Volumen 7 - Nš42 - Set/Oct 1997

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Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

INFORME

Eliminación de Residuos Radiactivos de Alta Actividad

Norberto R. Ciallella
Autoridad Regulatoria Nuclear

En 1980, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) decidió estudiar el destino que se daría a los llamados residuos radiactivos de alta actividad. Inició entonces un conjunto de investigaciones en las que intervinieron especialistas de diversas disciplinas. El trabajo dio origen a una voluminosa documentación técnica, publicada en 1990 (Repositorio de residuos radiactivos de alta actividad: estudio de factibilidad y anteproyecto de ingeniería, 45 volúmenes) y disponible en varias bibliotecas (CNEA, Congreso de la Nación, legislatura del Chubut, etc.). El estudio apuntó exclusivamente a la eliminación de desechos generados en la Argentina y no consideró la posibilidad de recibir materiales provenientes de otros países. Así, en un documento del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) se mencionó que nuestro país está llevando a cabo "un estudio de factibilidad y de definición conceptual de la ingeniería de un repositorio profundo en formaciones graníticas no fracturadas para la eliminación de los residuos del plan nuclear argentino" (Boletín OIEA, 25, 4, 1984). Desde 1994, por otro lado, recibir residuos del extranjero está vedado por el artículo 41 de la constitución nacional reformada, que dice: se prohibe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos.

Los objetivos del citado estudio fueron: (l) demostrar que, con el conocimiento tecnológico disponible, los residuos radiactivos de alta actividad podían ser eliminados en forma segura entendiendo por tal a cualquier forma de eliminación cuya probabilidad de sufrir un accidente en un año fuese menor a una en un millón-; (Il) identificar una formación geológica aceptable para la eliminación de los residuos; (lll) identificar los aspectos tecnológicos en los que sería necesario concentrarse, y (lv) calcular la incidencia de la eliminación de los residuos en el costo de la energía eléctrica de origen nuclear.

Por residuos radiactivos se entiende cualquier material de desecho de instalaciones o artefactos nucleares que contenga o esté contaminado por sustancias que emitan radiaciones mayores que las consideradas aceptables. Se los puede dividir de manera sencilla en: residuos exentos o desregulados y residuos de baja, media y alta actividad.

Se consideran residuos desregulados o exentos de control a aquellos cuya radiactividad es suficientemente baja como para que no se justifique incluirlos en el sistema de regulación y control. Pueden tratarse como residuos ordinarios y eliminarse junto con estos, ya sea inmediatamente de ser generados o después de un tiempo de almacenamiento que lleven las emisiones al nivel requerido.

Los residuos de baja actividad son aquellos que deben mantenerse aislados por un tiempo igual o menor que la vida útil de las instalaciones que los generan. A esta categoría pertenece la mayoría de los desechos sólidos de la operación de instalaciones nucleares y del uso de isótopos radiactivos para diversos propósitos; suelen ser papeles, materiales plásticos, telas, etc. Los residuos de media actividad requieren tiempos de aislamiento superiores a la vida útil de las instalaciones que los producen, pero menores que la de los materiales -como el hormigón o determinados compuestos orgánicos- con los que se los puede mantener incomunicados con el ambiente, es decir, con los que se crean barreras de ingeniería; a esta categoría pertenecen resinas, barros, filtros de centrales nucleares y fuentes radiactivas de uso médico e industrial. Los residuos de alta actividad requieren tiempos de aislamiento del ambiente considerablemente mayores, del orden de las centenas de años; provienen típicamente de los combustibles de las centrales nucleares. El presente trabajo se refiere exclusivamente a desechos de alta actividad.

 

Con el estudio mencionado, del que participaron alrededor de doscientos especialistas de varias universidades y de otras instituciones del sector científico y tecnológico del país, se encaró el análisis de un eventual problema ambiental décadas antes de que se produjera. La decisión de considerar con suficiente anticipación los aspectos técnicos de la eliminación de esos residuos, y evitar transferir el problema a las generaciones futuras, se basó no sólo en premisas tecnológicas sino, también, en el criterio ético de que las generaciones que reciben los beneficios de la energía nuclear deben hacerse cargo de los residuos. Como lo señaló el secretario general de la UNESCO, Federico Mayor, "los derechos de las generaciones futuras dependen del cumplimiento de los deberes de las generaciones presentes, frente a sus hijos y a los hijos de sus hijos" (Correo de la UNESCO, marzo de 1993).

En agosto. de 1992, sin embargo, la CNEA tomó la decisión de no seguir adelante con los planes de construir un repositorio para los desechos en cuestión, la que ratificó el directorio de la CNEA en marzo de 1997. La ley nacional sobre la actividad nuclear (24.804), promulgada en abril de 1997, estableció que, para definir la ubicación de un repositorio de residuos, la CNEA debe proponer un lugar de emplazamiento que haya sido aprobado por la Autoridad Regulatoria Nuclear en lo referente a seguridad radiológica y nuclear, y por una ley del estado provincial donde esté localizado (art. 12).

Los residuos radiactivos de alta actividad son una consecuencia inevitable de la operación de centrales nucleares: cuando se toma la decisión de construir y operar una central, se ha tomado también la decisión de generar tales residuos. La mayoría de los países que utilizan esa clase de energía para producir electricidad ha implantado, por ello, programas orientados a eliminarlos de manera segura. Hay amplio acuerdo en la comunidad tecnológica y científica internacional acerca de la forma de encarar dicha eliminación, que consiste, esencialmente, en aislar los residuos del ambiente encerrándolos tras barreras naturales y artificiales. Según las experiencias de otros países, las barreras naturales más convenientes son formaciones geológicas de rocas graníticas cristalinas, domos de sal, basaltos o arcillas, de las cuales, desde un punto de vista técnico, las dos primeras constituyen las mejores opciones. La eliminación en basaltos o arcillas generalmente es adoptada por países en cuyos territorios no hay formaciones graníticas no mineras ni domos de sal no petrolíferos.