Volumen 7 - Nº38 - 1997 |
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Revista de Divulgación Científica y Tecnológica
de la |
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ENSAYO Estrellas Novas |
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Pedro Saizar |
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| Después del pico de la explosión, la
estrella se contrae y calienta, pero mantiene su luminosidad notablemente constante. Tal
fenómeno, predicho por el modelo de Starrfield y sus colaboradores, se debe a que, pasado
dicho pico, continúa la combustión del hidrógeno a un ritmo uniforme, hasta que se
agota. El aumento de la temperatura, por su parte, hace que la mayor cantidad de la
radiación emitida por la enana blanca se desplace a longitudes de onda ubicadas entre el
ultravioleta y los rayos X. Estos fotones de alta energía incrementan el nivel de
ionización del gas y generan la línea advertida en la nube. Una observación independiente confirma este panorama. Astrónomos europeos usaron el satélite ROSAT para enfocar a Nava Cygni 1992 con rayos X y encontraron que, en el mismo período, la temperatura de la estrella aumentó hasta unos 300.000 C. Sin embargo, la de la enana blanca no es suficiente para explicar esta evolución. La identificación de los mecanismos que generan los cambios reflejados en las líneas espectrales permitiría estimar la composición química del gas y su masa total. Medir la composición de una nebulosa a partir de las líneas espectrales no es un proceso directo. Los resultados tienen con frecuencia errores importantes y, en ocasiones, sólo proporcionan aproximaciones imprecisas a los valores reales; sin embargo, dado el número pequeño de novas estudiadas en detalle, cada uno de ellos es valioso. La energía luminosa emitida por iones en la frecuencia correspondiente a determinada línea depende de la abundancia de estos, de la temperatura y de la densidad del gas. La geometría de la nube y su distancia también son factores influyentes. En principio, la densidad de iones de un elemento químico puede determinarse conociendo la intensidad de la línea y los factores mencionados, por un proceso algo largo de explicar aquí (remitimos al lector al excelente texto de Osterbrock). Por ese camino, se puede conocer la densidad de cada elemento químico relativa a la del hidrógeno. Estos cálculos representan una primera aproximación a poder de terminar la abundancia de elementos químicos presentes en la estrella. Para mejorarlos, se utilizan programas de computadora que resuelven simultáneamente ecuaciones que describen el estado termodinámico y radiactivo del gas. Para una situación dada (esto es, para determinados valores de tales abundancias, geometría de la nube, temperatura de la estrella, etc.), predicen la intensidad luminosa en las diferentes líneas espectrales. Si la predicción no concuerda con las observaciones, se cambian los valores en forma iterativa hasta encontrar una coincidencia razonable. |
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Nuestros estudios de las novas PW vulpeculae 1984, QU vulpeculae 1984 y Nava Puppis 1991 confirmaron, en esencia, las predicciones teóricas y contribuyeron a incrementar la pequeña base de datos sobre la composición química de las novas. PW vulpeculae es una nova del tipo C-O (carbono-oxígeno), con variaciones modestas con relación a una composición química normal. Las otras dos son de O-Ne-Mg (oxígeno-neón-magnesio) con incrementos mucho más importantes en elementos de peso intermedio: Nitrógeno, sodio, neón, aluminio y otros. En la tabla 1 presentamos las abundancias obtenidas para dichas novas. Los números representan un cuádruple cociente: la densidad de cada elemento en el gas (en partículas por cm3) se divide por la densidad del hidrógeno, y ese cociente se divide por el similar correspondiente al Sol. Por ejemplo, Ne/H = 120 significa que el cociente Ne/H en la nova es 120 veces mayor que en el Sol. Otro problema es que la masa total eyectada, en algunos casos, resulta mayor que la esperada. En la mayoría de las novas, en la región donde se forman las líneas que se usan para medirla, la temperatura del gas nebular es del orden de los 1 0.000=C. La distinción es importante, ya que, hacia 1980, G. Grasdalen y R. Joyce sugirieron por primera vez que el cascarón gaseoso podría contener otro componente, con una temperatura mucho mayor, que se puede denominar coronal por su similitud con la de la corona solar. En 1986, Gary Ferland y sus colaboradores, en la universidad de Texas, realizaron observaciones que apoyaban lo anterior y llevaron a encontrar líneas coronales en los espectros óptico e infrarrojo de Novo Cygni 1975, otra nova espectacular. Como tales líneas eran significativamente más débiles, en las fotografías la región coronal de las novas no aparece tan claramente como la región más fría (que llamaremos nebular), y por ello su detección ha seguido un camino indirecto. Una característica importante del gas coronal es que emite radiación con un espectro continuo muy particular: como está tan ionizado, hay una gran cantidad de electrones libres moviéndose a muy altas velocidades y chocando entre ellos. Las desaceleraciones producen fotones con un espectro continuo muy diferente al de un gas a baja temperatura. El espectro de un gas tibio tiene una estructura con saltos abruptos (Fig. 4), mientras que el gas caliente muestra un espectro prácticamente llano, que puede representarse con una recta horizontal. En otras palabras, si enfriamos el gas, el espectro continuo se modifica para reflejar las, combinaciones de los electrones libres con los iones. |
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FIG 4. |
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En QU vulpeculae observamos un espectro continuo chato, sin estructura alguna, que se extiende desde ultravioleta hasta el extremo rojo del rango óptico (hay que mirar con cuidado que las líneas de emisión se s interponen sobre el espectro continuo).En Nova Puppis, en cambio, observamos un espectro continuo con estructura (Figura 4), de modo que interpretamos que en QU vulpeculae hay una región coronal y que no la hay en Novo Puppis. La energía que refleja este espectro continuo y las líneas de elementos altamente ionizados constituyeron datos para tratar de evaluar las condiciones físicas da la región coronal. A esos efectos, al que para la región nebular, construimos modelos numéricos teóricos basados en tales observaciones, con el propósito de determinar su temperatura y densidad. De esta manera, encontramos que el gas coronal en QU vulpeculae tiene temperaturas de entre 100.000 y 500.000 grados y densidades de entre 20.000 y 300.000 electrones por centímetro cúbico. A modo de comparación, digamos que, en las fechas consideradas, la temperatura del gas nebular era de 10.000 grados y su densidad superior al millón de electrones por centímetro cúbico. Nuestro estudio del espectro infrarrojo de Novo Cygni 1992, realizado con Hayward y otros, reveló también la presencia de gas coronal. En un extenso estudio sobre la misma nova, Scott Austin y sus colaboradores, de la Arizona State University, observaron la presencia de un espectro contínuo sin estructura y líneas coronales, pero limitaron su análisis al gas nebular .Mencionan, sin embargo, que el gas coronal tendría una estructura similar al nebular. En el caso de QU vulpeculae, la masa total de la región coronal es, por lo menos, tres veces mayor que la de la mas tibia región nebular, pues se requiere esa cantidad de gas para producir los niveles de intensidad del espectro continuo observados en el espectro óptico-ultravioleta. Tales resultados tienen una consecuencia importante para otras ramas de la astronomía. Resumiendo las conclusiones de nuestros estudios, podemos decir que:
El material eyectado va a parar al medio interestelar de nuestra galaxia, la cual, si
las novas expulsan mucho aluminio al espacio, con el correr de los eones irá
enriqueciendo su contenido de ese elemento. Nos preguntamos, entonces, qué se sabe sobre
el aluminio galáctico. En 1984, T. Mahoney y sus colaboradores publicaron un trabajo,
basado en observaciones satelítales, en el que estimaron que la masa total del elemento
en la galaxia es del orden de tres masas solares. Hasta nuestro estudio, no se conocía la
fuente de tanto aluminio. |
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