Volumen 5 - Nš35 - 1996 |
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Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
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ARTICULO Centrales Nucleares |
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| El riesgo que implican las centrales nucleares y la manera de evaluarlo |
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Central Nuclear de Atucha |
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Modernamente, la electricidad es la forma más
utiIizada de energía. Se produce, sobre todo, mediante generadores impulsados por
turbinas hidráulicas o turbinas de vapor, máquinas que convierten la
fuerza viva de un fluido en movimiento de rotación: las hidráulicas utilizan la energía
potencial del agua acumulada en embalses; las de vapor la fuerza expansiva de este,
originada en la combustión de substancias fósiles o en reacciones nucleares. Tanto la
producción de electricidad como la de substancias químicas y otras actividades
industriales se realizan, por lo general, en gran escala y requieren la aplicación de
procesos tecnológicos complejos, cuyo desarrollo se vio acompañado por un potencial
creciente para provocar daños severos -y, a veces, persistentes- a las personas y al
ambiente; este potencial se ha denominado riesgo tecnológico. La Tabla I muestra los
accidentes tecnológicos más relevantes ocurridos en lo que va del siglo y sus
respectivas consecuencias.
La necesidad de comprender los mecanismos implícitos en el riesgo tecnológico y de establecer normas para su control, así como de mItIgar los efectos más adversos de los accidentes, llevó a la creación de una disciplina llamada análisis de riesgo, o evaluación probabilística de seguridad (EPS) en el caso particular de las centrales nucleares. La primera estimación de las consecuencias nocivas de emisiones radiactivas accidentales -el accidente por antonomasia en una central nuclear- data de 1957 y fue publicada en los EE.UU., por la Nucleur Regulatory Commission, con el título: Treoretical Possibilities and Consequences of Major Accidents in Large Nucleur Power Plants (WASH 740). En 1967, en el Reino Unido, FR. Farmer propuso determinar valores maximos aceptables del riesgo que puede correr el público debido a eventuales accidentes en reactores nucleares (técnicamente, establecer una línea limite en un diagrama probabilidades consecuencias). En 1975, el mencionado ente norteamericano dio a conocer el informe del profesor del Massachusetts Institute of Technology, H.C. Rasmussen, Reactor Safety Study: An Assessment of Accidental Risks in U.S. Commercial Nuclear Power Plants (WASH 1400), primer estudio del riesgo de posibles daños en el núcleo de reactores nucleares, precursor de muchos de los métodos de análisis empleados actualmente en la EPS. Algunos años después, en 1981 se publicó en la República Federal Alemana un estudio similar al estadounidense, aplicado a las centrales nucleares de ese país. La autoridad regulatoria argentina fue la primera en adoptar en la década de los 70, un criterio probabilístico de seguridad como parte del proceso de licenciamiento de instalaciones nucleares. Este se inspira en la concepción probabilística del riesgo rodiológico (o riesgo de las radiaciones, para la salud) y en el principio de limitación de dosis usada en la protección radiológica. Los accidentes ocurridos en Three Hile Island (1979) y Chernobyl (1986) dirigieron la atención del público y de autoridades a la seguridad de las centrales nucleares y renovaron el interés por estudios sobre el tema. Desde entonces, se realizaron, y se continúa haciéndolo, numerosas EPS de centrales nucleares en todas partes del mundo, incluso la Argentina, donde actualmente se elabora una de Atucha I. |
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