Volumen 7 - Nº42 - Set/Oct 1997

chtxt42.gif (11120 bytes)

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

ARTÍCULO

Ahipa, La legumbre tuberosa de los Andes

Alfredo Grau
Laboratorio de Investigaciones Ecológicde las Yungas-UNT

FUENTES, DESTINOS Y LA MINGA

El principal lugar de síntesis de carbohidratos de una planta reside en las hojas, donde usualmente ocurre el proceso de la fotosíntesis, es decir, el uso de la energía de la radiación solar para la síntesis de compuestos químicos (véase "Agua, carbono, luz y vida" en CIENCIA HOY 5: 41-56, 1994). Desde las hojas los carbohidratos se distribuyen a través del sistema vascular, con la participación del floema, el tejido especializado en el transporte de substancias elaboradas. El principal carbohidrato que se transporta así es la sacarosa o azúcar común, que es estable y que atraviesa fácilmente membranas y tejidos conductores. La sacarosa transportada desde las hojas hacia distintas zonas de la planta puede sufrir tres destinos: uno es ser degradada y oxidada para generar energía, otro es servir de materia prima para la síntesis de la celulosa necesaria para formar parte de las paredes celulares y el tercero, servir de substrato para la formación de almidón, que constituye la forma más corriente de almacenamiento de reservas alimentarias en las plantas.
Los órganos jóvenes y en crecimiento, tales como yemas, hojas, flores, frutos o tubérculos, comúnmente captan preferentemente los carbohidratos sintetizados en las hojas, mediante un proceso que probablemente esté guiado por mecanismos hormonales. Los diferentes lugares de captación de carbohidratos pueden competir fuertemente entre sí limitando mutuamente su adecuado desarrollo.
ahip07.jpg (14846 bytes)
Por ejemplo, si un duraznero tiene muchos frutos cuajados, estos competirán activamente por carbohidratos y el resultado final puede ser numerosos duraznos pequeños y con poco sabor. Por ello, una práctica agronómica corriente en ese caso constituye el "raleo" de frutos, es decir, arrancar una parte de ellos, con lo cual se obtienen menos duraznos pero más grandes y más dulces. En el caso de la ahipa se establece en etapas tempranas una competencia entre la raíz tuberosa y las vainas en las que se desarrollan las semillas, que no sólo abarca a los carbohidratos sino también a compuestos nitrogenados, principalmente, aminoácidos. Por ello en condiciones naturales, una planta de ahipa da un número apreciable de vainas cuajadas con numerosas semillas y una raíz tuberosa poco desarrollada (Fig. I).

Fig. I
Una planta de ahipa cultivada en invernadero sin que se haya realizado raleo de vainas. Nótese el pobre desarrollo de la raíz tuberosa asociado a la producción de cinco vainas llenas de semillas. Foto : A Grau


En las regiones donde la ahipa se cultiva se han desarrollado técnicas para reorientar la mayor parte de los recursos hacia la raíz tuberosa mediante la eliminación periódica de las flores y vainas pequeñas. Esta tarea se debe realizar manualmente, es extremadamente laboriosa y demanda muchas horas/hombre. Además del esfuerzo en sí, la presencia de rotenona en los tejidos determina al cabo de cierto tiempo de trabajo que aparezca, en quienes realizan esta tarea, una irritación intensa y muchas veces escoriaciones en los dedos. La magnitud del esfuerzo y sus consecuencias hace que con frecuencia la familia dueña de una parcela de ahipa sea incapaz de realizar el raleo en forma oportuna. La solución andina a esta dificultad está dada por la minga, una práctica ancestral en muchas regiones de los Andes que consiste en la participación de buena parte de la comunidad que concentra la misma actividad en una misma parcela.

En el caso del cultivo de la ahipa, la minga se utiliza para ralear flores y vainas de una parcela hasta eliminarlas totalmente de ella. Generalmente los beneficiarios directos de la minga retribuyen la ayuda realizando las mismas actividades u otras de naturaleza comparable en tiempo o esfuerzo en las parcelas de cada uno de los contribuyentes. Si el área cultivada fuese suficientemente extensa, el raleo de flores y vainas necesario en ahipa justificarla desarrollar técnicas agronómicas de manejo, o de selección de variedades que permitan reducir la demanda de mano de obra manteniendo la productividad de raíces tuberosas.

Doña Rosa Mur y su hija realizando la última "desflorada" de su parcela de ahipa, a orillas del río Pilaya, Bolivia. En esta parcela la minga se practicó durante el raleo temprano, usualmente mucho mas laborioso. Foto : A. Grau

ahip06.jpg (11147 bytes)