Otro ejemplo de técnica que determinó la creación de un nuevo estilo es la escritura
latina monumental, que se realizaba en piedra y exigía una letra fácil de ser tallada.
Siglos después, ese modo de escribir con letras separadas en los libros escritos a mano
fue conocido como textura. La escritura gótica, por su lado, resultó determinada por la
manera más fácil de trazar líneas con plumas de ganso. En el inicio del siglo XIX, el
uso de estiletes y plumas de acero facilitó una escritura caligráfica redondeada y de
letras unidas unas a otras, o caligrafía de escribiente. Hoy, las estilográficas
permiten un uso más libre y suelto de la escritura y resultan excelentes para la letra
cursiva individual.
El arte individual de los escribas también contribuyó a que se
produjeran modificaciones en el trazado de las letras, lo que generó nuevos estilos. Los
jeroglíficos de los grandes monumentos egipcios tienen trazos notablemente diferentes de
los de algunos sarcófagos. En la Edad Medía, los libros manuscritos eran obra de
calígrafos (del griego kagsa, bello), que crearon escuelas con estilos propios, como las
de Tours, en Francia, y de Canterbury, en Inglaterra. Un factor importante y más reciente
que dio lugar a nuevos estilos de letras fue el uso de la escritura en publicidad. La
finalidad de un cartel es diferente de la de un libro y requiere recursos expresivos
propios. Los letreros de los comercios fueron, tal vez, los carteles más antiguos, pero
los diarios y las revistas, que dieron un gran impulso a la publicidad, son el origen de
una enorme cantidad de nuevas formas de las letras.
Pueblos diferentes suelen tener modismos propios con relación al
trazado de las letras. Los alemanes utilizaron la escritura Fraktur (un tipo de escritura
gótica realizada con trazos fracturados, también llamado Bruchschrift) hasta la
segunda guerra mundial. Los franceses tienen un modo peculiar de trazar algunas letras
-resultado de la enseñanza escolar-, igual que los norteamericanos y otros pueblos. Se
puede aprender a reconocer fácilmente esas peculiaridades culturales de la escritura. Los
grafólogos desarrollaron una tipología que, en su opinión, permite identificar rasgos
de carácter y personalidad en la manera como las personas trazan las letras: inventaron
una manera taxonómica de tratar las variaciones y los invariantes de la escritura
cursiva. El valor de estas interpretaciones es objeto de controversias que exceden el
ámbito de los sistemas de escritura.
El alfabeto romano sólo tenía mayúsculas, llamadas capitales. En los
primeros siglos de la era cristiana, esas letras se fueron redondeando y dieron origen a
las letras unciales, que se usaron desde el siglo II hasta el IX y fueron vistas por mucho
tiempo como un estilo asociado con la religión. El nombre uncial puesto a ese tipo
de letra se explica porque los párrafos comenzaban con una letra grande, del tamaño de
una uña. El resto del párrafo se presentaba con una forma diferente, que pasó a
Ilamarse semiuncial. Ese estilo de letra (del siglo VII al XII) tiene dos ramas: la de
Irlanda e Inglaterra, conocida como estilo insular, y la usada en otros países de Europa,
el estilo continental. Las cuatro variantes de este último -visigótico, merovingio,
lombardo y sajón- se utilizaron en los territorios que hoy pertenecen respectivamente a
España, Francia, Italia y Alemania. En el sur de Italia se empleaba una quinta variante,
llamada estilo beneventano. En Tours, a comienzos del siglo IX, la influencia cultural de
Carlomagno (742-814) y de Alcuino (735-804) alcanzó también a la producción de libros
manuscritos. Las letras de algunos de ellos tenían una forma gráfica que pasó a
conocerse como estilo carolingio, el que se convirtió en un modelo universal, dejó sin
uso a los viejos estilos y dio origen a lo que actualmente llamamos minúsculas.
Los libros con iluminaciones fueron producidos en gran escala del siglo
VII al XIII. Aún hoy existen libros manuscritos, que son obras de caligrafía
consideradas como objetos raros. Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll
(1832-1898) es, sin duda, uno de los más famosos.
Las letras góticas no son exclusivas de los godos; datan del siglo
XIII y fueron un estilo de gran influencia. En aquella época hubo un gran desarrollo de
la letra cursiva, en un estilo conocido como cursiva humanística, del que la caligrafía
de Petrarca, con la que escribía sus famosas cartas y poemas, es un ejemplo. En el siglo
XV, bajo la influencia de la escritura carolingia, se diferenció una forma de escritura
redondeada llamada bastarda. En Italia, tipos similares pasaron a conocerse como rotunda y
antigua y una forma inclinada de esa caligrafía, la itálica (hoy también conocida por
bastardilla), que apareció por primera vez en 1501, se hizo muy famosa. Del estilo
gótico derivó la escritura Schwabach, la que dio origen, a su vez, a la Fraktur alemana.
Del siglo XV es otro estilo de letra muy importante, el romano, del que se derivaron los
más usados hasta hoy en la imprenta y en las máquinas de escribir, como los Baskerville,
Times Roman, Courier y Sans-Serif.