Volumen 7 - Nº37 - 1997 |
Revista de Divulgación Científica y Tecnológica
de la |
ARTÍCULO |
| El pasado del HIV |
JUAN J. MORRONE, JORGE V. CRISCI Y RICARDO DEWEY |
Charles Dickens, Una historia de dos
ciudades, 1859. |
| Es posible que el HIV haya acompañado a la especie humana
desde antiguo, pero sólo recientemente habría aumentado su virulencia y causado la
pandemia del sida. Como escribió Dickens para referirse a los años de la
Revolución Francesa, podríamos decir que hoy también vivimos una época crítica y, a
la vez, de esperanza. La afirmación, sin e mbargo, no alude a la vida política sino a la
pandemia del síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida, que ha entrado en acelerada
expansión, de suerte que los esfuerzos cotidianos, por significativos que sean, resultan
insuficien tes para detener su avance. Pero, al mismo tiempo, esta dramática situación
nos enfrenta con una oportunidad única, pues en la actualidad existen novedosos métodos,
provenientes del cladismo y la biología molecular, que proporcionan posibles claves para
comprender la historia evolutiva del causante del sida, el virus de la inmunodeficiencia
humana, habitualmente denominado HIV (por las siglas de su nombre en inglés, human
immunodeficiency virus: en español sería VIH, denominación por el momento poco usada).
El sida fue identificado
a principios de la década de los ochenta. Se habría originado en el
Africa central, donde -se supone- se produjo la primera infección de un
ser humano por su forma HIV- I: desde allí se habría propagado al
Caribe y, luego, a los Estados Unidos y Europa. Hoy el mal está ampliamente
distribuido en todo el globo. Una segunda forma del virus, menos virulenta,
la cepa HIV-2, es endémica en el Africa occidental
(véase 'El virus de la inmunodeficiencia humana', CIENCIA HOY,
21:40-43,1992). Si bien los científicos
aún no tienen certeza acerca del origen del HIV, han formulado dos hipótesis
alternativas. La más aceptada en este momento sugiere que evolucionó
recientemente a partir de un SIV o virus de inmunodeficiencia simia (por
simian immunodeficiency virus), transmitido por alguna especie de mono
al hombre. En contraposición, algunos investigadores conjeturan que
ciertas poblaciones rurales de Africa habrían estado infectadas desde
hace décadas, siglos o, incluso, milenios, con un HIV relativamente
benigno, el cual habría.pasado recientemente a un estadio más
virulento. Esta hipótesis postula que hubo un estadio primitivo del
virus, y que un agente antiguo dio origen a una pandemia nueva; la primera
teoría, en cambio, no reconoce la existencia de ese estadio primitivo.
Determinar cuál de las dos es la correcta constituye un importante desafío
para la ciencia. Una manera de encarar la
solución del enigma es examinar la historia evolutiva del virus, tal
como la relatan lo que podríamos considerar sus huellas biológicas. Los
últimos años han sido prolíficos en hallazgos que permiten leer
dichas huellas. Sobresale entre ellos el método cladístico (véase
'Cladismo y diversidad biológica', CIENCIA HOY, 21:26-34,1992, y
'Cladismo y posición estratigráfica', CIENCIA HOY, 29:19,1995),
una forma de clasificar los seres vivos que sólo reconoce grupos o
taxones naturales, llamados monofiléticos (de mónoç
–monos- único, y julon
-phylon-, raza o tribu), es decir; aquellos conjuntos de seres, vivientes
y extinguidos, que forman una línea evolutiva completa, constituida
por un ancestro común y todos sus descendientes, incluso los futuros.
Dichos grupos se definen por la presencia de uno o más caracteres
compartidos, que se denominan sinapomorfías; a partir de su análisis
los cladistas reconstruyen el orden natural de las especies estudiadas.
Puesto que las sinapomorfías manifiestan una estructura jerárquica,
ya que algunas aparecen en el tiempo antes que otras, permiten inferir
una secuencia evolutiva de las especies. Los resultados del análisis cladístico
se representan mediante diagramas ramificados o cladogramas, que
indican las relaciones genealógicas de las especies y en los cuales los
puntos de ramificación marcan la secuencia en que aparecieron los
caracteres que definen los sucesivos grupos monofiléticos. Independientemente de este
enfoque de la sistemática (o clasificación de los seres vivos), que
lleva a comprender mejor las características de los organismos biológicos,
se han realizado notables avances en las técnicas de laboratorio que
permiten estudiar el material genético, aun el de organismos extinguidos,
que de otra manera sería imposible analizar. Dichas técnicas derivan
de una rama relativamente nueva de la biología, puesto que su gran
desarrollo data de la postguerra: la biologa molecular; de la que podría
decirse que tuvo una época de oro entre el descubrimiento de la doble hélice
del DNA, en 1953, y el del código genético, hacia 1966, y que en la
actualidad se encuentra en pleno auge. Mediante una de esas técnicas es
posible producir de manera rápida y simple cantidades de DNA que para
el trabajo de laboratorio resultan importantes (del orden de los microgramos),
a partir de ínfimas porciones de ácidos nucleicos (DNA o RNA), tomados
de seres vivientes como de especímenes de las colecciones de museos
(este procedimiento se basa en la reacción
en cadena de la polimerasa -PCR-;
véase CIENCIA HOY, 23:52-59, 1993). Por
otro lado, mediante la llamada secuenciación de DNA, realizada de manera
química o enzimática, es factible conocer de un modo simple y preciso
los componentes fundamentales de los genes. En el cladograma obtenido
por Mindell y sus colaboradores (Fig. I), las cepas 1 y 2 se encuentran más
relacionadas con SIV que entre sí. Por ejemplo, la SlVcpz, que infecta
al chimpancé, está vinculada con seis cepas de HIV-l, y otras dos de
esta ultima -HIV I ant70 y HIV I
mvp5180- son basales con
relación a las anteriores (se llama basales a los organismos ubicados en
las ramas inferiores de un cladograma; en general, los más primitivos).
Estas observaciones sugieren -pero no prueban- que se habría producido
una transferencia del virus desde el ser humano al chimpancé. Por
otra parte, el HIV-2 resultó ser polifilético, es decir descendiente de
ancestros diferentes: dos cepas de HIV-2 resultán los taxones
hermanos de un grupo que incluye las restantes cepas de HlV-2 y cinco
cepas distintas de SIV que infectan especies de Cercocebus y Macaca. De
acuerdo con estos análisis, los virus HIV-1 y HIV-2 no estarían
relacionados estrechamente entre sí: el HIV- l compartiría su historia
evolutiva con el SIV del chimpancé, mientras que el HIV-2 lo haría con
los de monos cercopitécidos. A la luz de las
observaciones anteriores, es interesante preguptarse por la manera cómo
evolucionó la asociación ancestral entre los virus y sus huéspedes
simios y humanos. Para analizar la coevolución de ambos grupos (véase
recuadro 'Coevolución de parásitos y huéspedes'), se puede
comparar COEVOLUCION
DE PARASITOS Y HUESPEDES
La
evolución conjunta (o coevolución) de dos o más taxones animales o
vegetales implica la existencia de interacciones directas o indirectas
entre ellos y sus respectivas respuestas adaptativas (es decir, la
existencia de respuestas adaptotivas recíprocas). Las relaciones
entre parásitos y huéspedes representan uno de los ejemplos más típicos
de coevolución. Para
estudiar un proceso de coevolución es necesario contar con los
cladogramas de los taxones en cuestión, los que, en caso de haber
tenido lugar tal proceso, reflejarán las mismas relaciones (Fig. 1).
Sin embargo, ciertas incongruencias entre los cladogramas podrían
deberse a que -independientemente de la genealogía- hayan existido
transferencias de parásitos a otro huésped, o que algunos de los
parásitos se hubiesen extinguido. La figura II presenta el caso de huéspedes
(B y C) que constituyen un grupo monofilético -que tiene un ancestro
común- con parásitos (b y c) que integran un grupo parafilético
-que no tiene un ancestro común y está definido por caracteres
primitivos-. Para analizar esta clase de incongruencias, se ha
propuesto la técnica de los cladogramas reconciliados, en los que a
cada punto de bifurcación del cladograma del parásito se asigna la
distribución del o los huéspedes que lo alojan; se duplican así
partes del cladograma para reflejar la evolución compartida de ambas entidades
taxonómicas. El cladograma reconciliado (fig. III) representa la
interpretación más simple posible de los datos presentados en la
figura II. Para establecer la discrepancia entre el cladograma de los
parásitos y el de los huéspedes, se cuentan en el de estos las
duplicaciones necesarias para reconciliarlos: cuanto mayor sea el número
de duplicaciones, menor será la historia compartida por ambos
taxones. el cladograma de los
virus (Fig I) con uno de los primates, basado en caracteres morfológicos
(Fig 2). Aunque pueda parecernos sorprendente, el método cladístico
permite comparar las historias evolutivas de grupos de organismos tan
diferentes como virus y primates. Los cladogramas de cada uno de ellos
constituyen un lenguaje común, que nos permite comparar sus patrones
de ramificación sin tener en cuenta los procesos que los originaron.
Yuxtaponiendo los cladogramas presentados en las figuras 1 y 2, hemos
obtenido otro reconciliado (Fig 3), en el que se advierte la necesidad
de que existan veintidós duplicaciones en los huéspedes primates para
que se produzca una concordancia total con el cladograma de los virus.
Este número relativamente bajo de duplicaciones indicaría un aparente
patrón de coevolución entre virus y primates, lo cual apoyaría la hipótesis
de la antigüedad del HIV. Si las especulaciones anteriores fueran
ciertas, los virus de la inmunodeficiencia habrían acompañado a los
seres humanos y a otros primates durante parte de su evolución, y sólo
recientemente el HIV- l habría aumentado su virulencia e inducido la
pandemia que nos aflige. Existen argumentos adicionales que refuerzan esta
hipótesis. Por ejemplo, se conoce la existencia de varias personas que
hace diez años fueron infectadas con HIV- I proveniente de la misma
fuente y que aún no muestran síntomas de sida; la razón podría ser que
la cepa de HIV- I que los infectó sería una especie de fósil viviente,
con un estado primitivo de virulencia. La benignidad relativa del HIV-2
es también argumento a favor de la antigua relación del ser humano con
el HIV: restringida al Africa occidental, zona que no ha sufrido las
guerras, sequías y urbanización comunes en el Africa central, esa cepa
habría igualmente escapado al aumento de la virulencia que tuvo el HIV- I
y se hallaría adaptada a una baja velocidad de transmisión. Notablemente,
en ciertas ciudades grandes, como Abidján, en la Costa de Marfil, el
HIV-2 puede ser virulento y causar sida de una manera muy similar al HIV-
I. Si bien los datos expuestos en este trabajo parecen sustentar la hipótesis
de la antigüedad del virus, aún quedan muchas incógnitas por despejar;
lo cual hace imposible, por el momento, decidir a ciencia cierta cuál
de las dos teorías expuestas al principio es la más aceptable. A propósito
de la hipótesis presentada en este artículo, se ha sugerido que si se
lograra algún éxito mediante medidas preventivas, no sólo disminuiría
la difusión del virus sino que, a la vez, se podría llegar a volverlo a
su condición primitiva más benigna. Esperamos que el esclarecimiento
de la historia evolutiva del HIV y sus huéspedes ayude a comprender el
origen, desarrollo y prevención de la enfermedad y sea una contribución
para definir la manera de combatirla. LECTURAS SUGERIDAS
DOOLITTLE,
R.F., 1989, The simian-human connection', Nature, 339:338-339. MINDELL
D.P., SCHULTZ, J.W & EWALD, P.W., 1995, 'The AIDS pandemic is new, but
is HIV new?’, Systematic Biology, 44:77-92 FIG, 3.
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