Volumen 7 - Nº38 - 1997 |
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Revista de Divulgación Científica y Tecnológica
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CIENCIA Y SOCIEDAD Los años entre 1810 y 1870 |
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Carlos Newland |
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Durante la mayor parte del siglo XIX, la economía argentina estuvo dominada por ingresos provenientes de las exportaciones ganaderas. Esto afecto el desarrollo homogenico del país, perjudicando a las regiones del interior a favor de las del litoral. |
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En el siglo XIX, la economía argentina evidenció un importante crecimiento sustentado en la venta de productos primarios -o staples- en el mercado mundial, fruto de una situación de abundancia de tierra y baja densidad de población. Durante la mayor parte de la centuria dichos staples fueron de origen ganadero, al punto de que el período fue calificado por Sarmiento como el de la civilización del cuero, concepto confirmado por el chileno Vicuña Mackenna, quien, al atravesar el país hacia 1850, señaló el carácter puramente animal de la actividad económica primaria. El objeto de esta nota es señalar algunas de las características salientes de esa economía en los años que corrieron entre 1810 y 1870, con particular énfasis en la región llamada del litoral fluvial. Entre tales características se cuentan la evolución de las exportaciones, la política comercial, los cambios en la productividad del sector rural y el desequilibrio entre dicho litoral y el resto del país. A pesar de que el análisis de la economía argentina de los años en cuestión se hace complejo debido a la escasez de series estadísticas que permitan detallar sus cambios, en lo que sigue se intenta una descripción de estos sobre la base de la información fragmentaria existente. |
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| El crecimiento ganadero de la Argentina se
basó en la abundancia de tierras fértiles ubicadas en la región mencionada, constituida
principalmente por las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, la
que se caracterizaba por tener extensas llanuras con praderas y aguadas naturales,
suficiente lluvia distribuida a lo largo del año, clima templado y fácil acceso a los
grandes ríos de la cuenca del Plata, principalmente el Paraná y el Uruguay. El suelo del
resto del país era, en general, de peor calidad y el clima menos favorable para la
ganadería extensiva. Además, las restantes provincias, a menudo denominadas
genéricamente el interior, no tenían acceso a vías navegables, lo que obligaba a sus
pobladores a utilizar rutas terrestres, que hacían difícil y costoso el transporte de
los productos. En el período considerado, el contraste entre estas dos regiones bien
diferentes es llamativo. El litoral, con bajos costes de transporte y tierra abundante,
fue el origen de la mayor parte de los productos pecuarios exportados; su tasa de
urbanización era alta y en constante aumento y era casi el único destino de inmigrantes
extranjeros e internos, con el consiguiente marcado incremento de su población. El
interior; condicionado por la menor abundancia de tierra productiva e inexistencia de
vías fluviales, tenía características más semejantes a las del resto de los países
latinoamericanos, con una mayor incidencia de las actividades agrícolas de subsistencia
respecto de las ganaderas de exportación y con tasas de urbanización que no sólo eran
bajas sino que parecen haber disminuido, pues una parte de la población emigró hacia el
litoral y no llegaron extranjeros salvo, en pequeña medida, de países limítrofes. En el orden institucional, las primeras décadas del siglo XIX se caracterizaron en la Argentina por una fuerte apertura económica, resultado del desmantelamiento del sistema mercantilista español. Los cueros para exportación no fueron los únicos beneficiados, ya que con el tiempo la lana y, en menor medida, el sebo se tornarían predominantes en las ventas al extranjero. Entre 1810 y l870, la mencionada expansión de la ganadería hizo aumentar las exportaciones a una tasa anual de entre el 5% y el 6%, o de un 3% si se las mide por habitante. El ritmo de crecimiento no fue constante en ese lapso: mientras entre 1810 y 1850 se ubicó entre un 4% y un 5% anual, en las dos décadas siguientes se situó entre el 7% y el 8%. El contexto mundial era sin duda favorable a la colocación de productos argentinos; en particular influyeron el proceso europeo de industrialización, el incremento de los niveles de ingreso en el viejo mundo y la continua expansión del comercio internacional. Tal incremento de las exportaciones argentinas es especialmente notable porque no ocurrió en una economía inicialmente cerrada, sino que, en todo momento, el sector externo tuvo un peso considerable en el panorama productivo general del país. No es aventurado afirmar que el grado de apertura de la economía ar gentina era en esos años uno de los mayores del mundo, como queda claro en la tabla 1, que permite comparar las exportaciones por habitante en la Argentina, en el conjunto de los piases desarrollados y en los del luego denominado tercer mundo. |
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