Volumen
6 - Nº36 - 1997 |

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica
de la
Asociación Ciencia Hoy |
 |
| Una nueva excursión
a los indios ranqueles |
MARIA
ROSA LOJO
CONICET |
A
la salida de la estancia San Juan volvimos a encontrarnos con el panorama del monte
quemado, una de las características más típicas e impresionantes de este país de
árboles que van cubriendo con avidez la superficie sólo aparentemente inhóspita de la
tierra. Otra vez en la ruta nacional 148, nos dirigimos a Víctorica -la ciudad más
antigua de La Pampa, aunque la mayoría de los edificios sean de construcción moderna- y,
desde allí, otra vez a Buenos Aires, por la ruta 5, con Trenque Lauquen como última
parada con significación histórica. Habíamos cumplido no sólo un viaje en el espacio
(en total, unos 2300km) sino, sobre todo, un viaje hacia la comprensión del tiempo. |
| Cabe preguntarse qué fue de Mansilla después
de la excursión, por la que, casi exclusivamente, se lo recuerda, y de sus nuevos y
fugaces amigos ranqueles. El carácter rebelde, independiente y quisquilloso de Mansilla
lo alejó de la vida de cuartel. Cuando regresó, debió afrontar un juicio por un asunto
formal: había ordenado el fusilamiento del soldado desertor Avelino Acosta, de acuerdo
con la ley militar, pero sin informarlo previamente a la autoridad superior. Seguramente
hubiese salido bien librado, de no haber remitido cartas insolentes al ministro de Guerra.
Fue sancionado con pase a disponibilidad y suspensión de su sueldo por un año; luego
retornó, sobreseído, a la milicia activa, pero ya sin mando de tropas. Lo absorberá de
lleno, aunque sin mucho éxito, la pasión política: será diputado y diplomático y, en
ciertos períodos, arrastrado por los vientos progresistas del roquismo, parecerá haber
olvidado su defensa de la peculiaridad cultural aborigen. Sin embargo no fue así. Ya
viejo, en su casa de París, quiso mostrarle una tarde a su ¡oven amigo Miguel Angel
Cárcano la prenda que más quería: el poncho araucano que recibiera como regalo, tejido
por la mujer principal del cacique Mariano Rosas. Pero, aunque cuidadosamente guardado en
una caja envuelta con cintas de seda, habla sucumbido a la polilla. Derrumbándose en un
sillón, el viejo Lucio V., que habla visto partir antes que él a sus cuatro hijos y a
sus contemporáneos más queridos, estalló en profundos sollozos. |

ESTANCIA LAS LAGUNAS

NUEVA GALIA, SAN LUIS
Las fotos actuales fueron tomadas por la autora. |
| Los ranqueles se dispersaron luego
de la conquista de Roca. Murió Mariano, aún joven, en 1877. Lo sucedió su hermano
Epumer, que no suscitó el mismo respeto entre los suyos. Los que no cayeron muertos o
cautivos huyeron hacia el sur y hacia Chile. Hoy sólo queda un grupo de ranqueles en la
población pampeana de Emilio Mitre. Lo que sus antecesores dejaron resulta casi
imperceptible para la mirada de una civilización que mide los logros humanos, sobre todo,
por los éxitos técnicos y materiales: apenas algunos cantos y danzas; instrumentos
musicales, tejidos y alhajas de plata; mitos y cuentos; viajes al país de los muertos
desde un árbol sagrado, y algunos poemas que nos recuerdan -en estos tiempos ecológicos-
hasta qué punto se sentían, no ya los dueños y expoliadores, sino las criaturas de la
tierra: Toda la mapu es uno sola alma, somos partes de ella. No podrán morir nuestras
almas. Cambiar, sí que pueden, pero no apagarse. Una sola almo somos, como hay un solo
mundo. |
| LECTURAS SUGERIDAS |
| BAIGORRIA, M., 1868, Memorias,
Solar/Hachette (1975), Buenos Aires. CASAMIQUELA, R, 1990, 'Los pueblos indígenas',
CENCIA HOY, 7:18-28.
POPOLIZIO, E. 1954, Vida de Lucío V. Mansilla, Peuser; Buenos Aires.
ZEBALLOS, E.S., 1878, La conquista de quince mil leguas, Hyspamérica
(1986), Buenos Aires. |
|

|