Volumen 7 - Nº42 - Set/Oct 1997

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Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

ARTÍCULO

Ahipa, La legumbre tuberosa de los Andes

Alfredo Grau
Laboratorio de Investigaciones Ecológicde las Yungas-UNT

La ahipa es una planta cuya raíz tuberosa se consume cruda pelándola como una banana, quizás también podría consumírsela como legumbre, además sus hojas y tallos están impregnados de substancias con propiedades insecticidas.
Estas cualidades, que parecen las de un producto de la biotecnología moderna, son consecuencia de la sabiduría agronómica de los indígenas andinos.
A pesar de las interesantes propiedades de la ahipa, factores económicos y culturales pueden determinar que, si no se toman las medidas adecuadas, su cultivo se extinga.

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La raíz de la ahipa se consume casi exclusivamente en forma cruda, como una fruta. La corteza de la raíz se desprende con bastante facilidad de la porción interna, carnosa y blanca. Por ello es corriente que se la pele y consuma en forma similar a una banana.
Foto : A. Grau

La posibilidad de obtener cultivos con propiedades excepcionales, por ejemplo, plantas que simultáneamente produzcan bajo tierra tubérculos comestibles y en su parte aérea frutos jugosos, ha rondado desde hace tiempo la mente de los investigadores dedicados a la ciencia de las plantas. Hubo ocasiones en que esta posibilidad pareció estar a punto de hacerse realidad. Por ejemplo, en los años treinta, el desarrollo de los procedimientos para la hibridización intergenérica (esto es, la producción de plantas cuyas células poseen material proveniente de dos organismos bastante alejados genéticamente) en el campo permitió obtener un híbrido entre el rabanito (Raphanus sativus) y la col (Brassica oleracea) llamado Raphanobrassica. Esto fue un notable logro fitotécnico, pero resultó un fracaso desde el punto de vista de la agronomía, ya que el híbrido heredó las peores propiedades de sus progenitores y ninguna de las características favorables de estos. Más recientemente, en los años ochenta y con herramientas biotecnológicas sofisticadas que permiten producir protoplastos (es decir, células vegetales en las que se ha eliminado la pared celular rígida y que sólo conservan la membrana celular), fue posible unir (fusionar) células de distintas especies. Uno de los productos de este procedimiento fue el llamado pomato, nombre que se empleó para designar a un híbrido somático (esto es, un organismo obtenido por la combinación de otros dos sin que haya existido una unión sexual entre ellos) entre la papa (potato) y el tomate (tomato). Este nuevo éxito científico fue también una decepción en la práctica. El pomato resultó estéril e incapaz de producir tomates o papas. A pesar de estos resultados negativos, la biotecnología y la ingeniería genética vegetal están afinando cada vez más sus instrumentos. Esto ha permitido el desarrollo de plantas que toleran los herbicidas, aunque todavía falta probar su viabilidad económica y ecológica en el mediano y largo plazo dentro de este campo; pero en un terreno más hipotético algunos plantean la, en apariencia, quimérica-posibilidad de obtener cereales capaces de fijar nitrógeno atmosférico como lo hacen las legumbres.

Habida cuenta de estos antecedentes, describir una planta cuya raíz tuberosa es comestible y puede consumirse cruda pelándose como una banana, que produce legumbres (esto es, granos y vainas comestibles), y que por añadidura tiene sus hojas y tallos impregnados de una substancia con propiedades insecticidas, no puede menos que inducir a la idea de que se trata de un producto de los laboratorios de alguna gran multinacional de biotecnología que, adecuadamente protegido por patentes, será liberado al mercado.

Nada más alejado de la realidad que esta idea. El notable producto biotecnológico que hemos mencionado es la ahipa (Pachyrhizus ahipa), una leguminosa nativa de las laderas orientales delos Andes y ha resultado de la agronomía de los indígenas de la región andina. Esta tecnología autóctona alcanzó su máximo auge hace más de 500 años y fue particularmente eficiente en seleccionar especies tuberosas comestibles (ver, "Las especies tuberosas andinas").

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Ahipas en el mercado local de Tarija, Bolivia. Tanto en Bolivia como en Argentina quienes la cultivan y la consumen se refieren a esta raiz tubersa como "el fruto". Por ello en los mercados regionales se la hubica con las demás frutas, y no junto a las papas, batatas y otros tubérculos, como lo esperaría un observador externo.
Foto : A. Grau

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Dos ejemplares de ahipa plenamente desarrollados en el momento de la cosecha. El follaje está constituido por hojas de tres folíolos, comunes en varios grupos de leguminosas corrientes como poroto, soja o trébol.
Foto : A. Grau

Casi todas las leguminosas de uso común como la soja, el poroto, la arveja, la lenteja, el garbanzo y las habas se cultivan para utilizar sus granos en la dieta humana. En cambio, en el caso de la ahipa lo que se aprovecha es su raíz, que tiene la propiedad de almacenar gran cantidad de almidón. A diferencia de la papa, que constituye el mayor éxito biotecnológico de la cultura andina y que hoy se ha difundido en todo el mundo (véase "Especies silvestres y mejoramiento genético de la papa" en CIENCIA HOY 6: 46-53, 1996) o la oca y el ulluco, que son cultivados en miles de hectáreas entre Colombia y la Argentina, el cultivo de la ahipa ha ido dismínuyendo, por lo que ha desaparecido de muchos lugares o ha sido restringido a pequeñas parcelas en valles aislados, a pesar de que en el pasado estaba difundido a lo largo de los Andes y en la costa peruana. Entre las regiones en las que se cultivó ahipa en cierta escala, y donde todavía se la encuentra excepcionalmente, está el noroeste de la Argentina. Allí la ahipa se cultivó, quizá, desde tiempos prehispánicos en lo que ahora son las provincias de Jujuy y Salta. Fue justamente en Jujuy donde en 1935 el botánico argentino Lorenzo Parodi la encontró y realizó su clasificación sistemática, y le dio su ubicación taxonómica actual. Como en el resto del área andina, el cultivo de la ahipa también ha ido perdiendo importancia en nuestro país hasta tal punto que actualmente sólo un ínfimo número de campesinos lo practican. Un fenómeno similar, aunque menos agudo, se ha producido en Bolivia, donde a pesar de que la especie todavía es común, su abundancia es mucho menor que la de algunas décadas atrás.

Entre los factores que han conducido a la decadencia del cultivo de la ahipa, uno general y de gran importancia son los cambios culturales sufridos por las comunidades indígenas desde la conquista de América. Estos se han acentuado marcadamente durante las últimas décadas como consecuencia del fenómeno de la globalización. Una de sus consecuencias es una fuerte tendencia a despreciar las especies nativas a favor de especies introducidas desde otros lugares. La preeminencia de estas últimas no tiene necesariamente que ver con sus ventajas agronómicas, sino también con la presión ejercida por la cultura agronómica global. Es así como puede comprobarse que en ciudades o pueblos importantes de Bolivia, donde todavía se consume regularmente ahipa, las semillerias comerciales no venden sus semillas pero ofrecen la más variada gama de semillas de zanahoria, rabanito, remolacha o de otras hortalizas convencionales, procedentes de Holanda, Japón o de los Estados Unidos. Los comercios que venden semillas y agroquímicos también proporcionan información técnica sobre el cultivo de estas especies y esta información es parte de la enseñanza en todas la facultades de agronomía. En cambio, en esos lugares se carece de información sobre el cultivo, cosecha y postcosecha de la ahipa.