Volumen 8 - Nº44 - ENERO/FEBRERO 1998 |
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Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
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ARTICULO |
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El 46% de la radiación solar o onda corta (por tratarse en su mayor parte de radiación con longitudes de onda menor de 4µm) que llega a nuestro planeta, es absorbida por la superficie terrestre. Una cantidad menor (23% del total) es absorbida por distintos componentes de la atmósfera, como el aire, el polvo o las nubes y el resto (31% del total) es reflejada por las nubes y la superficie terrestre, o dispersada hacia el espacio por las moléculas de aire. La dinámica de la atmósfera y los océanos permite una redistribución de las diferentes cantidades de energía recibidas desde el sol en diferentes latitudes. Las superficies de océanos y continentes pierden constantemente energía irradiando hacia el espacio exterior en longitudes de onda que dependen de sus respectivas temperaturas, en su, mayor parte superiores a 4µm (por lo que se la denomina radiación terrestre o de onda larga). (Fig. 1) Parte de la radiación de onda larga emitida por la superficie terrestre, es absorbida y vuelta a emitir en todas direcciones, incluso nuevamente hacia la Tierra, por algunos gases que componen la atmósfera (especialmente, vapor de agua, dióxido de carbono, metano, clorofluorocarbonos y ozono). La presencia de estos gases reduce la pérdida efectiva de calor por la superficie terrestre, y eleva substancialmente su temperatura. Este proceso es comúnmente conocido como efecto invernadero, y los gases que intervienen activamente en él se designan en su conjunto gases invernadero. Esta expresión proviene del hecho de que los mencionados gases atrapan parte de la energía infrarroja y reducen el enfriamiento de la Tierra como en un invernadero. Aunque en este último el menor enfriamiento se debe mayormente a una disminución de la pérdida de calor por los movimientos convectivos del aire contenido en su interior. Si la concentración de gases invernadero se incrementara, tanto la superficie terrestre como las capas bajas de la atmósfera aumentarían su temperatura. Como consecuencia de esto aumentaría la cantidad de radiación generada en la Tierra hasta llegar a un nuevo equilibrio entre los flujos de radiación, en el que el total de energía recibida por la radiación solar incidente en unidad de tiempo sería nuevamente igual a la del total de energía emitida por la Tierra en unidad de tiempo. La magnitud del efecto invernadero dependerá de la concentración de cada uno de los gases, y de la forma en que esa concentración varíe con la altura. El C02 atmosférico es producido por todos los organismos que obtienen su energía del consumo de oxígeno y por los procesos de combustión natural o de origen humano. La principal fuente de consumo de C02 atmosférico es el proceso de fotosíntesis que transcurre en los vegetales (véase "Agua Carbono Luz y Vida" en CIENCIA HOY N°27, p.41). Por eso, las principales causas del aumento del C02 atmosférico son: el aumento de su generación, como consecuencia del uso de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) y la disminución de su consumo, como consecuencia de los cambios en el régimen de explotación de la Tierra, en particular, la deforestación de las selvas tropicales húmedas. Otra fuente importante de C02 es la producción de cemento. Entre las fuentes de producción del metano se encuentran los procesos bacterianos que se generan en los cultivos de arroz, las industrias del carbón, petróleo y gas natural. Los clorofluorocarbonos son productos de síntesis humana que fueron abundantemente utilizados como disolventes y como gases refrigerantes. |
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Fig 1. |
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