein decidió enfrentar el problema de la gravitación, encontró poco apoyo entre los científicos, Después de todo, eso significaba poner en peligro la teoría de la gravitación universal de Sir Isaac Newton, lanzada 220 años antes e irrefutada hasta entonces. ¿Qué podía resultar? Para el físico alemán, sin embargo, se trataba de una cuestión de principios. La presencia de una duda en la grandiosa construcción teórica de Newton (Figura 1) resultaba insoportable para Einstein, pero tenía, al mismo tiempo, un lado positivo, en tanto significaba que todavía quedaba algo por ser comprendido. El detalle que perturbaba a Einstein puede presentarse del siguiente modo: mientras el concepto de velocidad -dentro de la teoría de la relatividad restringida que él mismo había elaborado y publicado en 1905- es relativo, no ocurre lo mismo con el concepto de aceleración. Así, el sistema inercial (sistema en el cual son válidas las leyes de la mecánica) parecía ocupar un lugar privilegiado en la teoría de Newton, situación que incomodaba al científico, porque indicaba que algo no estaba bien entendido en las relaciones entre el principio de la relatividad y la gravitación newtoniana. Esa molestia hizo que dedicara los diez años siguientes de su vida al problema y lo llevó al desarrollo de la teoría de la relatividad general. Aunque la relatividad restringida había introducido profundas modificaciones en la estructura conceptual de la mecánica clásica -las ideas de espacio y tiempo relativos, y de una velocidad máxima (c) para todos los cuerpos, por ejemplo-, al ser yuxtapuesta a la gravitación newtoniana (yuxtaposición obligatoria, ya que la relatividad restringida es una superteoría, o sea, todas las otras teorías de la física deben obedecer sus postulados), la nueva teoría contenía un serio problema. Los sistemas de referencia inerciales (sistemas de coordenadas donde no existen fuerzas externas actuando) aparentemente seguían teniendo una situación privilegiada, comparados con los otros sistemas llamados no-inerciales. La teoría de la relatividad general propone convertir los sistemas
no-inerciales en "equivalentes" a los sistemas inerciales. En otras palabras,
con la formulación de su teoría de la relatividad general, Einstein (Figura 2) intentó
construir una física que fuese válida para cualquier sistema de referencia. |
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Para aclarar la
duda, Einstein necesitó estudiar la geometría de Riemann, para lo que contó con la
ayuda de Marcel Grossmann, antiguo compañero de estudios en la Eidgenossische Technische
Hochschule, en Zurich. El recurso a esa geometría, basada en el concepto de curvatura,
contrariaba las desconfianzas iniciales de Einstein, pues parecía significar que la
naturaleza no era tan simple como él se imaginaba, o al menos, tanto como lo deseaba. |
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