Volumen 5 - Nº35 - 1996 |
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Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
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ARTICULO Experiencias Barrocas con
Pigmentos |
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El indigo se encontró en las siguentes obras:
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Fig 1, Anón., Nuestro Señor de los Temblores, Escuela cuzqueña, ca 1700, 201cm x 161.5cm. Tecnica mixta sobre tela. Museo Historico Provincial Julio Marc, Rosario. |
Fig 2, Anón., Angel Gabriel, Escuela cuzqueña, ultimo tercio del siglo XVII o del primero del XVIII, 167.7cm x 100.5cm. Tecnica mixta sobre tela. Iglesia de Uquía, Jujuy. |
Fig 3, Anón., Piedad con Escenas, Escuela cuzqueña, siglo XVIII, 124cm x 105cm. Tecnica mixta sobre tela. Museo Historico Provincial Julio Marc, Rosario. |
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| De los seis ejemplos de uso del
índigo, cinco (que incluyen las dos series, respectivamente de nueve y doce cuadros)
fueron sin duda pintados en los talleres del Cuzco. Estudios más recientes de una serie
de diecinueve telas que ilustran la vida de Santa Catalina de Siena, pertenecientes al
convento cordobés del mismo nombre y también procedentes de la antigua capital incaica,
indican, otra vez, un uso reiterado del índigo. En tiempos de la colonia, el colorante se
producía en Guatemala, según lo atestiguado por el erudito español Antonio de León
Pinelo en 1653 (El paraíso en el Nuevo Mundo), y de allí se expedía a todo el
continente americano y a la misma España. De los grandes tratadistas españoles de la
pintura, citan su empleo Vicente Carducho en 1633 (Diólogos de la pintura), Francisco
Pacheco en 1649 (Arte de la pintura, su antigúedad y grandezas), quien lo recomienda para
pintar casos de menor consideración, y Antonio Palomino en 1724 (El museo
pictórico y la escala óptica), quien lo acepta incluso para labrar, es decir, para
trabajar los claroscuros y los detalles de las superficies azules. La azurita se encontró en la "Coronación de la Virgen por
la Trinidad", obra atribuida a Mateo Pisarro, quizá realizada en la puna, hoy en el ático del retablo de San José de la iglesia de Yavi, Jujuy (Fig. 4). |
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Fig 4, Mateo Pisarro (Atrib), Coronación de la Virgen por la Trinidad, ultima decada del siglo XVII, o primeras del XVIII, 78.5cm x 83cm. Tecnica mixta sobre tela. Atico del retablo de San Jose, Iglesia de Yavi, Jujuy. |
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El arqueólogo Hugo Yacobaccio, entre otros, ha probado que la azurita era conocida y apreciada en el actual noroeste argentino en tiempos prehispánicos. Encontró cuentas del mineral, de un espléndido color azul, en un enterratorio del 900 dC., en Casabindo. Es sabido que esa azurita se extraía, desde esa época hasta el siglo XVI, del cerro Sapo, en el departamento de Cochabamba, en Bolivia, o bien de yacimientos de cobre en la puna de Atacama. Pinelo registró una mina de la cual se obtenía, aún a mediados del siglo XVII, polvo azul para pintares, situada en la provincia de los Chichas, por donde confino con la de Atacama cerca del pueblo de Cazpana, que es mina que labraran los incas, aunque ya se soca poco par estar muy hondo. Si se recuerda que en Caspana, en la región del alto río Loa, al noreste de la localidad chilena de San Pedro de Atacama, hay pintura rupestre con rastros de azurita, se puede considerar muy probable que el yacimiento descripto por León Pinelo fuera de ese mineral. Por otra parte, como el cronista anunciaba el agotamiento de las vetas accesibles, cabría deducir que la azurita escaseó a partir de mediados del siglo XVII, lo cual se compadece con la excepcionalidad de su aparición en la pintura puneña colonial que trata esta nota. Pinelo también escribió acerca de un polvo azul que provenía principalmente de La Española, esto es, la actual Santo Domingo, en el Caribe, lo cual refuerza la idea de que se estaba refiriendo a la azurita, pues Francisco Pacheco habló largamente del azul de Santo Domingo, que los pintores españoles usaban en lugar del ultramar o lapislázuli, muy raro y muy caro. Todo indicaría que ese pigmento coincidía con el que Carducho y Palomino llamaron azul de cenizas de Sevilla o cenizas azules, que hoy identificamos como azurita (al contrario de lo que afirmó el mexicano Carrillo y Gariel en 1946 -Técnica de la pintura de Nueva España. Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM, México-, quien consideró que el azul de Santo Domingo era añil). |
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El smalte fue hallado en los siguientes cuadros:
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Fig 5 |
Fig 6 |
Fig 7 |
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