Volumen 7 - Nº38 - 1997 |
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Revista de Divulgación Científica y Tecnológica
de la |
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CIENCIA Y SOCIEDAD El Museo Soy Yo |
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Irina
Podgorny |
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En el marco del pensamiento positivista del siglo pasado, se fundó en Paraná un museo concebido como agente creador de consenso y de costumbres civilizadas entre los habitantes de la confederación, y como divulgador fuero del país de la imagen de uno Argentina regenerada por los nuevos instituciones, además de providencialmente dotada de infinitas riquezas. |
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Portada de la Confédération Argentine, Edición de 1858. Debajo del nombre del autor dice : Coronel de Artillería, Ayuda de Campo del Gobierno Federal, Diputado al congreso Federal Legislativo, ex Subsecretario de Estado en los Ministerios de Finanazas y Relaciones Exteriores, Director Fundador del Museo Nacional, Vicepresidente Honorario de la Sociedad Universal para el Fomento de las Artes y la Industria, miembro de la Asociación de Amigos de la Historia Natural del Plata, miembro de la Sociedad Geogradica de Berlín, de la Sociedad Real de Anticuarios del Norte, del Ateneo de las Artes, las Ciencias y las Letras de Paris, etc. etc. | |
| Luego de establecido el gobierno
de la Confederación Argentina en Paraná (y separada aquella del estado de Buenos Aires),
por decreto del 17 de julio de 1854, su poder ejecutivo fundó el Museo Nacional y nombró
al correspondiente director, Alfredo Marbais -luego barón Du Graty-, quien entonces
revistaba como coronel del ejército de la Confederación y años después, promovería la
inmigración belga a la Argentina y al Paraguay. Alfred Marbais du Graty había nacido en Bélgica en 1828 y egresado como oficial de artillería de la escuela militar de ese país. Fue agregado militar a la delegación belga en Río de Janeiro hasta que escapó a Buenos Aires a raíz de una deuda que no pudo saldar (y, tal vez porque había renunciado a su puesto, no aceptó la orden de regresar a Europa). En 1850 se incorporó al ejército de Entre Ríos como sargento mayor; ascendido a comandante, participó en la batalla de Caseros y en el sitio de Buenos Aires. Hombre de confianza de Urquiza, el congreso constituyente de 1853 le concedió el grado de coronel de la nación. Ocupó varios cargos -a veces simultáneamente- en el gobierno de la Confederación: subsecretario de estado de Hacienda y de Relaciones Exteriores, director del Museo Nacional y redactor, en dos lapsos diferentes, del periódico y boletín oficial del gobierno de la Confederación, El Nacional Argentino. Elegido representante por Jujuy y Tucumán al congreso federal de Paraná, en 1856, su diploma fue impugnado por su condición de extranjero sin carta de ciudadanía. Siendo comandante de frontera en el Chaco, el presidente Derqui le concedió la separación del mando en 1860 y le otorgó dos años de licencia. Viajó entonces a Europa y no regreso. Mientras vivía en la Argentina, circuló por el viejo mundo su libro La Confédération Argentine, editado en 1858 por Guillaumin, en París, Bruselas y Londres; sus primeras páginas mostraban el retrato del futuro barón Du Graty luciendo -a la manera de Urquiza- levita, chiripá, botas, facón en la cintura, galera y prolijo bigote. En 1862, pero sin su estampa de hombre confederado, se editó La República del Paraguay, traducida del francés al español por el encargado de negocios del Paraguay en Francia, Carlos Calvo, y publicada en esta lengua por la imprenta de J. Jacquin, en Besancon, simultáneamente con la versión francesa que sacó C. Muquardt, de la Librairie Européenne de Bruselas, Leipzig y Gantes. |
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| En la correspondencia que mantuvo con Alberdi, se destaca con especial nitidez el papel que desempeñó Du Graty como propagandista de las posibilidades y riquezas del territorio argentino, tarea que cumplió tanto desde la dirección del Museo Nacional y la redacción de El Nacional Argentino, como a través de la prensa europea. El militar belga se encargó de transmitir un cuadro fabuloso de la abundancia de la Confederación Argentina y de América, basado en la prodigalidad de los recursos naturales. Apuntaba, con esta propaganda, a la creación de la imagen de un nuevo El Dorado, para atraer a potenciales interesados europeos. Quizá uno de los rasgos más interesantes de sus argumentos propagandísticos sea que no los presentaba como impresión personal, sino como observaciones científicas realizadas in situ por una institución montada para tal fin. Llevaba a cabo la supuesta demostración de la abundancia del territorio de la Confederación apelando a la autoridad que conferia el museo y al lenguaje especializado de las ciencias. Es así como el Museo Nacional se fundó con la finalidad de disponer de un centro difusor en el extranjero de la imagen de la Argentina. |
RETRATO DEL CORONEL DU DRATY |
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| Esta imagen, por otro lado, debía
formarse al mismo tiempo que el museo, dado que se lo concebía como una herramienta capaz
de ejercer su influencia en das niveles: primero, como agente creador de consenso y de
costumbres civilizadas entre los habitantes de la Confederación y, segundo, como
divulgador fuera del país de las virtudes de una Argentina regenerada por las nuevas
instituciones, además de providencialmente dotada de infinitas riquezas. El decreto de creación del Museo Nacional establecía que debía instalarse en Paraná, bajo la dependencia inmediata del ministerio del Interior. Como sede se le asignaban los altos de la casa en la que funcionaba el Banco Nacional. La necesidad de un museo en Paraná se justificaba, principalmente, por dos funciones, percibidas como insoslayables para el desarrollo de la industria y el comercio. En primer término, reunir en un centro nacional las producciones minerales, vegetales e industriales de la Confederación; en segundo lugar, exponer esas riquezas a la consideración pública. Le correspondió a Du Graty tomar las medidas necesarias para conservar y clasificar los productos que se enviaban al museo desde las diversas provincias. La tarea no parece haber sido fácil, según un artículo sin firma aparecido en El Nacional Argentina en 1854. |
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