Volumen 5 - Nº35 - 1996

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

ARTICULO

Especies Silvestres y Mejoramiento Genético de la Papa

'A ciento cincuenta años de la gran hambruna en Irlanda'

Patricio J. Garrahan
Ciencia Hoy

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La bruma vino desde el mar; el silencio era tan grande que se podía oír una conversación a tres millas de distancia. Duró tres días o más. Cuando la niebla se disipó, se comenzaron a ver los tallos de las plantas de Papa que yacían como si la vida los hubiera abandonado. Ese fue el comienzo de los grandes problemas y del hambre que destruyeron a Irlanda.

Evocación de un campesino
de lo sucedido en agosto de 1845

 


He sentido cierto horror hacia los economistas políticos desde que escuché a uno de ellos decir que temía que la hambruna de Irlanda en 1848 mataría tan sólo a un millón de personas, cantidad insuficiente para producir efectos beneficiosos.

Benjamin Jowet, sobre lo afirmado por Nassau Senior, asesor económico del gobierno británico

Hoy me animé a recorrer la parroquia para comprobar el estado de sus habitantes [...] me confieso anonadado por la extensión y la intensidad del sufrimiento de que fui testigo, especialmente entre las mujeres y los niños pequeños, los que se esparcían en multitudes por los campos, como bandadas de cuervos hambrientos devorando nabos crudos. Como hombre me he sentido capaz de enfrentar todo lo que hasta ahora he encontrado en estos regiones, pero esto me resultó insoportable...

Informe del capitan Wynne,
oficial inspector de West Clare, Irlanda, 1846

 

En agosto de 1845, John Lindley, profesor de botánica de la universidad de Londres y responsable de los jardines botánicos de Kew, anunció en la revista Gardener's Chronicle and Hortícultural Gazette la aparición de una enfermedad destructiva de caracteristicas poco comunes, primero, en las papas de la isla de Wight y, luego, en las que llegaban a los mercados de Londres y de otros países de Europa. El 13 de septiembre, Lindley, confirmó la noticia difundida el 9 de ese mes en los diarios del Irlanda, según la cual la enfermedad se había extendido a ese país.

Las plantas estaban contaminadas con el hongo microscópico Phytopthora infestans. La papa que se cultivaba en Europa había evolucionado lejos del hábitat ancestral del hongo -probablemente, el altiplano central de México- de modo que carecía de resistencia a este. Se conjetura que la enfermedad sólo apareció siglos después de que la papa se arraigara en Europa, porque el hongo no pudo sobrevivir a la travesía transatlántica hasta que el buque de vapor redujo su duración. La infección prospera en climas fríos y húmedos y el corto ciclo de crecimiento del hongo permite sucesivas inoculaciones que favorecen su difusión a toda una cosecha. En invierno, permanece latente en los tubérculos, pero, al llegar la primavera, crece e invade la nueva planta. Sus órganos productores de esporas infecciosas son llevados por el viento a las plantas vecinas y, si las condiciones de humedad permiten que se adhieran a ellas, las infectan. La lluvia arrastra hasta el suelo las esporas y facilita el ataque a tubérculos cercanos a la superficie, los que también pueden Contaminarse después de cosechados. Las papas infectadas se convierten en poco tiempo en una masa pardorojiza, aceitosa y maloliente.

Irlanda difería del resto de los países europeos en que una barrera étnica y religiosa separaba la mayoría de sus terratenientes -ingleses protestantes- de los campesinos -celtas católicos-. A partir 1556, Inglaterra habia confiscado tierras para entregarlas a colonos escoceses o ingleses. Luego de la invasión de Oliverio Cromwell (1650-55), el parlamento decretó la confiscación de la totalidad de la tierra de Irlanda, lo que se consolidó durante la llamada supremacía protestante (Protestant Ascendancy), establecida en 1690 luego de la derrota del católico Jacobo II Estuardo por las tropas de Guillermo de Orange. Guillermo había desplazado a Jacobo del trono inglés en 1688, en el episodio conocido como The Glorbus Revolution.

La población de Irlanda, que había crecido de cinco a ocho millones desde principios del siglo XIX, en la década de 1840 estaba constituida por una mayoría de campesinos no propietarios que arrendaban, por lo general, a terratenientes extranjeros y ausentes. Ese campesinado vivía en condiciones de extrema pobreza (el 50% habitaba cabañas de barro, de un solo ambiente). El 70% de los terrenos arrendados eran de menos de ocho hectáreas y el 14% de menos de media. El régimen de arrendamiento permitía al propietario desalojar al campesino a su arbitrio. Su expresión más extrema era el conacre, una lícencía precaria para explotar un terreno pequeño durante una única cosecha. Los campesinos criaban ganado y cultivaban granos para pagar el arrendamiento; en una parte del predio cultivaban papas, que en cantidades de tres a siete kilogramos por día, constituían la base de la subsistencia de la familia. La papa era el único alimento del 30% de la población y el ingrediente principal en la dieta de muchos más. Ello explica por qué el ataque del Phytopthora infestans tuvo efectos mucho más devastadores en Irlanda que en otros países, y por qué durante la hambruna Irlanda continuó exportando otros alimentos.

En 1845 fracasó el 40% de la cosecha. La responsabilidad de brindar asistencia a la población recayó sobre el gobierno del conservador (Tory) Robert Peel, que compró maíz en los Estados Unidos (en una operación realizada secretamente con la cooperación de Baring Bros.) para disponer de una reserva de alimentos destinada a controlar sus precios, concedió subsidios para complementar lo que pudiera obtenerse de los más pudientes en Irlanda e instauró un programa de obras públicas pagado en un 50% con recursos estatales. Peel también eliminó los impuestos a la importación de granos, en un intento de abaratar el costo de los alimentos. En junio de 1846, el gobierno de Peel fue reemplazado por el del liberal (Whig) John Russell, que adhería más dogmáticamente que aquel a las doctrinas del laissez faire. En consonancia con ello, suspendió todos los subsidios estatales, eliminó la intervención del gobierno en el mercado de alimentos y transfirió la responsabilidad de la ayuda a la iniciativa privada. El peso económico de la asistencia se hizo recaer en los terratenientes, razonando que estos debían ser los primeros interesados en evitar la muerte de los campesinos, pues de ellos dependía su prosperidad.

Para ello, Russell intentó establecer un plan de obras públicas, financiado por las contribuciones de los propietarios, que proporcionaría trabajo a los campesinos, con cuya retribución podrían comprar alimentos. El esquema fue aplicado durante 1846, año en que la cosecha de papa se perdió en su totalidad, pero, en una tácita aceptación de su fracaso, a partir de enero de 1847, las obras públicas fueron reemplazadas por la distribución gratuita de sopa, cuyo costo también se sufragaba por contribuciones de los propietarios. En 1847, la cosecha no resultó afectada, pero se había sembrado un área que abarcaba un tercio de la necesaria. En 1848, la cosecha volvió a fracasar totalmente. A pesar de ello, Londres comenzó desvincularse de la ayuda y a transferirla al sistema local de asistencia a los indigentes, cuya insuficiencia ya había sido demostrada en periodos anteriores a la hambruna.

En el invierno de 1846 a 1847 hubo epidemias de tifus exantemático, fiebre recurrente y disentería bacteriana y, en 1849, un brote de cólera asiático. Las epidemias, que entonces se consideraban causadas directamente por el hambre, y el convencimiento de que nada podía esperarse de las autoridades provocaron un éxodo masivo hacia el Canadá y los Estados Unidos. La travesía atlántica se hacía en condiciones muy precarias. Decenas de miles murieron en alta mar, en lo que la tradición irlandesa llama coflín ships (buques ataúd). Las instalaciones de cuarentena canadienses de Grosse Isle fueron desbordadas y más de 5000 murieron internados allí. Muchos de los que emigraban al Canadá cruzaban la frontera y se radicaban en los Estados Unidos, destino deseado por la mayoría, convencida de que no tenía lugar bajo la bandera británica. La emigración fue vivida como expulsión forzada y generó odio y sentimientos de venganza colectivos, que se trasmitieron de generación en generación. Unos pocos de esos emigrantes vinieron a la Argentina. J.C. Korol y H. Sábato (Cómo fue la inmigración irlandesa en la Argentina, 1981, Plus Ultra, Buenos Aires) estimaron que en el siglo XIX llegaron al país entre 10.500 y 11.500 irlandeses, cuya distribución por año de arribo tiene un fuerte pico, precisamente, en 1849, cuando ascendieron a poco más de setecientos. Entre 1850 y 1900, abandonaron Irlanda, en total, algo menos de 3,8 millones de personas, de las que 3,2 millones fueron a los Estados Unidos, 313.000 a Australia y 239.000 al Canadá. Las que se dirigieron al Plata constituyen una fracción significativa de los poco más de 30.000 que se instalaron en otros paises que los nombrados.

Muchos también emigraron a Inglaterra y se incorporaron a su proletariado industrial urbano, que vivía igualmente en condiciones muy precarias. En 1840, el barrio Little lreland de Manchester fue tomado como ejemplo por Federico Engels, coautor con Marx del Manifiesto Comunista, en su Descripción de las clases obreras en Inglaterra.

Entre 1841 y 1851, la población de Irlanda se redujo de 8,2 a 6,6 millones; de haberse mantenido su tasa de crecimiento habría llegado en la segunda fecha a algo más de nueve millones. Un millón emigró y un millón y medio murió de hambre o de enfermedades conexas. La población actual de la República de Irlanda es de 3,7 millones, la de Irlanda del Norte, bajo soberanía británica, de 1,5 millones; 70 millones de descendientes de la diáspora irlandesa viven en otros países.

Las opiniones actuales sobre la conducta del gobierno inglés durante la hambruna son muy variadas. En un extremo están los que sostienen que la catástrofe fue consecuencia inevitable de las dificultades para organizar la asistencia masiva en un país con la situación demográfica, la composición social y escasa infraestructura que tenía Irlanda. Esta postura está bien descripta en The Potato Famine in History de Conrad Jay Bladey. La posición opuesta considera a la hambruna como un genocidio friamente planeado, como lo sostenía John Mitchel, uno de los ideólogos del abortado levantamiento armado de los Young lrlanders, en 1848, cuando expresó: un millón y medio de hombres, mujeres y niños fueron cuidadosa, prudente y pacíficamente asesinados por el gobierno británico. Murieron de hambre en medio de una abundancia que habían creado con sus propias manos.

Quizá una visión más equilibrada de la tragedia sea la de R.F. Foster, quien en la predominantemente proinglesa Oxford History of lreland (1992), se refiere a la hambruna y a sus consecuencias diciendo: ¿Era inevitable que eso sucediera? Las reacciones de un gobierno condicionado por la ideología económica del momento fueron inadecuadas [...]. La autocomplacencia de la línea dura de los economistas partidarios del laissez faire proporciona hoy en día un material de lectura de contenido escalofriante [...] Lord John Russell, adhiriendo a los dogmas del mercado libre, intentó colocar el peso de la ayuda en los propietarios irlandeses y no en aportes del estado. Eso nunca fue posible [...] El resultado fue la despoblación selectiva y la exportación de la memoria colectiva del horror.

 Después de la hambruna, el nacionalismo irlandés (fenianos en el siglo pasado y Sinn Féinn -nosotros solos- en el presente) se oríentó a luchar por la separación total de Inglaterra. Contó con el apoyo político y económico de los emigrados, en particular de los residentes en los Estados Unidos. En 1921, Irlanda se convirtió en un estado libre del Commonwealth británico, en 1937 adquirió independencia total y en 1949 se transformó en república. Seis condados del norte, parte de la región de Ulster, poblados mayoritariamente por descendientes de colonos escoceses, optaron por ser parte del Reino Unido, con lo que se creó un problema aún no resuelto.

Irlanda no ha olvidado la gran hambruna. Su servicio meteorológico sigue difundiendo alertas cuando las condiciones climáticas pueden favorecer la aparición del tizón tardío. Desde el comienzo de este siglo, los cultivos de papa se fumigan con fungicidas y se trabaja en el desarrollo de híbridos con resistencia al hongo. La variante Lumper, cuya destrucción causó la hambruna, ya no se cultiva.

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Los dibujos de época son escenas de la vida en Irlanda,
publicados en el Illustrated London News a mediados del siglo pasado.


Lecturas Sugeridas

GRAY, P., 1995, The Irish Famine, Harry N. Abrams Inc., New York.

KINEALY, C., 1994, This Great CaIamity: The lrish Famine 1845-52, Gill & MacMillan, DubIin.

MACKAY, D., 1990, Flight from Famine: The Coming of the lrish to Canada, McClelland & Stewart, Toronto.

MILLER, KA. & WAGNER, P., 1994, Out of Ireland: The Story of lrish Emigration to America, Eliott & Clark, Washington.

Ó GRÁDA, C., The Great lrish Famine, Macmillan, New York

PERCIVAL, J., 1995, The Great Famine. Ireland's Potato Famine 1845- 1851, BBC Books, London.

PÓIRTÉIR, C. (ed.), 1995, The Great Irish Famine, Mercier Press, Cork.

El Iector interesado podrá encontrar abundante información en la WorId Wide Web de la Internet, generada como consecuencia del 150° aniversario de la hambruna. Se recomienda buscar irish potato femine con www.altavista.digitaI.com.
El citado artículo de Bladey puede encontrarse en internet en la dirección :  www.infi.net/~cksmith/famine/History.htmI.