Volumen 8 - Nš43 -Nov/Dic 1997 |
Revista de Divulgación Científica y Tecnológica
de la |
CIENCIA EN EL MUNDO |
La
filogenia frente a la justicia |
Jorge V. Crisci y
Liliana Katinas |
El uso del análisis filogenético del genoma para establecer conexiones epidemiológicas tiene antecedentes extrajudiciales en los Estados Unidos y Escocia, y antecedentes judiciales en Suecia y Holanda. Sin fines judiciales, la técnica fue utilizada en 1993 para rechazar la conexión epidemiológica entre un cirujano de Baltimore (Maryland) en los Estados Unidos infectado con HIV, y uno de sus pacientes, y establecer que la fuente de la infección había sido una transfusión de sangre que el paciente había recibido durante su tratamiento (1984-1985). En 1995 se utilizó el análisis filogenético para realizar un estudio de epidemiología molecular del HIV, en Escocia, con el objetivo de establecer el número y orígenes de las variantes del virus y los posibles patrones de su transmisión en Edimburgo. Al menos en dos casos judiciales fuera de los Estados Unidos se aceptó en años recientes la evidencia proporcionada por el análisis filogenético. En Suecia, en 1993, un acusado de violación, portador del SIDA, fue condenado además por infectar deliberadamente a su víctima con el virus de esta enfermedad. En este caso, el acusado era un drogadicto que había sido diagnosticado como portador del virus en 1986. Unas semanas después de la violación, la víctima descubrió que era portadora del HIV. La comparación del ADN viral de la víctima, del acusado y de 21 portadores (tomados al azar) del área de Estocolmo donde había ocurrido el hecho, demostró que las secuencias correspondientes al HIV de la víctima estaban más relacionadas con las del HIV del acusado que con las del resto de las muestras (Fig. 1). El mismo tipo de evidencia fue utilizada en Holanda para acusar, y eventualmente enviar a prisión, a un hombre que intencionalmente había infectado a su ex novia con la sangre de un drogadicto portador de HIV. El ejemplo más notable y conocido de la aplicación del cladismo en casos judiciales, no fue un caso criminal y nunca llegó a juicio porque las partes llegaron a un acuerdo extrajudicial. Se trata del caso del dentista del estado de Florida: David Acer, portador del virus desde 1986 y fallecido en 1990, quien entre 1987 y 1989, y aparentemente sin intención, infectó durante tratamientos quirúrgicos a Kimberly Bergalis que falleció en 1991 y a otros cuatro pacientes. Ninguno de los cinco pacientes tenían conductas consideradas de riesgo y la única conexión que tenían entre sí era ser pacientes de Acer. Otros dos pacientes de Acer también contrajeron la enfermedad, pero presentaban algunas conductas consideradas de riesgo para el SIDA (por ejemplo, adicción a drogas de suministro por vía intravenosa). En 1992 el Center for Disease Control and Prevention (CDC, Centro para el control y la prevención de enfermedades) en Atlanta, una institución del gobierno de los Estados Unidos, que tiene prestigio mundial en epidemiología, tomó el caso y utilizando la secuencia de nucleótidos del genoma viral y el análisis filogenético demostró que los cinco pacientes sin conductas de riesgo y el dentista tenían una conexión epidemiológica, lo que no sucedía con los dos pacientes con conductas de riesgo (Fig. 2). El CDC incluyó en su estudio a 35 portadores del HIV elegidos al azar del área donde el dentista tenía su consultorio y sin relación aparente con el dentista o sus pacientes. Además del análisis filogenético, el CDC utilizó la técnica de medir la distancia genética de a pares de cepas y, aunque sin precisar la dirección de transmisión, halló que el dentista y sus cinco pacientes tenían cepas con un promedio de 4% de diferencias entre ellas; cuando el promedio de diferencia en las cepas tomadas al azar y en los pacientes con conducta de riesgo es 11%. Una tercera técnica utilizada por el CDC y que confirmó lo hallado por el análisis filogenético, fue la comparación de las secuencias de aminoácidos de proteínas virales. Una vez terminado el trabajo del CDC, apareció un octavo paciente de Acer infectado del virus. Este paciente presentaba conductas de riesgo, y la secuencia del genoma viral resultó diferente de la del dentista en un 10,7%, lo que mostró no estar estrechamente relacionada con la del dentista y con los cinco pacientes. El trabajo del CDC se publicó en la revista científica Science, pero nunca llegó a la justicia pues el paciente (uno de los tres con conducta de riesgo) que presentó la demanda contra el dentista llegó a un arreglo extrajudicial con la compañía de seguros del dentista, la que aparentemente también proporcionó una compensación económica al resto de los pacientes. Un grupo de expertos contratados por la compañía de seguros (que no fueron utilizados por el mencionado arreglo extrajudicial) no quedó convencido de los resultados obtenidos por el CDC. El caso de Acer tuvo una inusual difusión en los medios de comunicación por ser el primer caso en que el CDC halló que un profesional de la salud aparentemente contagió a sus pacientes. Pero el hecho de que el tema no llegara a juicio, postergó un, cuando menos, interesante debate en los estrados judiciales sobre el valor del análisis filogenético en estos casos. Ni Darwin, cuando en 1859 sentó las bases para aceptar que la vida tiene una historia genealógica, ni Haeckel en 1866 al crear el concepto de filogenia para reflejar esta historia genealógica, ni Hennig en 1950 al proponer un método para reconstruir la filogenia, siquiera vislumbraron que la genealogía de los organismos seria motivo de debate judicial a fines del siglo XX. Una vez más la biología moderna demuestra que se halla en el centro de la sociedad humana y que nada de lo humano le es ajeno: ni siquiera la justicia. |
la Srta. Kandis Elliot Department of Botany, University of Wisconsin-Madison. Lecturas sugeridas
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